Gabriel Martinelli evitó que Kaishu Sano se convirtiera en héroe del partido con el titular que arrastra el japonés desde hace dos años: de la cárcel al Mundial. El delantero fue acusado en Tokio de agresión sexual pero un pacto previo al juicio con la víctima le salvo de seguir en prisión. Sano había marcado el gol de la selección japonesa pero tenía que aparecer otro perfil de héroe, un chico extremadamente educado, buen compañero y excelente futbolista. Ancelotti quiso que entrase el delantero del Arsenal en el 65’ por Matheus Cunha, confiado el entrenador italiano que su toque mágico de jugador de fútbol sala salvaría a Brasil.
Y así lo hizo. Conserva Martinelli toda la clase de los remates en espacios pequeños y el golpeo seco de sus inicios en campos pequeños, de futsal. Siempre animando de niño al Corinthians con el que soñaba jugar. Pero sus padres se jubilaron y decidieron marcharse a vivir a una ciudad más tranquila que Sao Paulo así que empezó a jugar en el Ituano.
Era tan bueno, tan habilidoso, tan inteligente, que debutó con 16 años y se lo llevaban a jugarla ‘copinha’ donde los ojeadores descubrieron su talento. Con 17 años estuvo en La Masia pasando una pruebas, quince días en los que convivió con Ansu Fati, que habla portugués, y que le ayudó muchísimo a integrarse y a intentar entender el juego del Barça. Pero nadie le dijo nada y regresó a Brasil. Había disfrutado, pensaba que esa forma de tratar el balón tenía mucho que ver con su fútbol.
En casa le esperaban los emisarios del Arsenal que prepararon un hoja de ruta que gustó mucho a sus padres, preocupados más por la educación de Gabriel que por el fútbol. Pagaron los gunners 6 millones de dólares por él. Nunca ha dejado el Arsenal. Está feliz en Londres, con una vida tranquila.
Con doble nacionalidad ítalo-brasileña, el delantero ha encontrado en Ancelotti un técnico que le entiende y le da confianza, aunque entre desde el banquillo. Ha logrado el italiano que los jugadores dividan el partido en cuatro partes y que se sientan igual de importantes los que salen de inicio que los que están en el once titular. Ancelotti ya gana con Brasil como lo hacía con el Real Madrid. Tal es la simbiosis con el estilo de juego blanco que nadie baja los brazos en los últimos minutos.
De eso se encargan los jugadores que conocen bien al entrenador. Hablan de su ‘flor’, de como es capaz Ancelotti de contagiar su buena suerte y ese espíritu competitivo que le ha llevado a ser un coleccionista de títulos. La CBF firmó a Carletto sabiendo que su fútbol tenía poco que ver culturalmente con el ‘jogo bonito’ brasileiro pero que haría competitiva a Brasil, que ganó su última estrella en el Mundial del 2002. En el banquillo se quedó Neymar.
No era un partido para el ‘10’ de la selección brasileña que necesita tiempo para ser el que nos enamoró con su fútbol.