Mama África fue una de las primeras músicas africanas en recibir reconocimiento internacional. Mriam Makeba, su nombre real, combinaba talento con activismo, llevando un mensaje de justicia social y derechos humanos. Su lucha desde Sudáfrica contra el apartheid fue un legado que aún persiste. En el Mundial’2026 el ‘mamá África’ se repite en cada una de las selecciones africanas que están dejando su huella en la Copa del Mundo.
Reivindican las raíces, los orígenes, el orgullo. Es la rebelión de los hijos de la inmigración que ya no tienen necesidad de pertenencia ante quien les acogió porque creen en la suma de culturas, no en la pérdida de identidad, también en el fútbol. El paradigma del cambio es la selección de Marruecos. Tras la eliminación de la selección holandesa en la tanda de penaltis todos los futbolistas corrieron a buscar a sus madres o abuelas, querían que fueran ellas las que compartiesen el momento de gloria.
Juegan por Marruecos por ellas. Son las madres las que representan la pureza en las costumbres, el respeto en las familias, son ellas las que hablan de la cuna de la humanidad. Europa ha necesitado de la inmigración para dejar de ser un continente viejo, ahora son los hijos y nietos de esa inmigración los que no necesitan integrarse porque forman parte del ecosistema pero buscan sí identidad. Hizo Marruecos bandera del once titular sin un sólo jugador nacido en suelo africano.
Antes habría sido considerado una vergüenza, ahora es un motivo de orgullo superlativo que futbolistas que podrían escoger Francia, Países Bajos, Bélgica, España o Alemania decidan jugar con Marruecos. Las calles de Holanda despertaron con la celebración de la victoria marroquí con tanta presencia como si hubiera sido la oranje la clasificada. Costa de Marfil, con nueve jugadores nacidos lejos de África, puso contra las cuerdas a la Noruega de Haaland, que lleva ya 5 goles en esta Copa del Mundo. En el 86 marcó el crack noruego para deshacer el empate.
Francia formó diez de los futbolistas de la selección de Senegal, incluso representaron a las selecciones inferiores de les bleus antes de decidirse por la selección de sus padres o madres. También la República del Congo cuenta con una mayoría de jugadores nacidos en Francia, nada menos que once jugadores y sólo seis han nacido en África, Ghana (8), Argelia (16), Cabo Verde (14). Se repite la historia. Pero si antes pasaba que algunos futbolistas con menos nivel decidían buscar una salida en la selección de sus padres o abuelos con la intención de vivir la emoción de jugar un Mundial, ahora son los jóvenes más talentosos, los que destacan en categorías inferiores y ganan campeonatos en sus países natales pero que con 17 o 18 años, justo en el momento de dar el salto a la absoluta, declaran que quieren jugar con la nación de sus padres o abuelos.
La alegría y jovialidad africana contrasta con el cansancio que evidencian algunas selecciones europeas ya eliminadas de este Mundial como Alemania o Países Bajos, ambas selecciones con mucha tradición pero que llevan años sin dejar impronta. La eliminación alemana frente a una desacomplejada Paraguay ha dejado la declaración de Gustavo Alfaro como motivo para el debate: “Ellos se forman en academias de primer nivel en Europa, nosotros venimos de la tierra colorada, jugando descalzos, con los sacrificios de los padres para llevar al hijo a entrenar”. Paraguay sufrió la primera expulsión de la ‘ley Prestianni’ (Almirón) pero a Bellingham le perdonaron.