Bloomberg — Los bonos venezolanos se desploman mientras los inversionistas incorporan a sus proyecciones, un panorama financiero más sombrío, después de que dos devastadores terremotos se sumaran a los desafíos de una amplia reestructuración de deuda. La mayoría de los bonos soberanos en incumplimiento y los emitidos por la estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA) acumulan pérdidas superiores al 10% desde que el proceso de reestructuración se puso en marcha a mediados de mayo, en una ola de ventas que se aceleró tras el desastre de la semana pasada. Mientras los equipos de rescate siguen buscando sobrevivientes tras los dos sismos consecutivos que han dejado más de 1.700 muertos y miles de damnificados, la atención también comienza a centrarse en el costo económico. Según las primeras estimaciones, los daños directos ascenderían a alrededor de US$6.700 millones, lo que añade presión a una economía ya debilitada por años de crisis.
La tragedia también amenaza con retrasar el análisis de sostenibilidad de la deuda, inicialmente previsto para junio, que definirá el marco para la reestructuración de los bonos, préstamos, sentencias judiciales y otras obligaciones de Venezuela. Elaborado por el gobierno junto con su asesor financiero, Centerview Partners, el informe ya generaba inquietud entre los inversionistas incluso antes del desastre. “El mercado está nervioso por el análisis de sostenibilidad de la deuda”, señaló David Austerweil, subgerente de cartera de VanEck. “El gobierno pedirá una gran condonación de deuda y espero mucho más potencial de caída”. Los inversionistas temen que el análisis refleje un panorama económico más débil y plantee una reducción de deuda más profunda, disminuyendo el valor de recuperación de los acreedores. Wall Street estima que las obligaciones de Venezuela oscilan entre US$150.000 millones y US$200.000 millones.
Un artículo publicado la semana pasada por el Financial Times sugería que, según el análisis, la cifra total podría ascender a US$240.000 millones mientras que el producto interno bruto se estimaba en unos US$100.000 millones. Según estrategas de Citigroup Inc (C), estas cifras implicarían que Venezuela necesitaría aplicar una quita de deuda mayor a la prevista para llevar sus obligaciones a niveles sostenibles. Un volumen de deuda de US$240.000 millones implicaría “valores de recuperación aproximadamente entre un 30% y un 35% inferiores a los precios actuales del mercado, según nuestra metodología de valoración”, según el informe de Donato Guarino junto al equipo de analistas. Los bonos soberanos más líquidos, con vencimiento en 2027, han caído hasta alrededor de 48 centavos por dólar desde el máximo de 56 centavos alcanzado el 13 de mayo, cuando se anunció la reestructuración, según datos recopilados por Bloomberg.
Sin embargo, los tenedores de bonos probablemente cuestionarán tanto la magnitud de la deuda como los supuestos macroeconómicos utilizados en el análisis, señalaron estrategas de Citi. Se espera que los acreedores sostengan que la capacidad de pago de Venezuela mejorará a medida que aumenten la producción petrolera y la actividad económica. “Es poco probable que el mercado descuente completamente ese escenario, ya que sería apenas el punto de partida de la negociación”, escribió Simon Waever, de Morgan Stanley (MS), en comentarios enviados a clientes. Un representante del gobierno, que ha estado encabezado por la presidenta interina Delcy Rodríguez tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero, no respondió a las solicitudes de comentarios. Centerview, firma de asesoría financiera con sede en Nueva York, declinó hacer declaraciones.
El gobierno de Rodríguez ha manifestado su intención de completar la reestructuración durante este año. Esa perspectiva desencadenó uno de los mayores repuntes del mercado mundial de bonos, con ganancias cercanas al 70% para los títulos soberanos, según datos recopilados por Bloomberg. Terremotos Es probable que los trabajos vinculados a la reestructuración, incluido el análisis de sostenibilidad de la deuda, se retrasen tras los sismos que causaron graves daños, principalmente al oeste de Caracas. “Se esperaba que el análisis de sostenibilidad de la deuda se publicara el próximo mes, pero es probable que los terremotos provoquen retrasos mientras se evalúa su impacto”, señaló Fernando Losada, director gerente de Oppenheimer & Co. Una evaluación preliminar de las Naciones Unidas estimó los daños directos en US$6.700 millones, mientras que las pérdidas totales podrían ser hasta tres veces superiores.
El impacto de la tragedia probablemente se reflejará en cualquier estimación sobre la capacidad futura de recuperación económica. Cuando finalmente se publique, el análisis elaborado por Centerview ofrecerá una de las primeras radiografías de las finanzas públicas y de la verdadera capacidad de pago del país después de años de escasa transparencia oficial. Las autoridades aún trabajan en la conciliación de obligaciones con un amplio grupo de acreedores. “Sin cifras de deuda totalmente conciliadas mediante auditorías independientes, algo altamente improbable en un plazo tan corto, el punto de partida de esta variable clave probablemente será cuestionado”, escribió Javier Kulesz, estratega de Jefferies. El proceso también se ha visto dificultado por la ausencia de una evaluación reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Las conversaciones entre funcionarios venezolanos y el organismo se han centrado hasta ahora en definir una hoja de ruta hacia una consulta del Artículo IV, la revisión periódica que el FMI realiza sobre las economías de sus países miembros. Venezuela no se somete a ese proceso desde 2004. Julie Kozack, portavoz del Fondo, declaró la semana pasada a la prensa que el organismo mantiene un estrecho contacto con las autoridades venezolanas tras los terremotos, aunque aclaró que no participa en el proceso de reestructuración de la deuda. El análisis técnico y las recomendaciones de política económica del Fondo han sido “una fuente de confianza” para otros países que utilizaron al FMI como ancla en sus procesos de reestructuración, explicó la funcionaria.
Más allá de la ausencia del FMI, algunos analistas también cuestionan si los funcionarios venezolanos que estuvieron al frente durante años de colapso económico, hiperinflación y escasa transparencia financiera pueden elaborar con credibilidad el principal análisis técnico de la reestructuración sin supervisión externa. “Se corren riesgos muy importantes al hacer esto fuera de un programa del FMI”, afirmó Matthew Graves, gestor de cartera de PPM America Inc. “Todos los que viven en un mundo de fantasía claramente no quieren que el FMI venga a despertarlos del sueño”. — Con la colaboración de Jorgelina Do Rosario Lea más en Bloomberg.com