* Por Sayid Marcos Tenório El ayatolá Seyed Ali Jamenei pertenece a esta última categoría. Su historia comenzó lejos de los palacios del poder. Nacido en Mashad, en el seno de una familia humilde, encontró en la fe, el conocimiento y el compromiso social los pilares de su formación. Desde muy joven comprendió que la religión no debía ser un refugio frente a las injusticias, sino una fuerza espiritual para enfrentarlas.
Junto al Imam Jomeini (P) participó en la construcción de un movimiento que transformaría profundamente la historia de Irán y de Asia Occidental. Perseguido, encarcelado y torturado por el régimen del shah Pahlavi, el ayatolá Jamenei nunca renunció a la convicción de que la independencia política, la soberanía nacional y la justicia social eran principios inseparables. La Revolución Islámica de 1979 representó mucho más que la caída de una monarquía. Simbolizó la decisión de un pueblo de recuperar el control sobre su propio destino.
Los años siguientes impusieron desafíos extraordinarios. La guerra, las sanciones, el aislamiento económico y las permanentes presiones externas pusieron a prueba la capacidad de resistencia de la República Islámica. En lugar de aceptar la dependencia, el ayatolá Jamenei defendió lo que denominó la Economía de la Resistencia: invertir en ciencia, fortalecer las universidades, desarrollar tecnología nacional y confiar en la capacidad de su propio pueblo. Para él, la verdadera independencia solo podía construirse sobre la autonomía científica, económica y cultural.
Su liderazgo trascendió las fronteras iraníes. La defensa de Palestina se convirtió en uno de los ejes permanentes de su pensamiento político, no solo como una cuestión geopolítica, sino como un imperativo moral. En sus discursos, la causa palestina representaba el derecho de los pueblos a la libertad, a la autodeterminación y a resistir toda forma de ocupación y colonialismo. Con el paso de las décadas, esta visión acercó a Irán a diversos movimientos y naciones que reivindican su soberanía frente a las presiones de las grandes potencias.
Para millones de personas en el Sur Global, el ayatolá Jamenei llegó a simbolizar una política basada en la independencia estratégica y en el rechazo a que el destino de los pueblos sea decidido fuera de sus propias fronteras. Su martirio, en febrero de 2026, no produjo el efecto esperado por quienes creían que debilitaría a la República Islámica. Por el contrario, transformó su trayectoria en un legado histórico. Millones de iraníes salieron a las calles para rendir homenaje a un líder cuya vida pasó a representar la perseverancia, la dignidad y la resistencia.
Los mártires ocupan un lugar singular en la memoria de los pueblos. Su ausencia física suele fortalecer aún más la fuerza de sus ideas. La historia demuestra que los grandes proyectos políticos sobreviven cuando echan raíces profundas en la conciencia colectiva de una sociedad. En ese sentido, el legado del ayatolá Jamenei trasciende la biografía de un dirigente.
Su trayectoria se ha convertido en un referente para todos aquellos que defienden un mundo multipolar, la soberanía de los Estados y el derecho de los pueblos a decidir libremente su propio destino, sin imposiciones externas. En una época en la que las guerras, los bloqueos económicos y las intervenciones extranjeras continúan utilizándose como instrumentos de presión internacional, su historia recuerda que la resistencia no nace únicamente del poder militar. Nace, sobre todo, de la convicción de que la dignidad de un pueblo nunca puede ser negociada. Los imperios acumulan poder.
Los pueblos acumulan memoria. El poder cambia de manos. La memoria atraviesa las generaciones. Quizá la mayor herencia del ayatolá Jamenei haya sido demostrar que los líderes pueden desaparecer, pero las ideas arraigadas en la soberanía, la justicia y la resistencia continúan caminando junto a los pueblos que las hicieron suyas. * Sayid Marcos Tenório es historiador, analista de geopolítica y presidente del Instituto de Amistad Brasil-Irán.
Es autor del libro Palestina: del mito de la tierra prometida a la tierra de la resistencia.