El comedor de Managua que ofrece un “plato solidario” a 50 córdobas

El comedor de Managua que ofrece un “plato solidario” a 50 córdobas

Mientras el precio de un almuerzo supera los 150 córdobas en muchos comedores, en este negocio hay un plato que desde hace siete años se mantiene en apenas 50 córdobas. Detrás de esa decisión no hay una estrategia de ventas, sino una historia muy particular, «plato solidario». «Un día me dijo un niño: ‘¿No me puede vender 50 córdobas de comida?’. Yo le dije a mi esposo y él me dijo: ‘Regaláselo’. Después me dijo: ‘¿Por qué no creamos uno de 50?’ y le entramos al 50″, dijo María Orozco, dueña del comedor La Casa de Obed, ubicado del Cine Salinas 1 1/2 cuadra abajo, en la calle principal.

Desde entonces nació el llamado «plato solidario», una opción que hoy buscan trabajadores, familias y personas comunes. «La gente viene y me dice: ‘Deme un plato solidario’. Ellos le pusieron ese nombre, no se lo puse yo», continuó. María asegura que el precio nunca ha significado bajar la calidad de la comida. Por el contrario, afirma que cada plato se prepara con el mismo esmero que el resto del menú. «No es porque pongamos mala carne o mal arroz.

Es igual que los otros. Mucha gente cree que son retazos, pero los invito a que vengan a ver que no es así», señaló. “¿No me puede vender 50 córdobas de comida? Asegura la propietaria que con esta iniciativa ha encontrado la manera de seguir adelante. Explica que los demás platillos del comedor ayudan a sostener el almuerzo solidario. «Los otros platos sustentan el de 50.

A veces yo digo: ‘¿Cómo hace Dios para sostenerme este 50?’. Hasta yo no sé cómo lo hago, pero sí sé quién lo hace». Más que un negocio, María siente que este comedor se ha convertido en una forma de servir a los demás. Hay historias de clientes que la han hecho llorar y le recuerdan por qué decidió mantener este proyecto. «Un cliente me dijo que quería orar por mí porque con 300 córdobas había podido darle de comer a su familia.

Mis ojos se pusieron aguados». Con más de 30 años al frente de su comedor, María sueña con abrir una segunda sucursal. Mientras tanto, asegura que seguirá recibiendo a sus clientes de día, de noche y de madrugada, con la esperanza de que el «plato solidario» continúe siendo un alivio para quienes más lo necesitan. «Me siento gozosa de servirle a la comunidad. Usted dando, recibe.

Gracias a todos los que nos apoyan; sin ellos y sin Dios esto no sería posible». Esta historia demuestra que la solidaridad aún tiene espacio en la mesa de los nicaragüenses. Si quieres, te lo puedo dejar en una versión más periodística y fluida, manteniendo tus datos y citas, pero con mejor ritmo de redacción para publicación.