Bloomberg Línea — Colombia atraviesa uno de los mejores momentos recientes en materia de desempleo, pero mantiene uno de sus problemas estructurales más difíciles de resolver: la informalidad laboral. Para Ítalo Cardona, director de la Oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para los Países Andinos, la solución no pasa únicamente por modificar las normas laborales, sino por construir una estrategia integral que aumente la productividad, reduzca las barreras para formalizarse y articule a todo el Estado alrededor de ese objetivo. “La formalización no debe verse como el resultado de un decreto o de una norma. Tiene que representar beneficios concretos para las personas y para las empresas”, afirmó Cardona en entrevista con Bloomberg Línea. Más que una realidad Aunque Colombia registró una tasa de desempleo cercana al 8% en mayo, la informalidad continúa alrededor del 55% de la población ocupada.
Para Cardona, el primer error consiste en asumir que toda la economía informal responde a las mismas causas. “Es necesario entender mucho mejor de qué estamos hablando cuando hablamos de economía informal. No es la misma realidad de la informalidad en Medellín que en Cúcuta, ni tampoco entre los distintos sectores económicos”, explicó. Por ello, considera indispensable que el país consolide la información que hoy tiene dispersa para identificar quiénes trabajan en la informalidad, dónde están ubicados y cuáles son sus actividades económicas. “Esa información permitirá definir políticas mucho más pertinentes, identificar en qué territorios se necesita invertir y qué acciones deben priorizarse para cambiar esa realidad”, señaló. El representante de la OIT agregó que reducir la informalidad no puede ser una responsabilidad exclusiva del Ministerio del Trabajo. “Debe ser una política de Estado, con participación de distintos ministerios y entidades.
La formalización requiere acciones coordinadas que van mucho más allá de las competencias laborales”, sostuvo. Productividad antes que nuevas obligaciones Uno de los mensajes más reiterados por Cardona durante la conversación fue la relación entre productividad y formalización. “Sin una mejora sostenida en la productividad de las empresas no podremos hablar de una formalización sostenible”, aseguró. Recordó que cerca del 80% de los trabajadores colombianos se desempeñan en micro y pequeñas empresas, por lo que cualquier política debe procurar simultáneamente mejorar las condiciones laborales y fortalecer la capacidad productiva de esas compañías. A su juicio, también es necesario simplificar los procedimientos para quienes desean ingresar a la formalidad. “No puede ser que una microempresa tenga que atravesar una cantidad de trámites que terminan desincentivando el proceso de formalización”, afirmó.
Además, considera fundamental que los trabajadores y empresarios perciban beneficios claros. “Hay que definir cuáles son los incentivos para formalizarse: acceso a asistencia técnica, financiamiento, bancarización y otros servicios que realmente hagan que valga la pena dar ese paso”, indicó. Construcción con diálogo Consultado sobre el incremento del recargo por trabajo dominical y festivo en Colombia, Cardona evitó pronunciarse sobre el contenido específico de la medida, pero insistió en que cualquier modificación laboral debe surgir de procesos de concertación. “La preocupación de la OIT no es el contenido de las normas que adopta cada país, sino que esas normas sean el resultado de un diálogo social de buena fe, transparente y en el que empleadores y trabajadores hayan sido escuchados”, explicó. Según recordó, esa ha sido precisamente la recomendación que la organización ha formulado al Gobierno colombiano durante los espacios internacionales de discusión laboral. Respecto a las advertencias del sector privado sobre posibles efectos negativos en el empleo formal, insistió en que el debate debe incorporar simultáneamente productividad, formalización y sostenibilidad empresarial. “No podemos pensar que la formalización llegará únicamente mediante una acción normativa.
Se requieren políticas mucho más amplias que permitan mejorar la productividad y hacer sostenibles las mejoras en los ingresos y en los derechos de los trabajadores”, señaló. El cambio climático ya afecta al trabajo Otro de los desafíos que identifica la OIT es el impacto del cambio climático sobre el mercado laboral. La entrevista se realizó en el marco de la presentación de un estudio del Consejo Colombiano de Seguridad (CCS) durante el 59 Congreso de Seguridad, Salud y Ambiente, que analizó el impacto económico que tendría un fortalecimiento del fenómeno de El Niño sobre la productividad laboral en Colombia. El análisis, elaborado con información del Banco Mundial, el DANE, el IDEAM y estimaciones propias del CCS, calcula que el país podría perder COP$10,69 billones en productividad entre julio de 2026 y febrero de 2027, una cifra equivalente al 0,57% del Producto Interno Bruto (PIB).
El estudio también advierte que el impacto recaería de forma desproporcionada sobre los trabajadores informales, quienes asumirían cerca del 84% de las pérdidas económicas, al dejar de percibir ingresos o verse obligados a extender sus jornadas para compensar la caída de productividad. Agricultura, comercio, construcción, transporte y alojamiento figuran entre las actividades más vulnerables al aumento de las temperaturas, un escenario que la OIT considera cada vez más relevante para el futuro del trabajo y la competitividad de las economías. Cardona recordó que las altas temperaturas ya están reduciendo la productividad en distintas actividades económicas y obligan a replantear la organización del trabajo. “No se trata de inversiones cuantiosas. Se trata de adaptar la manera como se organiza el trabajo a una realidad climática que ya cambió”, explicó.
Como ejemplo mencionó las pausas de hidratación implementadas recientemente en el Mundial de Fútbol de la FIFA 2026. “Así como el fútbol modificó prácticas que llevaba décadas aplicando para proteger a los jugadores, todos los sectores deberán analizar qué medidas necesitan adoptar para proteger a sus trabajadores”, afirmó. En su opinión, esas respuestas deberán adaptarse a las características de cada actividad económica y de cada región del país, pues la exposición al calor no es la misma en Bogotá que en Barranquilla. Además, advirtió que el costo de no actuar ya está siendo asumido por las empresas. “Existen estudios que muestran cómo la exposición a temperaturas elevadas reduce la productividad. Son costos que muchas veces no son visibles, pero sí son perfectamente medibles”, dijo.
Regular sin frenar la innovación Cardona también abordó la transformación que está generando la inteligencia artificial en el mercado laboral latinoamericano. Según explicó, la discusión ya no gira alrededor de si esta tecnología modificará el empleo, sino sobre cómo establecer reglas que permitan aprovechar sus beneficios sin afectar los derechos laborales. “La inteligencia artificial está transformando la manera como se organiza el trabajo y debemos avanzar rápidamente en un diálogo que permita definir su gobernanza”, afirmó. Recordó que la OIT y el Banco Mundial han identificado oportunidades importantes para mejorar la productividad mediante estas tecnologías, aunque también advierten sobre la necesidad de fortalecer las competencias laborales de los trabajadores. “La inteligencia artificial debe contribuir a mejorar la productividad de las empresas y las condiciones de vida de las personas, pero siempre garantizando los derechos fundamentales en el trabajo”, señaló. Fortalecer el diálogo social Finalmente, Cardona defendió la importancia de preservar mecanismos de diálogo entre trabajadores, empleadores y Estado, tanto para la fijación del salario mínimo como para enfrentar las transformaciones del mercado laboral. “Cualquier país se beneficia de tener organizaciones de trabajadores y de empleadores fuertes, independientes y representativas que puedan participar en un diálogo social efectivo”, concluyó.
Para el representante de la OIT, Colombia enfrenta una oportunidad para atacar uno de sus problemas históricos, pero solo si combina políticas de productividad, incentivos a la formalización, simplificación de trámites y una estrategia estatal coordinada que reconozca las diferencias entre regiones y sectores económicos. Solo así, sostiene, será posible reducir de forma sostenible la informalidad que hoy afecta a uno de cada dos trabajadores del país.