La cuestión irresoluble de cada mercado: ¿cuánto vale un pick?

La cuestión irresoluble de cada mercado: ¿cuánto vale un pick?

-Está bien, hablemos de sobornos. Pueden elegir entre la lavadora o la secadora que les muestra el atractivo Smithers, o pueden cambiar ambas cosas por lo que hay en esta caja. -La caja, la caja. Vaya por delante que no tengo la respuesta para la pregunta del titular. Me encantaría terminar este artículo con una bombástica enunciación de mi fórmula maestra por la cual determinase que el valor de un pick se calcula multiplicando su posición esperada en la primera ronda por el coeficiente de calidad de dicha generación del Draft y dividiendo ese valor entre los años que faltan para poder usarlo y la constante de Planck.

Pero no va a ser el caso. No, este artículo es más bien el equivalente a esa persona que levanta la mano al final de una ponencia para enunciar que más que una pregunta lo que tiene es una reflexión. Pero si no tengo respuesta no es porque no la haya buscado sino porque, como dice también el titular, no la hay. Los picks son, conceptualmente, un método de pago muy extraño.

Son capaces de no valer nada y de ser increíblemente valiosos a la vez. Pero son, al fin y al cabo, el elemento que mantiene vivo el mercado de traspasos de la NBA . Esa especie de moneda que los equipos envían de un lado a otro o atesoran y que es la que hace posible que los jugadores se muevan. Y son, por ende, lo primero en lo que muchos se fijan a la hora de evaluar un movimiento. «Han dado solo un pick «, «este jugador vale como mínimo tres picks «, «¿en serio han pagado cinco picks por él?»… De alguna manera, han fagocitado el discurso alrededor del mercado en los últimos años, y todo se juzga en base a la cantidad de rondas enviadas o recibidas en cada traspaso.

Y aunque todos podemos decidir de forma más o menos intuitiva cuándo se ha pagado mucho y cuándo poco, hay factores que hacen que sea imposible hablar de su valor en términos generales. La paradoja del pick Decía antes que un pick puede no valer nada y ser muy valioso a la vez, y creo que es una frase que requiere explicación. Para empezar, puede no valer nada porque un pick es, en sí mismo, una promesa sin garantías. Es la idea de un jugador, un jugador que todavía no tiene forma y que está flotando en el éter a la espera de ser bajado a tierra.

Y que cuando lo hace, es muchas veces menos valioso de lo que era antes de tener cara, nombre y apellidos. Esto lleva muchas veces a la paradójica situación en que una franquicia traspasa a uno de sus hombres a cambio de una primera ronda, una primera ronda con la que espera poder seleccionar en el futuro a otro jugador que, con suerte, será tan bueno como el jugador al que traspasó en primer lugar. Ya que hemos empezado el artículo con una cita de Los Simpson, podemos seguir con una de Los Simpson Clippers y recordar aquel episodio de Padre de Familia en que se da a Peter Griffin a elegir entre un barco o una caja misteriosa. Y claro, un barco es solo un barco, pero la caja misteriosa puede ser cualquier cosa. ¡Hasta puede ser un barco!

Y él siempre ha querido un barco. Así que, por supuesto, elige la caja, en la que hay un pick de primera ronda. ¿Pero no habíamos dicho también que un pick puede ser enormemente valioso? Sí, y es un valor que es producto de su característica más interesante: lo limitados que son. Un pick puede ser puro humo, una especulación sin ninguna garantía, James Wiseman… Lo que sea.

Pero el hecho de poder traspasar tan pocos hace que cada operación en la que se incluye uno deba ser estudiada con extremada cautela. Y es eso lo que genera tantos quebraderos de cabeza. Y es que incluso el elemento más insustancial puede multiplicar su valor cuando empieza a hacerse más exclusivo. Por eso los supermercados tiran comida en buen estado y por eso hay pilotos que firman voluntariamente con Aston Martin.

Tal vez la lógica invite a pensar que, si quieres competir ahora, siempre es rentable traspasar un pick a cambio de un jugador de rendimiento inmediato, pero el hecho de que esa decisión solo pueda tomarse un número muy restringido de veces obliga a elegir muy bien cuándo tomarla y cuándo no. Así, los ejecutivos de la liga tienen que convivir con esta dualidad. En su hombro izquierdo, una figura les susurra que entreguen los picks que hagan falta, que no tiene sentido conservarlos para que en dos años les salga un Dragan Bender; en el derecho, otra figura les recuerda que más les vale ser cautos, o de lo contrario habrán desperdiciado uno de los pocos recursos que tenían para mejorar la plantilla y se habrán condenado a no poder hacer otro gran movimiento hasta dentro de un par de años. Una dualidad que, a partir de ahora, se vuelve incluso más compleja.

Un nuevo paradigma… o no Traspasar picks ha tenido siempre un cierto componente especulativo, una especulación que hasta ahora podía ser relativamente controlada. Si alguien te ofrecía la primera ronda de una determinada franquicia a tres años vista, podías analizar el estado de su proyecto, suponer en qué punto iba a estar cuando ese pick pudiese utilizarse, y estimar de forma razonablemente precisa en torno a qué altura del Draft podrías elegir en caso de aceptar la oferta. Sin embargo, a partir de esta próxima temporada se estrena un nuevo formato del Draft que pone todo patas arriba. De repente, recibir el pick de un equipo que juega play-in es casi igual que recibir el del último clasificado, obligando a los general manager a recalibrar su concepción sobre determinadas primeras rondas e incluso afectando potencialmente al valor de rondas que ya han sido traspasadas hace años.

Y lo peor es que eso no es todo. Porque este es un formato que está en algo así como un periodo de prueba hasta el año 2029, a partir del cual hay un abismo. ¿Pequeños ajuste? ¿Mismo modelo? ¿Cambio radical? Ni idea. Ahora mismo es imposible determinar cómo funcionará la lotería del Draft en la siguiente década a pesar de que ya pueden traspasarse los picks de hasta el año 2033.

La cuestión es que, pese a todo, la incidencia de esta incertidumbre en el mercado está siendo nula. Las primeras rondas van y vienen como siempre lo han hecho porque de un tiempo para acá lo único que importa es que el tweet de Shams diga que has recibido tres en vez de dos para poder venderle a tus aficionados un 50% más de ilusión. Además, qué más da cuáles sean si lo más probable es que alguna de ellas acabe traspasada otra vez para que la rueda nunca deje de girar. Al final, lo fascinante del mercado NBA es eso.

Está fundamentado en una especie de delirio colectivo sostenido por la ley de la caja misteriosa y en el cual los equipos aceptan picks no necesariamente para usarlos sino por su abstracto e indescifrable valor, un valor que les permitirá volver a traspasarlos dentro de unos tantos años a otro equipo que a lo mejor tampoco los quiere usar. Y claro, cómo le asignas un valor a eso. Quizás en el fondo el valor de un pick sean los amigos que hicimos en el camino. (Fotografía de portada: Brad Penner-Imagn Images)