Joan Laporta expresó una frase que han repetido otros presidentes del Barça pero que difícilmente se ha acabado cumpliendo: “En este Barça caben todos”. Da la sensación de que es un deseo basado en la voluntad real de poder cumplirla y, también, en un punto estratégico de búsqueda de unidad tras ganar unas elecciones de forma amplia. Lo podía haber obviado, pero lo dijo, trufado en un discurso en el que dejó caer noticias (nuevos estatutos por referéndum, Barça play, asamblea para refinanciar el espai Barça en primera línea) También lanzó dardos al Madrid (“deja vu” por Mou y “están nerviosos”) flores a Flick, Deco y a la gestión, con cita a las 136 Ligas y 50 Copas de Europa en la historia. Luego, ante la prensa, habló de Julián Álvarez y dejó claro que la oferta no es ilimitada.
Laporta afronta los próximos cinco años de su último mandato con el mismo mensaje con el que ganó las elecciones (defender al Barça) sabiendo perfectamente quien es el enemigo (no está dentro y va de blanco) y que viene una época en la que habrá que seguir luchando mucho. Está dispuesto a hacerlo y el barcelonismo lo va a apoyar en los temas gordos. Es una excelente oportunidad para dejar un buen legado. También lo citó en el discurso de un acto de presentación solemne, institucional, con contenido, largo y con un buen final a cargo del Orfeó Català.
Los retos no son menores, pero las palabras suenan bien y hay que acompañarlas con los hechos. Hay crédito y la mayoría del barcelonismo a favor. Deben caber todos. También caben todos con la selección española que jugará frente a Austria su pase a octavos en un Mundial que ya ha dejado sorpresas fuertes.
Ya no hay comodín. Solo vale ganar o ganar en la ronda de eliminatorias que en esta Copa del mundo empieza antes (dieciseisavos) No caben especulaciones ni distracciones ni autorregulaciones. Es la hora de la verdad y la selección debe seguir con su alto tono competitivo, su oficio y su capacidad de mantener la portería a cero (básico en un Mundial) y ampliar su modelo de fútbol acercándolo a aquel equipo que entusiasmó en la Eurocopa. Para ello tendrá a Lamine como eje mágico ofensivo, pero ante la Austria de Rangnick será necesario no fallar en la salida de la pelota (su presión alta es muy potente) y que el mediocampo pueda oxigenar al equipo.
A la presión austriaca habrá que meter también presión en un partido en el que realmente se podrá empezar a medir la potencia real de esta selección.