Bloomberg Línea — La era de Abelardo De la Espriella como presidente de Colombia estará marcada por un gobierno con mandato popular pero sin mayoría aplastante, con agenda económica ambiciosa pero con restricciones reales, y con un discurso de campaña que la realidad política ya está obligando a moderar. Así lo indicaron en Sorbo Electoral Colombia de Bloomberg Línea la doctora en Ciencia Política y docente de la Universidad del Norte, Karol Solís, y el director de investigaciones económicas de BTG Pactual, Munir Jalil. El mercado votó antes que los colombianos Jalil explicó que en los días previos a la segunda vuelta, los títulos de deuda del gobierno se valorizaron, las acciones subieron y el peso colombiano (COP) se fortaleció frente al dólar. “Los mercados ya descontaban una victoria de De la Espriella. La reacción el día después fue más tibia: el dólar cayó unos COP$50 pesos en la apertura, pero los devolvió ese mismo día.
Lo mismo ocurrió con los TES”, explicó. Lo que evidenció dos tipos de inversionistas: los que entraron a especular con el rumor y salieron con la noticia, y los que apuestan por un horizonte más largo, esperando que los cambios fiscales del nuevo gobierno generen valorizaciones sostenidas. Esa distinción importa porque el gran reto económico no es de corto plazo. Colombia carga con un desequilibrio estructural entre ingresos y gastos que, según Jalil, “lleva años disparado” y que ningún gobierno ha atacado de verdad.
Los inversionistas extranjeros, que hoy tienen en su poder más del 20% de la deuda soberana del país, no esperan que De la Espriella cumpla la promesa de reducir el Estado en un 40%, una meta que el propio economista califica de “completamente irrealista”, pero sí quieren ver un intento genuino de corregir ese desbalance. La motosierra y sus límites La promesa de recortar el Estado a la mitad del tamaño que tiene, inspirada en el modelo de Javier Milei en Argentina, choca con una realidad técnica y política: reducir el tamaño de los Ministerios requiere autorización del Congreso, el ahorro en nómina es marginal frente al gasto total, y el propio presidente electo ya anunció que no solo mantendrá el gasto social sino que subirá el subsidio a adultos mayores de COP$240.000 a COP$400.000. En materia tributaria, Jalil anticipa que la reforma que viene no buscará recaudar más, sino reducir la tasa de impuesto corporativo del 35%, una de las más altas del mundo, y eliminar las sobretasas al sector financiero y petrolero. El problema es que el fisco necesita recursos, no menos ingresos.
Para el economista, la secuencia correcta sería mostrar primero recortes reales de gasto y luego plantear la reforma. Presentarla en los primeros 100 días, dice, “podría ser complejo”. Ver más: Iván Cepeda reconoce a Abelardo De la Espriella como nuevo presidente de Colombia Lo ideal sería que llegara en el primer semestre de 2027, aunque reconoce que las necesidades de caja podrían forzar tiempos distintos. El 2027 será, en su proyección, un año de sacrificio.
Si el ajuste se hace bien, 2028, 2029 y 2030 podrían ser buenos años. La relación con el BanRep y el giro de Ecopetrol Hay también una señal que Jalil valora sobre las demás: De la Espriella reconoció en su discurso de aceptación la autonomía constitucional del Banco de la República. Para el ejecutivo de BTG Pactual, esto no es un detalle menor. El episodio del gobierno Petro, cuando el ministro de Hacienda, Germán Ávila, se levantó de la Junta del banco central fue, en sus palabras, “un primer paso muy peligroso”.
Citó el ejemplo de Turquía, donde la pérdida de independencia del banco central provocó una depreciación del 47% y un alza de tres puntos en las tasas de interés. Sobre Ecopetrol (ECOPETL), Jalil es optimista. El mercado ya reaccionó positivamente al cambio de señales. La empresa pasó de ser ignorada en nombre de la transición energética, especificó, a ser vista como un activo estratégico que puede financiar, precisamente, esa transición.
Ganar con los nunca, pero gobernar con los de siempre Karol Solís, por su parte, situó el primer desafío político en una tensión que ya se hizo visible tras los resultados de la segunda vuelta: De la Espriella ganó con el slogan “somos los nunca”, pero gobernará con los de siempre. El Partido Conservador, Cambio Radical, el Partido de la U y una fracción del Liberal ya se alinean con el nuevo ejecutivo, explicó. “La paradoja más visible es que celebró ambas vueltas en Barranquilla, ciudad donde no ganó ninguna de las dos, porque tiene allí su aliado político más poderoso: la Casa Char, con dos décadas de hegemonía en la ciudad”. Para Solís, la gobernabilidad tiene dos dimensiones que conviene separar. La primera es legislativa: cómo tramitar el Presupuesto, el Plan Nacional de Desarrollo y las reformas a través del Congreso.
En ese terreno, la coalición que se perfila le da mayorías suficientes para avanzar, aunque a costa del discurso que lo llevó al poder. La segunda dimensión es ciudadana: Colombia es una democracia participativa, y la inconformidad de cerca de la mitad del electorado encontrará canales (movilizaciones, tutelas, mecanismos de participación) que el gobierno tendrá que aprender a gestionar. Lo que más inquieta a la politóloga no es la gobernabilidad en sentido técnico, sino el tono. El precedente de figuras de derecha radical en la región como Javier Milei o Donald Trump, no muestra una moderación una vez en el poder, sino todo lo contrario.
Señala que frases como “el tigre muerde y puede morder más duro”, dirigidas directamente a Petro y a Cepeda en el discurso de aceptación, no son señales de desescalamiento real. Las garantías que De la Espriella debe dar En sus peticiones concretas al gobierno entrante, Solís pone tres prioridades: garantías reales para el ejercicio de la oposición, protección de los derechos de mujeres y de la comunidad LGBTIQ+, y respeto por las instituciones. Sobre el primer punto, advierte que Colombia tiene el récord de haber elegido presidente con la diferencia más estrecha desde que existe la segunda vuelta, menos de un punto porcentual, por encima incluso de la victoria de Petro en 2022. Eso obliga a reconocer que hay un proyecto de país alternativo con millones de respaldo legítimo.
Sobre los derechos de las mujeres, recuerda que avances como la despenalización del aborto tienen protección constitucional, pero que esa protección no es inamovible: las democracias también retroceden vía cambios institucionales, y el discurso del nuevo gobierno en esa materia ha sido, en sus palabras, “muy violento”. Jalil, desde la economía, pide que Colombia recupere su norte. El país, dice, perdió en estos cuatro años la claridad sobre qué quiere ser. Chile sabe que es cobre.
Perú sabe que es cobre y oro. Brasil sabe que es todo. Colombia no sabe. “Volver al petróleo puede ser parte de la respuesta, desarrollar el potencial agroindustrial puede ser otra, pero la clave es elegir un camino y trabajarlo con consistencia”, explicó. El cuatrienio que comienza es, en síntesis, el de las cuentas por cobrar: las que dejó el gobierno anterior en materia fiscal, las que la ciudadanía le presentará a un presidente electo con mandato estrecho, y las que el propio De la Espriella tendrá que saldar con una retórica de campaña que ya choca, antes de posesionarse, con la realidad de gobernar un país profundamente dividido.