Durante este año y pico que llevamos disponiendo de Nintendo Switch 2 en nuestras casas, hemos tenido muchas opciones de disfrutar de títulos propios de la consola. Los recientes Star Fox o el genial Yoshi and the Mysterious Book son buenos ejemplos, pero también hay videojuegos que alcanzaron la categoría de fenómeno cultural como es el caso de Pokémon Pokopia. Sin embargo, tengo que admitir que mi Switch 2, además de para jugar a los exclusivos de Nintendo, realmente se ha convertido en una máquina de third parties. Con la primera Switch los third parties, especialmente si hablamos de todo lo que no pertenece a la esfera indie, eran casos muy limitados, experiencias casi milagrosas como The Witcher 3 o los ports de DOOM.
Además de con Mario Kart World, yo estrené mi Switch 2 con Hitman, No Man's Sky o Yakuza 0. Lejos de ser una fiebre del inicio de generación, de exprimir la flamante nueva máquina, he seguido jugando a cosas como Fallout 4, Final Fantasy VII Rebirth o incluso lanzamientos simultáneos como Pragmata. Y la sensación que tengo es que ahora sí que estamos en un punto en el que las contrapartidas técnicas de las consolas de Nintendo frente al PC y a las otras máquinas de la competencia se están empezando a equilibrar frente a las bondades del entorno ofrecido por La Gran N. El último en demostrarme esto es uno de los mejores hack and slash de la década como es Devil May Cry 5.
Capcom sigue desembarcando en Switch 2 Estamos frente a uno de los videojuegos que mejor se veían, especialmente a nivel de expresiones de los protagonistas, de la generación de PS4 y Xbox One. Ese hecho, que ya fuera un techo técnico de PS4 y que Switch 2 pueda beneficiarse de los siete años desde su lanzamiento nos trae una experiencia que en el plano técnico es superdisfrutable. Evidentemente lo que todos buscamos en un título de acción desenfrenada como DMC 5 es la fluidez y la tasa de fotogramas estables. Eso lo tenemos tanto en la versión "dockeada", como en la portátil, con los entendibles ajustes en el plano de la resolución; de hecho en Digital Foundry hablan de cómo se alcanzan incluso los 80 o 90 frames por segundo.
El DLSS sirve para aumentar la resolución inicialmente baja 540 y 360, respectivamente, para subirla hasta 1080 en dock y 720 en portátil. Puede sonar bajo, pero es algo que hemos estado viendo en juegos incluso de la generación de PS4 como el anteriormente mencionado Fallout 4: el compromiso entre frames y resolución es complejo incluso con DLSS. Sin embargo, creo que en DMC 5, se prioriza lo correcto para el juego como es la velocidad en la tasa de refresco. De hecho, esto va más allá de los números y la sensación a los mandos es positiva y seguramente superior a la de PS4 y Xbox One.
Luces y sombras de una versión disfrutable Puede que mi mayor queja no tenga que ver con las partes de hardware de Switch 2 que tienen que ver con el rendimiento en sí, sino con la pantalla. Un título que hace uso de una gama de colores tan oscura como Devil May Cry 5 no se beneficia de la pantalla LCD de Switch 2 en formato portátil, llegando a ser relativamente incómoda la visibilidad en según que condiciones, y provocando que tengas que subir el brillo al máximo; seguramente llevando al traste los milimétricos ajustes técnicos DLSS mediante para ahorrar batería usando una resolución base más baja. Ya no es noticia jugar a títulos de third parties en Nintendo Switch 2 y, aunque aún tenemos muchos videojuegos ya conocidos haciendo la transición gracias al subidón técnico entre generaciones, cada vez hay también más juegos que apuestan por ser multiplataforma con todas las de la ley. Está dejando de ser noticia la llegada de estos juegos, y eso es positivo para los usuarios porque cada vez tienen más opciones, para los desarrolladores al llegar a un nuevo público y también para Nintendo que consigue ampliar su catálogo gracias a terceros.
Habiendo jugado ya al videojuego hace unos años, lo que más me llamó la atención en esta "rejugada" en Switch 2, ha sido cómo te vende la derrota inicial. Estamos acostumbrados, especialmente en secuelas y en metroidvanias, a observar como el protagonista pierde todos sus poderes y habilidades, convirtiendo el videojuego en una conquista de sus máximas capacidades hasta el punto de ser capaz de retar al villano presentado desde el minuto uno. Eso pasa en Devil May Cry 5 con un Nero que se queda sin brazo y un veterano Dante incapaz de batir a un demonio poderosísimo. Es útil desde el punto de vista mecánico, ya que sirve para ir presentando nuevas herramientas de combate e ir elevando de forma progresiva la "epicidad" de los combates; algo que además se expresa de forma triple con el uso de tres protagonistas.
Hay algo de ese camino hacia el poder que recuerda a los shonen más queridos, y que convierte su historia (tirando a trivial como en tantos títulos del género) en una comparsa agradable. Es admirable cómo se retuerce DMC 5 para encontrar nuevas vías para combatir con estilo contra hordas de demonios. Armas, transformaciones, variantes de combate y todo tipo de mejoras en los combos para conseguir esa ansiada triple S. Ahora es fácil observar como Capcom está en un estado de gracia creativo en el que "le sale todo", una racha que se cimentó en Resident Evil 7 en 2017 y se confirmó con Monster Hunter World en 2018, pero que se asentó de forma definitiva con Devil May Cry 5 en 2019.
Todos ellos eran buenos juegos de lanzamiento, pero es que como he vuelto a certificar con esta nueva partida a DMC 5 en Nintendo Switch 2, posiblemente estamos frente a un videojuego casi atemporal. Su nivel técnico más allá de la plataforma usada es más que suficiente para articular un andamiaje mecánico, un apartado musical y un gameplay tremendamente potentes. En VidaExtra | "Cada vez vemos menos juegos puramente de acción en el mercado". Entrevistamos a Hideaki Itsuno, director de Devil May Cry 5