Netflix va cuesta abajo: pierde más de 245.000 millones y los usuarios empiezan a cansarse

Netflix va cuesta abajo: pierde más de 245.000 millones y los usuarios empiezan a cansarse

Netflix ha pasado de ser el valor intocable del segmento del streaming a convertirse en una de las grandes decepciones de Wall Street. Desde sus máximos de junio de 2025, la compañía se ha dejado cerca de un 47% de capitalización bursátil, lo que equivale a más de 245.000 millones de dólares que han volado. La caída llega, además, en un momento complicado con el mercado estadounidense cerca de máximos. Netflix cae mientras el mercado sube El contraste es demoledor.

Mientras muchas empresas tecnológicas se han beneficiado del boom de la inteligencia artificial, a Netflix la han echado de la fiesta. Su capitalización actual ronda los 306.900 millones de dólares, según datos de mercado, frente a un máximo de 12 meses situado en torno a 567.400 millones. La lectura de muchos inversores es clara: Netflix ya no es la gallina de huevos de oro que no deja de crecer. El mercado quiere algo más que subidas de precio, control de cuentas compartidas, contenido de dudosa calidad y promesas de novedades que nunca llegan.

Warner Bros. Discovery: el gran golpe que no salió Netflix también ha sufrido un revés estratégico con Warner Bros. Discovery. En febrero de este año se confirmaba que no elevaría su oferta tras conocerse que la compañía consideraba superior una propuesta de Paramount Skydance.

Netflix apostó por la consolidación del mercado del streaming, pero no quiso pagar cualquier precio. La decisión puede tener cierta lógica desde el punto de vista financiero, pero deja una sensación agridulce en el seno de Netflix. La compañía necesita más catálogo premium, más franquicias y más propiedad intelectual. Con Warner habría tenido HBO, DC, estudios históricos y una colección de contenido enorme.

De esa forma, cualquier subida de precio habría estado perfectamente justificada. Videojuegos, VFX y compras que no han cambiado la historia Netflix intentó abrir nuevas vías de crecimiento con compras muy concretas. Sin ir más lejos, en 2021 se hizo con Night School Studio, el desarrollador de Oxenfree, para reforzar su apuesta por los videojuegos. Ese mismo año anunció la compra de Scanline VFX, estudio de efectos visuales vinculado a grandes producciones, y en 2022 cerró la adquisición de Next Games.

Parecía que la compañía apostaba por los videojuegos para aumentar el tiempo de los usuarios dentro de la aplicación. También quería controlar mejor la producción y contar con estudios propios para depender menos de terceros. Años después, ninguna de esas compras ha cambiado la percepción del negocio de Netflix. Subidas de precio: exprimir al usuario tiene límite Netflix también se enfrenta a un problema con los usuarios: están cansados de subidas de precio.

En España, la plataforma volvió a subir precios en 2026: el plan con anuncios pasó de 6,99 a 8,99 euros, el estándar sin anuncios de 13,99 a 14,99 euros y el premium de 19,99 a 21,99 euros. La estrategia tiene sentido para ellos ya que compensan la desaceleración del crecimiento con más ingreso por usuario. Pero el problema es que no se puede exprimir al cliente de forma indefinida en el tiempo, pensando que él pagará todos tus platos rotos. Además, hace unos años, Netflix podía permitirse casi cualquier cosa.

Era la pionera, era la más guay, tenía el mejor contenido… pero ahora, compite con Disney+, Max, Prime Video, Apple TV+, DAZN, Movistar Plus+ y decenas de servicios más. Y ahí Netflix empieza a tener un problema de percepción. Es la plataforma que sube el precio una vez al año, es la plataforma que no deja compartir cuenta, es la plataforma que rellena con contenido de escaso valor… y todo eso hace un daño reputacional enorme. Sirva como apunte que un servidor se dio de baja hace 2 años y no tengo intención de volver a ser cliente en el corto plazo. “Deriva woke”: el riesgo de convertir la marca en debate político Otro problema del que es complicado hablar por las reacciones que suscita es la estrategia de contenidos de Netflix.

Esta se basa en diversidad, representación y relatos identitarios, y esto es algo que está perfecto y es digno de aplaudir. El problema es que el contenido debe ir asociado a una buena historia. Cuando el usuario percibe que se está “metiendo con calzador” el mensaje sobre el guion, la etiqueta sobre la diversión o la provocación sobre la calidad, pasa lo que pasa. La diversidad no hunde una buena serie, pero sí condena a una mala producción.

Y eso es precisamente lo que le pasa a Netflix, piensa antes en la diversidad o la identidad de los personajes, que en tener historias que se sostengan con el paso del tiempo. Netflix no se desploma por ser “woke”; se desploma porque ya no convence igual. Y cuando una plataforma sube precios sin control, censura de forma extraña y falla en realizar grandes movimientos corporativos, cualquier decisión cultural polémica se convierte en gasolina.