En inglés lleva varios años popularizándose el término enshitification para describir el proceso por el cual plataformas y servicios online degeneran a lo largo del tiempo. El término fue creado por el autor canadiense Cory Doctorow en 2022 y se aplica normalmente a compañías como Facebook, Google, Instagram, Uber, Airbnb y demás exponentes de la economía digital. A grandes rasgos, el proceso incluye tres estadios o etapas. En la primera, la compañía en cuestión hace todo lo posible por atraer usuarios, ofreciendo muy buenos servicios o promociones, muchas veces sacrificando ingresos, para construir una base sólida y fiel.
En la segunda, el servicio se vende al mejor postor, sacrificando el bienestar de los usuarios a cambio de acuerdos muy rentables con terceras compañías que puedan sacarle provecho a la base de usuarios, ya sea con anuncios masivos o tráfico de datos. En la tercera etapa se alcanza un estado terminal donde tanto usuarios como empresas son sacrificadas en el altar de los accionistas, abusando a todos los integrantes del ecosistema para generar los máximos beneficios posibles en la cuenta de resultados. Eutanasia involuntaria Con la reciente decisión salomónica de PlayStation de acabar de un plumazo con el formato físico, mucho me temo que la industria del videojuego ha entrado de lleno en esta tercera etapa de enmierdación. Los plazos van a una velocidad de vértigo.
Si hace cinco años descubríamos que la industria del videojuego había tocado techo y ya se consideraba una industria madura después de décadas de expansión, ahora nos encontramos en la tesitura de aceptar que ha entrado en una decadencia clara, sostenida en el tiempo y probablemente irreversible. O al menos eso es lo que piensan los amos del cotarro. Todo el mundo daba por hecho que esto iba a pasar tarde o temprano, pero ha sorprendido muchísimo las prisas que se han dado para acelerar la muerte del formato físico. Puede que estuviera en cuidados paliativos, pero lo que ha hecho PlayStation es firmar una eutanasia involuntaria.
Es evidente que la industria del videojuego, o por lo menos el sector de las consolas, ha renunciado a seguir expandiendo su base de usuarios No hay posibilidad de interpretación. Más allá de que usemos el formato físico o no, esto no va de aceptar el orden natural de las cosas, sino de eliminar opciones y derechos del consumidor para poder explotarlo económicamente con mayor efectividad. Personalmente, y dada mi posición profesional privilegiada, creo que no he metido un disco en la ranura de una consola en todo lo que llevamos de generación. Alguien podría pensar que en principio esta medida no me va a afectar mucho.
Pero sería ingenuo pensar que este no es un primer paso en una estrategia calculada que implica apretar al usuario a todos los niveles para maximizar el beneficio y apaciguar a unos accionistas ya muy acostumbrados a conseguir unos retornos desmedidos en sus inversiones dadas las cotas históricas que han alcanzado las bolsas mundiales en los últimos años. Es decir, esto va a ser un proceso de enmierdación de toda la industria que va a afectar a toda la base de usuarios, sean o no partícipes del formato físico. Es evidente que la industria del videojuego, o por lo menos el sector de las consolas, ha renunciado a seguir expandiendo su base de usuarios. Los precios de los componentes se han disparado y han obligado a elevar los precios del hardware a unos niveles prohibitivos para muchos jugadores potenciales.
Y eso sin tener en cuenta evoluciones demográficas y sociológicas que apartan al público del ciclo tradicional de producción y venta de videojuegos. Sin esperanza de seguir creciendo, las compañías con mando en plaza han dado orden de estrechar el lazo y ahogar a los usuarios capturados en sus redes para sacarles todo lo que puedan antes de que el negocio se derrumbe irremisiblemente. Puede que PlayStation se haya arrogado la responsabilidad de dar la mala noticia al sector, pero es evidente que los demás actores en liza van a seguir su ejemplo. Digamos que es el poli malo.
Tiene el peso y la ascendencia para soportar el golpe en mejores condiciones que los demás, pero de nuevo, sería ingenuo pensar que no está trazando el camino a los demás. El gaming se ha convertido en una actividad de lujo. Comparado con otras formas de entretenimiento de pantallas como las plataformas de streaming, las redes sociales o los vídeos cortos, la barrera a la entrada es descomunal. Incluso dentro del gaming hay opciones mucho más accesibles que el formato triple A tradicional que se vende en comercios especializados y grandes superficies.
Al final, las experiencias free-to-play no han ejercido de vasos comunicantes con los juegos para un jugador, o no lo han hecho de la forma o con el volumen requeridos para que este ámbito del gaming que tanto apreciamos se considere saludable por parte de los ejecutivos al mando. Confrontados con la realidad de precios disparados y necesitados de encontrar la manera de hacer el negocio más rentable, han optado por cercenar derechos manu militari para controlar toda la cadena de comercialización, expulsando a retailers de la ecuación y acabando con el mercado de segunda mano. Boicots improbables El seísmo es tan pronunciado que ya hay instancias políticas que se han pronunciado al respecto. En Francia, Jean-Luc Melenchon, líder del partido de extrema izquierda Francia Insumisa, ya ha dejado clara su oposición al respecto.
Lo natural es que voces de todo el espectro político, en todos los países, se vayan sumando y que el tema, de alguna forma, llegue a las instituciones europeas. No sería descartable que la Unión Europea acabara obligando a estas plataformas a abrir sus ecosistemas con tiendas y métodos de pago adicionales. Pero en cualquier caso, este proceso regulatorio se prolongará durante años. Muchos años. ¿Alguien puede augurar dónde estaremos con esta cuestión dentro de una década?
Es imposible saberlo. Está claro que las plataformas esperan que a los usuarios se les pase el berrinche con el tiempo, que acepten la nueva realidad y que se olviden de los viejos tiempos. Es muy posible que tengan razón. En todos los ejemplos más destacados de enshitification, las grandes tecnológicas se han acabado llevando el gato al agua y la resistencia ha sido testimonial, circunscrita a la minoría de usuarios más concientizados.
Ninguna compañía es inmune a un abandono generalizado de su base de usuarios En estos momentos, hay mucha discusión sobre boicots, sobre bajarse del carro (de la plataforma o de la actividad de ocio por completo). Las emociones están en un punto álgido y las declaraciones son altisonantes. Pero es muy pronto para saber si se va a ser consecuente con estas intenciones. Ninguna compañía es inmune a un abandono generalizado de su base de usuarios.
PlayStation está decidida a mantener el rumbo. Es evidente que han estimado las amenazas a su modelo de negocio y han decidido que los beneficios potenciales compensan los riesgos que están asumiendo. Si las ventas de PlayStation 6 (tanto de hardware como de software) se llegan a pegar un trompazo catastrófico, a nivel de desastres como la Dreamcast o la Wii U, lo lógico es que dieran marcha atrás, si no para la próxima generación, quizá para la siguiente consola, que tendrían que sacar mucho más rápido de lo planificado. Pero eso implicaría una acción coordinada y sostenida en el tiempo de millones de usuarios.
Posible, pero muy improbable. La enmierdación ha venido a la industria del videojuego para quedarse. Después de años de consolidación corporativa que muchos jugadores han aplaudido con un entusiasmo estomagante, estamos cosechando los frutos podridos que la mentalidad fan ha ejercido en la industria. Sin competencia sana en el sector, el monopolio y el abuso es inevitable.
Cuando Xbox en 2013 maniobró en contra del mercado físico, PlayStation se movió rápido para capitalizar el descontento en una brillante jugada reputacional que probablemente les llevó a ganar la generación. En estos momentos, replicar una maniobra parecida es impensable. Es algo que todos hemos perdido, sin distinción de plataforma de adscripción. La industria seguirá adelante, aun dejándose jirones de carne por el camino.
Pero es obvio que será una industria muy diferente. En muchos aspectos, irreconocible para todos los que, de una u otra forma, hemos contribuido a levantarla. En 3DJuegos | Nunca he estado tan seguro en mi vida. Todos los remakes de videojuegos hacen falta, incluso los malos