No es la primera empresa en subirse al carro de la IA poniendo en jaque su estructura, pero con un gasto de hasta 145.000 millones de dólares, Meta es una de las que más tienen que demostrar si ha merecido la pena. El propio Mark Zuckerberg reconocía recientemente frente a sus empleados que, tal vez, el asunto se les ha ido bastante de las manos. Lo escondía bajo palabras más amables, reconociendo el miedo a "no ser lo suficientemente rápidos para adaptarnos", pero la realidad es que el proceso de transformación no podría haber sido más traumático. A los 8.000 empleados despedidos a principios de año se sumó el traslado de otros 7.000 a equipos relacionados de una forma u otra con la IA.
El ambiente, como cualquiera ya habrá imaginado, está lejos de ser el ideal entre las filas de Meta. Hasta 145.000 millones gastados sólo en 2026 Zuckerberg admitía en la reunión que el proceso no había sido limpio y, según apuntan fuentes cercanas a la compañía, la situación ha generado un panorama increíblemente tóxico para los trabajadores. Reconocen verse en un entorno de trabajo tan agotador como asfixiante y, sumado a los malos resultados que está cosechando Meta con su IA, la situación no parece tener un cambio radical a la vista. Por su parte, Mark Zuckerberg cree que la época de bonanza está a la vuelta de la esquina e incluso le ha puesto fecha en el calendario.
Asegura que aunque las mastodónticas inversiones de la IA aún no están dando sus frutos, lo harán a corto plazo, entre los próximos tres o seis meses. Si algo nos ha demostrado la situación actual, es que es un invento como una catedral. Lo sabemos porque Meta no es la única arrastrada a esa espiral de inversión sin retorno, y compañías como Microsoft y Amazon están en una posición similar, siendo Google la única que ha conseguido asomar la cabeza un poco por pura inercia y el apoyo del resto de negocios. Puede que Zuckerberg tuviese miedo a no ser lo suficientemente rápido en este giro de los acontecimientos, pero lo cierto es que para echar a 8.000 trabajadores que ahora podrían entregar otro escenario completamente distinto no le tembló la mano ni un poquito.
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