Saltaron las alarmas varias veces en el All England Club. Se temió por la suerte del vigente campeón, el italiano Jannik Sinner. Muchos echaron mano del historial para comprobar que sólo dos tenistas cedieron a la primera en su vuelta a Wimbledon para defender la corona. Había sucedido con el español Manolo Santana (1967) y el australiano Lleyton Hewitt (2003).
Esquivó entrar en esta corta lista el número uno mundial, que aterrizó en Londres con el único rodaje de un partido de exhibición en hierba, después de su desastre en segunda ronda de Roland Garros ante el argentino Juan Manuel Cerúndolo, cuando fue víctima de una 'pájara' física y mental cuando sacó con 5-1 para partido. Sigue accidentada la vida deportiva de Sinner, muy lejos de mantener en funcionamiento su afamada máquina de tenis constante, de riegos mínimos bien calculados. Volvió a sufrir en una pista de tenis, condenado a remontar, a irse a un quinto set. No suele ser una buena señal para él, que había perdido 8 de sus últimos nueve encuentros agotando la quinta manga.
Pese a una fea caída en el tercer set, que hizo temer incluso por una lesión que provocase la retirada, de que tuvo alguna herida en el pie derecho, ya que empapó parte de su zapatilla con sangre, y de la resistencia de un brillante rival, Sinner sobrevivió. Respondió en el quinto y definitivo set, en el que desarrolló su mejor tenis, para vencer al serbio Miomir Kecmanovic, 26 años y nº 50, por 4-6, 6-3, 6-7(6), 6-2 y 6-3 en 3h.29'. Cumplió el objetivo básico, y estará en la segunda ronda, el miércoles, contra el portugués Nuno Borges, que eliminó al estadounidense Tristan Boyer por 6-3, 7-5 y 7-5.