La nueva peli del hombre lobo se ve genial pero rara, la culpa es de la luz roja

La nueva peli del hombre lobo se ve genial pero rara, la culpa es de la luz roja

Ya tenemos el primer tráiler de Werwulf recién publicado y, si lo has visto, seguramente te ha pasado lo mismo que a medio internet: las imágenes son preciosas y, a la vez, algo no termina de encajar. Toda la gente parece enferma, todo parece iluminado por la luz de la luna, la sangre tira más a negro que a rojo. No es un fallo de tu pantalla ni una manía de Robert Eggers por volverte loco. Bueno, a lo mejor eso un poco sí.

Pero en realidad es una decisión técnica con nombre antiguo y rimbombante, la ortocromatía, una técnica fotográfica que explica buena parte de por qué este hombre lobo medieval se ve como se ve. La emulsión ortocromática es una película en blanco y negro sensible a la luz ultravioleta, azul, verde y amarilla, pero completamente ciega al rojo. Eso significa que todo lo que tira a rojo se registra oscuro, casi negro, y el color de la piel humana lleva mucho componente rojo dentro. Con ortocromatía los rostros salen pálidos y manchados, cada imperfección se marca, los labios se ensombrecen, la sangre parece tinta y los ojos claros quedan casi fantasmales.

No es un efecto inventado para la ocasión, sino el aspecto que tenían la fotografía y el cine antes de que la película pancromática se impusiera en los años veinte, cuando los actores mudos se pintaban la cara de formas extrañas para compensar lo que aquella emulsión hacía con sus rasgos. Por qué merece la pena complicarse así la vida Para una historia de terror, ese rostro que no termina de encajar es justo lo que interesa. La cara enferma, esa textura que parece sacada de un daguerrotipo, la sensación de estar mirando algo muy viejo trabajan a favor de la propuesta artística de Eggers antes de que al prota, Aaron Taylor-Johnson, empiece a salir pelo en la espalda y a crecerle los colmillos. Eggers ha contado en una interesante entrevista con Esquire que el grano aporta algo arcaico y ensucia la imagen a propósito, hasta el punto de querer que casi se huela el barro de aquel mundo.

Tiene sentido viniendo de alguien que ya convirtió la documentación obsesiva en marca de la casa, como cuando reconstruyó la cultura vikinga en The Northman. ¿Por qué iba un director a complicarse tanto la vida para que su película parezca rodada hace un siglo? Porque para Eggers esa incomodidad no es un defecto, es el viaje en el tiempo que justifica la película. ¿Por qué iba un director a complicarse tanto la vida para que su película parezca rodada hace un siglo? Porque para Eggers esa incomodidad no es un defecto, es el viaje en el tiempo que justifica la película Eggers quería rodar Werwulf directamente en blanco y negro, pero terminó descartando la idea. Según explica en una entrevista con Empire, la película está rodada en color sobre 35mm, muy desaturada, y el aspecto ortocromático se ha logrado con un tratamiento posterior pensado para destrozar los tonos de piel, no rodando sobre una emulsión ortocromática real.

Por encima de eso, él y su director de fotografía de confianza, Jarin Blaschke, dieron con la manera de injertar la textura del grano del blanco y negro sobre la imagen en color manipulada. El resultado es espectacular pero raro: tienes el aspecto antiguo de la película ortocromática sin apenas rojo sin renunciar del todo a estar viendo color. Blaschke ha estado detrás de la cámara en todas las películas de Eggers, y esa obsesión por que cada plano parezca un cuadro venía ya de antes, igual que el gusto por la imagen monocroma que asomó en El Faro. Lo de ahora es un paso más, porque en lugar de elegir entre color o blanco y negro han fabricado un híbrido que se queda incómodamente a medio camino.

Los que disteis con El Faro en cines recordaréis esa textura áspera, de fotografía antigua; Werwulf coge ese mismo impulso y lo lleva a un mundo todavía más sucio, muy cercano a The Witch. El resultado, a juzgar por lo que se ha visto, parece tan bonito como deliberadamente incómodo. Una Inglaterra sin nombres y con un perro El mundo al que nos quiere trasladar esta película encaja con lo que se intuía desde que Eggers anunció que cambiaba los vampiros por los hombres lobo. La acción transcurre en una Inglaterra medieval brutal, los diálogos están en un inglés arcaico escritos con la ayuda de dos profesores de Oxford, y hay un detalle que dice mucho del tono: ninguno de los personajes tiene nombre, salvo el perro.

Aaron Taylor-Johnson aparece acreditado sencillamente como Hombre, con Lily-Rose Depp como su esposa y Willem Dafoe y Ralph Ineson completando el reparto. Que el folclore de hombres lobo inglés sea más bien escaso tiene además una explicación poco mágica, porque en Inglaterra se exterminó a los lobos para proteger el negocio de la lana, y se hizo con bastante eficacia. Por eso el director tuvo que tirar de la Europa continental y de textos antiguos para reconstruir el mito. Y ya que hablamos de mitos, va un dato curioso.

Se repite a menudo que la conexión entre la luna llena y el hombre lobo se la inventó el cine, pero Eggers asegura haber encontrado un texto inglés, más viejo todavía que la época en la que ambienta la película, que ya ataba la transformación al ciclo lunar. Hasta la luna, en su caso, viene documentada. Werwulf ya tiene tráiler y llega a los cines el 25 de diciembre. Es el mismo día de Navidad que escogió para Nosferatu, no sé si ya por costumbre o por sentido del humor. ¿Y tú qué opinas? ¿Eres tan fan de eggers como yo? ¿Tienes ganas de ver Wewulf?

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