Por Sheida Eslami * Irán, cuna de una antigua civilización que se extiende a lo largo de varios milenios, ha sido la fuente de las más elevadas ideas y creaciones artísticas, así como la patria de algunos de los más grandes filósofos, eruditos, pensadores y artistas del mundo. Es un país que, en los años posteriores al triunfo de la Revolución Islámica, junto con el vertiginoso desarrollo de la ciencia y la tecnología, proporcionó un entorno seguro para la maduración intelectual, el desarrollo cultural y el florecimiento artístico de sus hijos. Este crecimiento y esta madurez no pueden, sin lugar a dudas, desvincularse de la influencia ejercida por la visión y el liderazgo del difunto fundador de la República Islámica de Irán, el ayatolá Seyyed Ruhollah Musaví Jomeiní, y de su Líder mártir, el ayatolá Seyed Ali Hoseini Jamenei: dos eminentes eruditos religiosos y autoridades de emulación que fueron, al mismo tiempo, el espíritu y la encarnación de su época, distinguidos por su saber, su profunda comprensión de los asuntos, su refinado criterio y su honda preocupación por la cultura. Todo ello resulta especialmente significativo si se considera que, en numerosos análisis políticos sobre los dirigentes contemporáneos, la atención suele centrarse primordialmente en las decisiones de gobierno, la política exterior o las estructuras del poder.
Sin embargo, en el caso del Líder mártir de la República Islámica de Irán, el ayatolá Jameneí, una de las dimensiones menos conocidas de su personalidad es su papel y su posición en el ámbito de la cultura. Esto adquiere una relevancia aún mayor en una época en la que ciertos gobernantes alcanzan notoriedad porque sus mayores virtudes consisten en influir en la mente de sus interlocutores en la mesa de negociaciones, actuar como comediantes de stand-up , exhibir destreza para el baile o el juego de azar, y otras conductas semejantes; cualidades entre las cuales hay un elemento que jamás encuentra cabida: la cultura. Desde la perspectiva del Líder mártir, como representante de la auténtica imagen de Irán, la cultura no constituye una esfera periférica situada junto a la política y la economía; por el contrario, representa el fundamento de la identidad colectiva y el escenario más importante para forjar el futuro de una sociedad. Desde esta óptica, los libros, la literatura, la poesía, el cine y los medios de comunicación no son meros instrumentos de entretenimiento ni simples vehículos para la producción artística; constituyen los principales elementos en la configuración del “poder blando” de una sociedad: un poder que actúa a través del relato, la memoria histórica y la creación de significado.
Por esta razón, a lo largo de las décadas de su actividad política, el ayatolá Jameneí habló reiteradamente del papel de los libros, la literatura, el arte y los medios de comunicación, procurando establecer un vínculo entre la tradición cultural iraní y los instrumentos narrativos del mundo contemporáneo. Al mismo tiempo, gracias a su indiscutible dominio de las diversas manifestaciones del pensamiento, la cultura y el arte tanto dentro de la sociedad iraní como en el ámbito internacional, siguió de manera constante la evolución de la vida cultural, artística y mediática, alentando su fortalecimiento y desarrollo entre el pueblo iraní e incluso más allá de las fronteras de su país. Erudito, revolucionario, estadista, líder: ¿Cómo el Imam Jamenei moldeó el rumbo del Irán moderno? | HISPANTV La biografía del Líder mártir de Irán reúne seis décadas de lucha, liderazgo y servicio que transformaron el rumbo de la República Islámica. Los libros: el fundamento del pensamiento crítico del Líder mártir Uno de los temas constantes en los discursos y las actividades culturales del ayatolá Jameneí fue su insistencia en la importancia de los libros y de la cultura de la lectura.
Desde esta perspectiva, la lectura no constituye simplemente un hábito individual; es, más bien, uno de los pilares sobre los que se edifica una sociedad informada y capaz. Una sociedad familiarizada con los libros posee una mayor capacidad para analizar los acontecimientos, comprender la historia y tomar decisiones respecto del futuro. En una de sus reuniones, declaró: “Aunque tengo numerosas responsabilidades y una carga de trabajo muy pesada, gracias a Dios nunca me he apartado de los libros y, en verdad, no puedo apartarme de ellos. En medio de las múltiples y trascendentales responsabilidades que pesan sobre nuestros hombros, permanezco constantemente vinculado a los libros.
Considero que, si una persona desea conservar su frescura y vitalidad espiritual y cultural, no existe otra alternativa que mantener una relación permanente con los libros, una relación semejante a la que se establece con un manantial inagotable que fluye sin cesar y que continuamente ofrece algo nuevo. Es como la relación con un cauce perenne que nunca deja de correr y que, de manera constante, brinda al ser humano nuevos conocimientos y experiencias”. En reiteradas ocasiones describió los libros como uno de los instrumentos más importantes para promover la cultura pública y, en diversos encuentros con editores y escritores, subrayó que fomentar el hábito de la lectura no constituye únicamente un deber cultural, sino también una parte esencial del proceso de fortalecimiento del capital intelectual de la sociedad. Su propia trayectoria personal resulta igualmente digna de mención en este sentido.
Durante los años previos a la Revolución Islámica, el ayatolá Jameneí se dedicó a un amplio estudio de la historia, la literatura y el pensamiento político, al tiempo que desarrolló una intensa labor como traductor. Sus traducciones de obras fundamentales, como El tratado de paz del Imam Hasan , del sheij Razi al-Yasin, y El futuro en el ámbito del islam , constituyen ejemplos representativos de esta actividad intelectual y cultural. Tales experiencias hicieron que su concepción del libro trascendiera el ámbito de la formulación de políticas culturales para convertirse en una parte inseparable de su modo de vida intelectual. Asimismo, alentó a la generación de escritores surgida tras la Revolución a crear obras que sirvieran como testimonios perdurables de la imagen de Irán como una nación firme y resiliente frente a las violentas tempestades de los ataques perpetrados por los enemigos de la Revolución.
Sus elogios escritos ( taqriz ) a diversas obras de historia oral, novelas y otros trabajos de gran valor —que reflejaban la profundidad de la erudición y la sensibilidad literaria y cultural del Líder— con frecuencia convirtieron destacados libros de autores iraníes en auténticos éxitos editoriales. Ello se debía a que la inmensa mayoría del pueblo iraní, profundamente identificado con la cultura, depositaba una gran confianza en el criterio cultural de su líder. Cada vez que lo veían —con su extraordinaria memoria, su amplio conocimiento de las principales figuras del mundo editorial, de los escritores y de los estudiosos de la literatura, así como con sus opiniones maduras, profundas y ponderadas sobre estas cuestiones, y con su constante énfasis en fortalecer la industria editorial, fomentar la lectura y apoyar la producción de obras intelectuales y literarias, ya fuera durante la Feria Internacional del Libro de Teherán, en sus discursos o en sus encuentros públicos— sentían un legítimo orgullo por la distinguida talla académica y cultural que encarnaba. “Hikayat al-Seyed”, libro que narra años formativos del Líder mártir de Irán | HISPANTV En Teherán, capital de Irán, presentaron la traducción árabe de “La Narrativa de Aqa”, obra que relata los años de formación del Líder mártir de Irán. Fundamentalmente, dentro del marco intelectual del ayatolá Jameneí, la novela y la literatura narrativa ocupaban un lugar de especial relevancia.
A diferencia de los textos didácticos o políticos, la novela explora las complejidades de la vida humana mediante la narración y la construcción de personajes. Por esta razón, muchas de las grandes novelas clásicas de la literatura universal constituyen, en realidad, relatos sobre transformaciones sociales, crisis morales y experiencias históricas. “Puedo expresar una opinión porque he tenido contacto con muchísimas novelas diferentes... Quizá haya leído miles de relatos de los mejores escritores del mundo”, afirmó el Líder mártir. Su atención hacia este tipo de obras demuestra que, desde su perspectiva, la ficción no era simplemente una forma de expresión artística, sino también un medio para comprender la sociedad y la condición humana.
Las grandes novelas suelen situarse en la intersección de la historia, la moral y la política, y su estudio puede contribuir a una comprensión más profunda de las estructuras sociales. Desde esta perspectiva, la literatura puede considerarse una especie de “escuela de antropología”, donde el lector entra en contacto con la diversidad de la experiencia humana. Esta concepción eleva la literatura por encima del mero entretenimiento y la convierte en parte del proceso de formación de la conciencia social. Así, cuando el Líder ártir hablaba de su conocimiento y estudio de grandes clásicos universales como El Don apacible , Los miserables , Guerra y paz , El camino del Calvario , Las uvas de la ira , Jean-Christophe , Los Thibault y otras obras, ponía de manifiesto la profundidad de su aprecio por el patrimonio artístico universal, el carácter transnacional de su pensamiento y su interés por la literatura y la imaginación creadora de los grandes escritores del mundo.
Asimismo, demostró ser plenamente consciente de las complejidades, los obstáculos y las trampas del colonialismo que afrontan escritores y creadores, así como de los movimientos literarios surgidos de las condiciones políticas y sociales de los distintos países y de las principales corrientes representadas por los grandes novelistas del mundo. En una ocasión señaló: “Premios como el Óscar y el Nobel han perdido hoy toda credibilidad. Por ejemplo, John Steinbeck luchaba por ganarse el sustento diario mientras escribía contra el imperialismo; pero, una vez que escribió una novela sobre la guerra de Vietnam favorable a Estados Unidos, recibió el Premio Nobel de Literatura”. Asimismo, formuló numerosas reflexiones acerca de la influencia recíproca existente entre la literatura y las diferentes sociedades.
El cine: el arte de la narración en el mundo contemporáneo Entre las artes modernas, el cine ocupaba un lugar privilegiado en la concepción cultural del ayatolá Jameneí. Lo consideraba uno de los instrumentos narrativos más eficaces del mundo contemporáneo, un medio capaz de modelar la imagen que una nación tiene de sí misma, de su historia y del mundo que la rodea. En sus reflexiones sobre el cine destacan varios aspectos fundamentales. En primer lugar, sostenía que el arte debía ser capaz de persuadir a su público.
A su juicio, la transmisión directa y consignista de los mensajes culturales suele tener una eficacia limitada. El arte alcanza su verdadero éxito cuando presenta su mensaje de forma atractiva y verosímil, logrando que el espectador se incorpore de manera natural al universo narrativo de la obra. Otro rasgo destacado de su pensamiento era la atención que prestaba a los aspectos técnicos de la narración cinematográfica. Así, al referirse a las películas históricas, señalaba que el empleo inadecuado de un lenguaje excesivamente arcaizante en los diálogos podía menoscabar la credibilidad de la obra.
Esta sensibilidad hacia los detalles demuestra que su concepción del cine no se limitaba a los grandes mensajes ideológicos, sino que también abarcaba sus dimensiones narrativas y lingüísticas. Resultan especialmente llamativos, e incluso quizá sin precedentes, los testimonios y observaciones relativos al estudio que realizó el ayatolá Jameneí del proceso de elaboración del guion del largometraje y la serie televisiva Santa María (la paz sea con ella), así como su visita para presenciar parte de su producción y el hecho de que visionara la obra antes de su estreno. La producción, realizada por un cineasta iraní e inspirada en la profunda y reverente representación que el Sagrado Corán ofrece de la Santísima Virgen María, madre de Jesucristo (la paz sea con él), recibió un amplio reconocimiento internacional, tal como había previsto el Líder mártir de Irán, y continúa siendo la única obra cinematográfica de referencia dedicada a la singular figura de la Santísima Virgen María (la paz sea con ella). En efecto, uno de los ejes centrales de la concepción cultural del ayatolá Jameneí era el papel del arte en la representación de las grandes personalidades históricas.
En su opinión, rendir homenaje a las figuras de la historia no puede lograrse únicamente mediante discursos o investigaciones académicas. Las artes escénicas, el cine y la literatura poseen la capacidad de hacer que esos personajes cobren vida y resulten cercanos y comprensibles para las nuevas generaciones. Una reflexión sobre liderazgo, autosuficiencia y visión civilizatoria del Líder mártir de Irán | HISPANTV Pasé casi una década de mi vida académica estudiando e investigando en Occidente antes de regresar a Irán para dedicarme a la docencia. Esa doble experiencia me ha brindado una perspectiva comparativa que considero valiosa para compartir con una audiencia internacional.
Dentro de esta concepción, el arte actúa como un medio para transformar la historia de un simple conjunto de datos e información en una experiencia vivida. Cuando una figura histórica es recreada a través de una película o de una novela, el público no solo adquiere conocimientos sobre ese personaje, sino que también establece un vínculo con su universo intelectual y emocional. A este respecto, resulta ilustrativo un pasaje de los discursos pronunciados por el Líder mártir de la Revolución Islámica de Irán hace aproximadamente una década, en el que recalcaba: “Procuren influir en la mente de las personas; convenzan a su público mediante la solidez y la veracidad de sus palabras. Esto exige reflexión.
Los hombres y mujeres de pensamiento, quienes poseen capacidad de análisis y comprensión de los asuntos, junto con los artistas, aquellos que dominan el arte de la expresión y de la comunicación —desde pintores y poetas hasta cineastas, escritores y otros creadores—, deben unir sus esfuerzos para que el resultado de su labor deje una huella profunda en la conciencia de su audiencia”. Los medios de comunicación, la radio y la televisión: la “universidad pública” de la sociedad Dentro del marco intelectual del ayatolá Jameneí, los medios de comunicación —y, de manera particular, la televisión— ocupaban un lugar estratégico en la configuración de la cultura pública. En repetidas ocasiones se refirió a la Organización de la Radio y Televisión de la República Islámica de Irán (IRIB, por sus siglas en inglés) como “la gran universidad del país”. Esta expresión pone de manifiesto que, desde su perspectiva, los medios de comunicación no constituyen únicamente un instrumento para difundir información, sino también una institución educativa y cultural con capacidad para influir en las actitudes, los valores y la conciencia de la sociedad.
Desde este punto de vista, los medios deben desempeñar simultáneamente diversas funciones: educar, entretener, informar y contribuir a la formación de la identidad cultural. La consecución de este objetivo exige, asimismo, la presencia de profesionales altamente cualificados y especializados en el ámbito de la producción de contenidos. A juicio del ayatolá Jameneí, los medios de comunicación de masas ejercen en el mundo contemporáneo una influencia que, en ocasiones, supera incluso a la de los instrumentos tradicionales del poder duro. En uno de sus mensajes dirigido a los responsables de la radiotelevisión nacional iraní, destacó “el papel incomparable de los medios de comunicación y de la propaganda en las luchas del mundo actual, más importante que nunca”, y les recordó: “Hoy, la victoria de una de las partes depende de su capacidad para recibir y transmitir el mensaje y de su manera de narrar la realidad, mucho antes de que los instrumentos militares entren en escena y ejerzan su influencia, y en una medida muy superior a la de estos”.
Del mismo modo, dos décadas antes había señalado: “Hoy, la influencia de los medios de comunicación, de la televisión, de las artes y de estas vastas redes de información de Internet... es mayor que la de las armas, los misiles e incluso la bomba atómica. Ese es el mundo en el que vivimos hoy”. Dentro del marco de su visión estratégica, el ayatolá Jameneí otorgaba prioridad a varios principios esenciales para el éxito de los medios de comunicación: la producción de contenidos culturales de alta calidad; la atención a la presentación de una narrativa veraz y rigurosa sobre la sociedad y la historia; la formación de recursos humanos profesionales en el ámbito de los medios; y el aprovechamiento de las capacidades de artistas y especialistas, con el propósito de que la organización nacional de radiodifusión se convirtiera en «una universidad destinada a elevar el nivel de conciencia y conocimiento de la sociedad; un campo de batalla para hacer frente a las oleadas hostiles de distorsión y sedición; un santuario donde los ojos y los corazones de todos puedan deleitarse con las manifestaciones de la belleza y del arte; y un centro de irradiación de esperanza y vitalidad hacia toda la esfera pública del país». En efecto, la misión cultural, religiosa y axiológica de la organización nacional de radiodifusión ocupaba un lugar central en la visión del Líder Mmártir.
A su juicio, dicha institución debía desempeñar un papel activo en la promoción de la moral, el fortalecimiento de los fundamentos y valores de la familia, el fomento de la firmeza frente al enemigo, la presentación de la verdadera imagen de Irán frente a los intentos de sus adversarios por desacreditar al país y fomentar la iranofobia y la islamofobia, así como servir tanto a los distintos sectores de la sociedad iraní como a las audiencias situadas más allá de las fronteras nacionales. De este modo, todos sus programas debían transmitir valores, inspirar esperanza, fortalecer la identidad nacional y dar a conocer al mundo el verdadero rostro de Irán y de su Revolución. Desde su perspectiva, los medios de comunicación no constituyen únicamente un instrumento para difundir información, sino uno de los principales espacios donde se construyen las «narrativas» del mundo contemporáneo. Por ello, la elaboración de relatos veraces, sólidos y persuasivos sobre la sociedad y la historia revestía una importancia fundamental en su pensamiento.
Precisamente por esta razón, el trabajo de cineastas y artistas nunca escapó a su atención, y quienes tuvieron la oportunidad de conocer personalmente a este distinguido erudito llegaron con frecuencia a reconocer en él, también en este ámbito, a un destacado experto y una autoridad en materia de comunicación y medios. El esfuerzo constante del Líder mártir por vincular el inmenso legado literario e histórico de Irán con el lenguaje y los instrumentos narrativos del mundo contemporáneo —tendiendo puentes entre la tradición y la innovación, así como entre las generaciones mayores y las más jóvenes— nacía de una convicción profunda que concebía la cultura no como un aspecto marginal de la política, sino como el sólido pilar de la vida social y la garantía de la continuidad de la identidad civilizatoria de una nación. En su concepción, la poesía, los libros, el cine y los medios de comunicación no eran simplemente ámbitos de creación artística, sino cauces vivos a través de los cuales el espíritu de una sociedad se transmite a las generaciones futuras. Si bien su asesinato a manos de la maquinaria bélica estadounidense-israelí puso fin a un capítulo de gran influencia en la historia política de Irán, el legado intelectual y cultural de esta figura sabia y erudita continúa vivo en la literatura, los medios de comunicación y el arte de esta tierra de resistencia.
Es un legado que sigue inspirando el pensamiento y la obra de numerosos escritores, poetas y artistas iraníes y de otras nacionalidades, y que continúa iluminando, como un faro resplandeciente, el camino de la cultura iraní contemporánea y de todos aquellos que, en cualquier lugar del mundo, aprecian la justicia y la libertad. * Sheida Eslami es escritora, asesora de medios de comunicación y crítica cultural, y reside en Teherán. Texto recogido de un artículo publicado en Press TV