Hay nombres tan presentes en la historia de Hollywood ya no necesitan presentación: te basta el entrecejo fruncido para saber de quién hablamos. El de Clint Eastwood es uno de ellos, puede que el que más, el entrecejo fruncido más conocido de la historia del cine. Y todas als grandes historias comienzan por algún sitio, y en el caso de Clint es curioso que uno de sus primeros grandes momentos en pantalla lo interpretara con la cara tapada por una máscara de oxígeno, metido en la cabina de un caza y sin que su nombre llegara siquiera a los créditos. La película es Tarantula (1955), un clásico del cine de bichos gigantes que es muy posible que no hayas visto todavía (pero que puedes ver hoy mismo en Filmin).
Y para verle tienes que esperar casi hasta el mismísimo final, cuando aparece la caballería del aire a salvar al pueblito de turno del más arácnido de los horrores gigantes. Cuando nadie sabía que iba a ser una estrella En 1955, Eastwood era poco más que carne de contrato en Universal, uno de esos chavales a los que el estudio fichaba baratos y se plantaba donde hiciera falta rellenar un plano. Ese mismo año había debutado a las órdenes de Jack Arnold en La Venganza del Hombre Monstruo (Revenge of the Creature), secuela de La mujer y el monstruo, la legendaria Creature from the Black Lagoon, dando vida a un técnico de laboratorio que se pasa su única escena buscando una rata. Lo de Tarantula vino después, otra vez con Arnold detrás de la cámara y otra vez sin un mísero crédito a su nombre al final de la peli y de hecho, el estudio le rescindió el contrato pocos meses después.
El estudio le rescindió el contrato pocos meses después El papel en sí es minúsculo y dura un suspiro, pero no es un figurante cualquiera. Eastwood hace del líder del escuadrón de cazas que el ejército manda para frenar a la araña antes de que alcance el pueblo, y es él quien da la orden de soltar el napalm que incendia al bicho desde el aire. El actor que años después levantaría toda su leyenda a base de primeros planos, de miradas torvas que valían por un diálogo entero, arranca su carrera de acción por lo más bajo. Un clásico monstruoso Tarantula sigue siendo una de las grandes películas del cine de monstruos norteamericanos de los años 50.
Jack Arnold aprovecha los paisajes desérticos para crear una atmósfera inquietante y recurre a una tarántula real ampliada mediante efectos artesanales, un recurso que todavía resulta sorprendentemente convincente y que ha llenado el cine de género de todo tipo de bichos, de hormigas a conejos mutantes. Además, la cinta se desmarca de otras producciones de la época al presentar un monstruo nacido de un experimento científico destinado a combatir el hambre, convirtiendo el progreso mal encaminado, y no la amenaza nuclear de siempre al estilo Godzilla. Hoy la película también despierta interés por un motivo muy distinto: un joven Clint Eastwood en uno de sus primeros papeles. Su breve intervención adquiere un valor especial al verla con perspectiva, ya que anticipa el comienzo de la carrera de una de las mayores leyendas del cine, un actor que terminaría construyendo su mito precisamente a través de la contención, el silencio y una presencia que aquí apenas llega a insinuarse. ¿Y tú qué opinas? ¿Has visto Tarántula? ¿Conoces las peli de Clint Eastwood anteriores a sus populares pelis del oeste?
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