La URSS intentó convertir los westerns americanos en propaganda comunista. 60 años después, Polonia es la capital del Salvaje Oeste

La URSS intentó convertir los westerns americanos en propaganda comunista. 60 años después, Polonia es la capital del Salvaje Oeste

El aparato propagandístico ruso de mediados del S.XX podía ser muchas cosas, pero si hay algo de lo que no se le podía acusar era de falta de versatilidad. Los censores y Comisarios soviéticos miraban con lupa todo lo que llegaba de fuera de sus fronteras, y muy pocos productos de cultura popular pudieron pasar el filtro sin problemas. Y luego estaba el éxito que tuvo Los Siete Magníficos y que la población quería ver aunque no pasase el corte de la censura. Durante años el film se convirtió en un fenómeno de masas pese a que, oficialmente, fuera clasificado como propaganda imperialista.

Sin embargo, el Partido reconoció el potencial que tenía, y de esa forma nacía lo que podríamos llamar el "anti western" del bloque comunista de Europa en los 60: el Ostern o "Western Rojo". Una inversión de roles en los westerns En la Unión Soviética, el western se consideraba un género “reaccionario que ensalzaba el exterminio de los indios pobres por parte de los colonialistas blancos”, y durante los cuarenta años de comunismo posteriores a 1950 muy pocos westerns estadounidenses llegaron a distribuirse en el país, y aunque Los Siete Magnificos no fuese uno de ellos, consiguieron -literalmente- desbordar el sistema. Lo que hizo el aparato cultural soviético fue tan pragmático como revelador: se dio luz verde a que los cineastas soviéticos produjeran los suyos propios, pero con una serie de condiciones. Aparte del nombre oficial del género (Ostern, contracción de Ost, y western), la clave estuvo en invertir los roles tradicionales de los westerns.

En estos films los nativos americanos eran los héroes, y el ejército estadounidense el villano. Se trasladó la estética del Oeste a las estepas de Asia Central, y se identificaba a bolcheviques como pistoleros solitarios, con films como Los hijos del Gran Oso. Tal fue la popularidad del género dentro y fuera de las fronteras de la U.R.S.S. que no pasó mucho tiempo hasta que países de los Balcanes o la RDA de Alemania comenzaron a hacer sus propias películas, pero lo interesante no es solo que la URSS copiara un género "enemigo" para neutralizarlo, sino que sesenta años -con el bloque comunista europeo ya fuera de la mayoría de gobiernos- el proceso se invirtiese de forma que sean los estudios de Europa del Este los que produzcan westerns para Occidente, sin intervención ideológica de ningún Estado, simplemente porque el mercado se lo permite, y con Polonia como una de las "mecas" de este tipo de cine en el viejo continente. A día de hoy, el western polaco es una apropiación comercial aunque ya no tiene aquella connotación propagandística tan marcada, simplemente Varsovia participa en la concepción de estos "mitos americanos" para devolverlos al mundo sin que a nadie en Polonia le importe demasiado quién es el héroe y quién el villano.

Pero no es la única "tradición" que ha sobrevivido de un género que se creo para hacer contracultura de occidente. Otro film, White Sun of the Desert, (de 1969), adquirió tal estado de culto que los cosmonautas rusos, desde las misiones Soyuz de 1972 y hasta la actualidad, lo ven la noche anterior al despegue de una misión tripulada al espacio como ritual que da buena suerte.