Si le preguntas a cualquiera que sepa algo de cultura pop por el final de El planeta de los simios, te lo va a describir sin dudar: Charlton Heston, una playa, gritando a voz en pecho, una estatua medio enterrada en la arena, y la certeza repentina de que todo lo que creía saber sobre dónde estaba era mentira. Es una de esas imágenes que ha trascendido la propia película hasta volverse un atajo cultural, un meme que cualquiera reconoce aunque jamás se haya sentado a ver la peli de 1968. Hay una reflexión interesante ahí: la vida después dentro de la cultura pop de ese giro final que se ha comido por completo a la obra que lo originó. La gente conoce el final, conoce la silueta de la estatua, conoce incluso la cara de espanto de Heston en ese fotograma concreto, pero son muchos menos los podrían contarte qué pasa en la hora y media anterior.
Ese final funciona precisamente porque toda la película anterior está construida como un relato de aventuras de supervivencia en un planeta dominado por simios, sin que el espectador de 1968 tuviera ningún motivo para sospechar el giro final. Imagino que ahora estamos mucho más escamados que por entonces y que ahora, cuando no es el tráiler de turno de la peli o algún troll en Internet lo que nos estropea la sorpresa, ya solemos sospechar que por algún lado nos acecha un golpe de efecto. Esperamos el plot twist. Hoy, con el final de El Planeta de los Simios convertido en cultura general antes incluso de haber visto el primer fotograma, esa sorpresa original es casi imposible de recuperar. ¿Se puede disfrutar igual una película cuando ya sabes el secreto que la sostiene?
Con El planeta de los simios sí, sorprendentemente, porque el resto del metraje no depende solo del giro: depende de una crítica social que sigue funcionando incluso sabiendo cómo termina. Eso es mérito tanto de la peli como de la novela original. Pero no es la única peli de ciencia ficción de Heston en la que pasa esto, aunque este segundo título sea mucho menos popular. Un final que se volvió más grande que la propia saga que generó después Lo que pocos recuerdan es que ese giro final fue tan eficaz que generó una franquicia entera que ha sobrevivido más de medio siglo, con secuelas, reboots y precuelas que han ido reinterpretando la misma premisa de fondo: una civilización que decide no aprender de sus propios errores.
La trilogía moderna protagonizada por Andy Serkis como César ha demostrado que la idea sigue teniendo un tremendo potencial, pero ninguna de esas películas posteriores ha conseguido un momento tan histórico como el de la playa original. Eso dice mucho sobre lo bien calibrado que estaba ese cierre: era el resumen visual perfecto de todo lo que la película llevaba dos horas queriendo decir sobre la autodestrucción humana. Heston pareció cogerle el gusto a protagonizar distopías con revelaciones finales impactantes Si todavía no la has visto, este es el momento de hacerlo (la tienes en Disney+) sin que nadie te destripe nada más, porque aunque conozcas el final, la película tiene mucho más que ofrecer de lo que el meme sugiere. Y si ya la viste hace años, quizá sea buen momento para una revisión: hay películas que mejoran cuando dejas de esperar la sorpresa y empiezas a fijarte en todo lo demás que estaban contando mientras tanto.
Curiosamente, este fenómeno de la sorpresa devoradora no fue un caso aislado en la carrera de Charlton Heston, quien pareció cogerle el gusto a protagonizar distopías con revelaciones finales tan impactantes que terminaron sepultando a la propia obra. ahí está El último hombre... vivo, una adaptación de Soy Leyenda, sin ir más lejos. Pero no es esa de la peli que os quiero hablar hoy. Apenas cinco años después del estreno de El planeta de los simios, el actor encabezó el reparto de Cuando el destino nos alcance (adaptación de la novela ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, y mundialmente conocida como Soylent Green). Al igual que ocurre con la icónica estatua en la playa, el grito desgarrador de Heston revelando el secreto detrás del alimento sintético que da nombre al filme se ha incrustado en el imaginario colectivo.
La película es mucho menos conocida que el Planeta de los Simios, pero igual de recomendable: es otro de esos grandes finales históricos que han mutado en chiste recurrente de la cultura pop, eclipsando a menudo el opresivo e inquietante retrato que hace la película de un futuro asfixiado por la superpoblación y el colapso ecológico. La película es mucho menos conocida que el Planeta de los Simios, pero igual de recomendable Ambas películas comparten, en el fondo, el mismo ADN narrativo: utilizan la ciencia ficción no como un mero ejercicio de evasión, sino como una advertencia de las consecuencias de nuestras peores tendencias como especie. En el caso de Soylent Green, la advertencia sobre la crisis climática, la desigualdad extrema y el agotamiento de los recursos naturales resulta incluso más profética y aterradora hoy que en 1973. Por eso, al igual que sucede con su predecesora simiesca, reducir la cinta al impacto de su frase final es un error.
Si uno logra abstraerse del archiconocido secreto alimenticio y se sumerge en esa agobiante Nueva York futurista, descubrirá un thriller medioambiental fascinante que, de manera trágica, resulta cada vez menos como ciencia ficción y más como un telediario contemporáneo. ¿Y tú qué opinas? ¿Qué distopía con plot twits final de Heston te gusta más? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.