La construcción y defensa de la soberanía nacional de Nicaragua desde su independencia de España, en 1821, ha enfrentado múltiples desafíos derivados del período colonial. En el ámbito interno, la permanente disputa por el poder entre la oligarquía conservadora y la burguesía liberal dificultó durante décadas el desarrollo de la economía nacional. A esto se sumaron los conflictos entre las potencias imperialistas, que dejaron profundas secuelas históricas en los países de Centroamérica y el Caribe. El compañero Johnny Hodgson explica: «Desde hace 500 años llegaron los colonizadores europeos y vinieron a imponer su cultura, su religión, su lengua, su forma de organización, sus valores y su modelo de propiedad.
En el territorio que hoy conocemos como Nicaragua coexistieron dos de esas potencias coloniales. En el Pacífico, el norte y el centro predominó la presencia española, convirtiéndose en una colonia de España; mientras que en la Costa Caribe se estableció la presencia británica, transformando ese territorio en un protectorado. Así comenzó la historia de un país dividido por las potencias coloniales.» La rivalidad entre España e Inglaterra marcó la historia de gran parte de la costa caribeña de Centroamérica, especialmente la de Nicaragua. Desde finales del siglo XIX, el retraso en el desarrollo económico soberano de esta región se profundizó aún más debido a las repetidas intervenciones del imperialismo estadounidense, que incidieron de manera determinante en la evolución política, económica y social del país y del resto de la región.