Caminar por Trinidad es pisar la historia. No es una metáfora, pues bajo los pies del viajero, las famosas piedras de río que adoquinan sus calles cuentan una historia de siglos, convirtiéndose en un atractivo turístico tan esencial como sus palacetes coloniales o su música. Estas piedras, conocidas popularmente como Chinas pelonas, son el símbolo por excelencia de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. El origen de estos adoquines es tan fascinante como la ciudad misma.
Según cuenta la tradición local, llegaron a la isla como lastre en los navíos procedentes del Viejo Mundo durante la época colonial. Viajaron en las bodegas de los barcos que traían mercancías y, una vez vacíos, las piedras eran sembradas en los antiguos trillos de la próspera villa, contribuyendo a conformar su peculiar trazado urbano. No es casualidad que también se encuentren losas originarias de Bremen (Alemania) en algunas de las casas más antiguas, traídas de la misma manera. Hoy en día, estas calles empedradas son uno de los principales reclamos para el turismo.
La ciudad, que fue declarada Monumento Nacional y Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 1988, se convirtió en un destino de obligada visita para los viajeros. Permite la urbe experimentar la Cuba colonial más auténtica. El propio museólogo e historiador de la urbe, Víctor Echenagusía, destaca que la conjunción de historia, tradiciones y arquitectura, incluyendo sus calles, convierten a Trinidad en un destino de altísimo valor. Los turistas se adentran en un ambiente congelado en el tiempo, admirando las coloridas fachadas de las casas coloniales que contrastan con el empedrado gris.
Para muchos, caminar por ellas es un viaje al pasado, y como confiesa el visitante mexicano Ramón Aguirre, Me encanta caminar por estas calles empedradas… Hay una simbiosis entre lo antiguo y lo moderno; se percibe también un fuerte sentimiento de arraigo en las personas. Este arraigo se refleja en el orgullo de los trinitarios, quienes saben preservar este legado, reconociendo que es la defensa de su cultura y su pasado lo que atrae al mundo entero. Las Chinas pelonas no son solo piedras; son el cimiento sobre el que descansa la magia turística de Trinidad. mem/rfc