La historia empresarial valenciana acaba de cruzarse con una de las tecnologías más prometedoras de la próxima década. La familia Gómez-Trénor, conocida por su vínculo histórico con la banca, el comercio agrícola y el negocio de Coca-Cola en España, está detrás de una nueva apuesta industrial: una fábrica de chips fotónicos en Paterna, a pocos kilómetros de Valencia. El Gobierno español autorizó una inversión pública de 24,5 millones de euros en Attypics Photonics a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica , dentro del PERTE Chip. La operación se hará junto a Baladre Capital, la sociedad valenciana vinculada a Álvaro Gómez-Trénor, y ambas partes coinvertirán 50 millones de euros en una primera fase: el Estado tendrá el 49% y Baladre Capital el 51%.
Además, el proyecto contempla una segunda fase con otros 200 millones de euros. De la fortuna familiar a una fábrica de semiconductores El nombre Gómez-Trénor no aparece de la nada. La saga tiene raíces en Thomas Trenor Keating, un irlandés que llegó a Valencia en el siglo XIX y desarrolló negocios vinculados a la exportación, las finanzas y la importación de guano de Perú como fertilizante agrícola . Décadas después, otra rama familiar quedaría asociada al negocio de Coca-Cola en España: Juan Luis Gómez-Trénor fue una de las figuras clave de la embotelladora valenciana Colebega y del proceso que terminó integrando el negocio en Coca-Cola European Partners.
Ahora, el salto es muy distinto. Attypics Photonics nació en abril de 2026 a partir de MICRONANOFABS-NTC, una infraestructura científica y tecnológica singular de la Universidad Politécnica de Valencia con más de quince años de experiencia en fabricación de chips fotónicos. El objetivo es pasar del laboratorio a la fábrica, el famoso modelo “Lab-to-Fab”, cubriendo investigación, prototipado, integración y producción de circuitos integrados fotónicos. Estos chips no funcionan exactamente como los semiconductores electrónicos tradicionales.
En lugar de basarse solo en electrones, la fotónica integrada procesa y transmite información mediante luz. Esa diferencia puede permitir más ancho de banda, menor latencia y menor consumo energético, tres factores clave en centros de datos, telecomunicaciones, inteligencia artificial, defensa, salud, computación cuántica y aplicaciones aeroespaciales. España quiere que la fotónica no se quede solo en el laboratorio La primera fase de Attypics Photonics contempla 1.240 metros cuadrados de salas limpias y la creación de unos 100 empleos directos altamente cualificados. En su desarrollo completo, las instalaciones definitivas en Paterna superarían los 7.500 metros cuadrados de salas limpias y más de 300 puestos directos.
La planta estará preparada para trabajar con obleas de 200 y 300 milímetros, estándares habituales en la industria global de semiconductores. La apuesta llega en un momento sensible. Europa quiere reducir su dependencia de Asia y Estados Unidos en semiconductores, pero no todos los proyectos consiguen pasar del anuncio a la producción real. En ese contexto, que una sociedad privada con capital familiar entre en un sector tan intensivo en inversión, talento y riesgo tecnológico es una señal relevante.
También hay un matiz importante: Attypics es una empresa recién creada. La fotónica integrada promete mucho, pero industrializar chips no es lo mismo que fabricarlos en un entorno universitario o de prototipado. El desafío estará en convertir el conocimiento acumulado por la UPV en una capacidad productiva sostenible, competitiva y capaz de atraer clientes fuera del ecosistema público. La operación resume muy bien el momento tecnológico europeo.
Ya no alcanza con investigar: hay que fabricar. Y en Valencia, una familia que hizo fortuna con sectores tradicionales acaba de apostar por algo que suena casi futurista: chips que usan luz para mover datos más rápido y con menos energía. Fuente: Xataka.