Los videojuegos basados en series anime no es que logren despuntar demasiado entre todo lo que se publica a lo largo del año. Aun así, Bandai Namco lo ha querido intentar una vez más con Echoes of Aincrad, una nueva entrega del universo de Sword Art Online y que a su vez se trata de un RPG de acción que fue anunciado hace tan solo unos meses. Lo cierto es que ha pasado un tanto desapercibido desde entonces, pero busca hacerse un hueco entre los títulos más interesantes de esta época veraniega. Que lo consiga o no es algo que deberán determinar los jugadores y los aficionados de la franquicia, aunque en mi caso he podido jugarlo a fondo durante decenas de horas para poder elaborar un veredicto en condiciones, y lo cierto es que el juego no ha parado de dejarme con sensaciones encontradas a medida que no paraba de avanzar en su mágico mundo de fantasía.
En absoluto ha llegado a ser un despropósito, pero tampoco considero que se vaya a convertir en uno de los lanzamientos más destacados de 2026. Viviendo la aventura más mortal en un videojuego La trama de la que parte Echoes of Aincrad resultará muy familiar a los seguidores de la serie, ya que nos presenta a un grupo de personajes aficionados a un videojuego en forma de MMORPG de realidad virtual. A este se conectan a través de un dispositivo que estimula todos sus sentidos para que puedan controlar a sus personajes con la mente, con un nivel de realismo tan extremadamente elevado que da la impresión de que son ellos mismos los que están sintiendo todo lo que ocurre. El problema llega cuando descubren que todo forma parte de un plan maquiavélico del creador de este juego, ya que no pueden cerrar sesión de ninguna manera.
La única manera de escapar es superando los 100 pisos de Aincrad si quieren regresar a sus vidas, pero el mayor peligro es que morirán si alguien les retira el dispositivo al que están conectados o también lo harán si su avatar acaba falleciendo, por lo que el riesgo al que se enfrentan es constante. La premisa funciona tan bien como siempre, de ahí el éxito de la saga, con la diferencia de que esta vez tenemos al frente a un nuevo grupo de personajes. Entre ellos está nuestro protagonista al que podremos darle el aspecto que queramos, pero he de decir que me chirría una barbaridad el que sea mudo por cuestión de diseño y que sus compañeros sean los únicos que hablen, porque eso le resta demasiada intensidad a las conversaciones que mantienen entre ellos y provoca que no empaticemos con él en ningún momento. Al menos, el resto de los personajes sí que me han gustado bastante más por lo diferentes que son unos de otros y por cómo sufren ante las penurias y peligros que se van interponiendo en su camino mientras buscan la manera de volver a sus vidas reales.
Desde luego, a todos nos encantaría poder vivir una aventura tan épica como en la que están envueltos, pero no con el temor de morir para siempre. En este sentido, el argumento trata este asunto a la perfección, como otros aspectos que traspasan la pantalla, como el bullying que reciben en los colegios, las inseguridades y otros motivos que les han llevado a los miles de jugadores a querer evadirse de la realidad en este juego sin saber lo que les aguardaba. La verdad es que la trama ha sido uno de los puntos más fuertes que más me ha ayudado a querer seguir progresando. Sobre todo en mi caso que es la primera vez que juego a un título de la saga, lo que me lleva a decir que no he sentido que me estuviera perdiendo algo.
Si bien hay personajes que resultarán conocidos a los que ya están más familiarizados con este universo, estos juegan un papel más secundario para brindarles todo el peso al nuevo elenco. Por lo demás, la banda sonora tiene algunos buenos temas que quedan bien con la ambientación, pero me quedo más con el doblaje, que en mi caso me decanté por las excelentes voces en japonés (también están en inglés), con unos subtítulos en castellano, aunque sin la posibilidad de modificarlo posteriormente, por lo que tenéis que pensar bien qué opciones preferís. Un quiero y no puedo de manual Pasando a la parte jugable, no negaré que ha habido momentos en los que me han dado ganas de tirar la consola por la ventana y otros en los que no quería parar de jugar. Y es que este RPG de acción no es que venga a ofrecer algo innovador y revolucionario que no se haya visto ya dentro del género, porque tenemos la típica aventura en la que vas subiendo de nivel, puedes mejorar las armas, las piezas de equipo, las estadísticas y también puedes llevar a cabo ciertos ajustes en tus compañeros de viaje.
Los combates en tiempo real hay que admitir que son espectaculares, con un ritmo espléndido y que hay momentos en los que plantean un buen desafío, porque se pueden juntar unos cuantos enemigos al mismo tiempo, algunos más poderosos de lo normal, mientras que los jefes finales nos retan a afrontar unas trepidantes batallas en las que no basta con machacar los botones sin parar. También hay que aprenderse bien sus patrones, sus puntos débiles, el mejor momento para esquivar o incluso para bloquear los impactos. En algunos aspectos se podría decir que bebe de los soulslike, como en el hecho de que tienes una barra de energía que se agota si te mueves y atacas en exceso, pero también en que los enemigos reaparecen al descansar en las zonas de reposo, lo que sirve para recuperar pociones, trasladarse a otros lugares o volver a la ciudad para reabastecerse. Tampoco es que me hayan puesto contra las cuerdas constantemente, aunque sí que ha habido ciertos enfrentamientos con los que la dificultad se disparaba algo más.
Para salir airoso de estas peleas, el protagonista dispone de habilidades especiales que varían dependiendo del arma que empuñe y lo mucho o poco que esté especializado en su manejo. Por su parte, los compañeros saben defenderse a la perfección y se puede solicitar su ayuda en determinados momentos, ya sea para sacar partido de alguna habilidad que pueda resultar de utilidad o para ejecutar con ellos algunos de los ataques más demoledores que pueden barrer con todo lo que haya a su alrededor. Sin embargo, si no fuera porque la trama y el combate me han encantado, ha habido veces que no tenía claro cuánto aguantaría jugando. El mayor problema a nivel de diseño es que he sentido que no paraba de hacer lo mismo durante horas y horas, dado que cada misión te mete de lleno en un vasto mundo con paisajes realmente deslumbrantes que prácticamente son idénticos unos de otros si no fuera porque los caminos, las montañas, castillos derruidos, lagos, etc., no están ubicados siempre en los mismos sitios.
Tampoco ayuda que los enemigos son muy similares unos de otros y a la larga da la sensación de que te estás cruzando sin parar con las mismas criaturas, como también ocurre con los enemigos de tipo élite y algunos jefes finales. Además, los caminos se vuelven eternos en algunos momentos, lo que implica que te debes de pegar unas pateadas descomunales para ir de un punto a otro a medida que vas desbloqueando las zonas de reposo, lo que también ayuda para mostrar una porción del mapa con sus tesoros y secretos ocultos. Razón por la que una sola misión se puede tardar unas horas en completarla. Por culpa de ello, las misiones secundarias no me interesaban lo más mínimo, así que solo completé aquellas que realmente pudieran aportarme algún beneficio, como desbloquear alguna nueva función.
En cualquier caso, es una pena que el mundo no esté a la altura de su jugabilidad, porque con los combates me lo he pasado en grande y por eso nunca dejaba títere con cabeza, aun consciente de que eso iba a ralentizar mi travesía bastante más de lo normal. Eso sí, por lo que mencionaba que me daban ganas de estampar el mando contra la pared, es el hecho de que se nota una barbaridad que el juego necesita un buen pulido. Lo menos grave que me ha pasado es que algunas habilidades y objetos no se usaran adecuadamente por mucho que pulsara los botones correspondientes o que la partida se me quedara congelada y causara algún error que me devolvía al menú de la consola. Asimismo, me he encontrado con misiones que no se completaban al terminarlas o que el juego no avanzaba si me mataban, lo que no me dejaba más remedio que reiniciarlo.
A esto se suma que ha habido algún jefe final que se ha vuelto invulnerable a mis golpes y debía dejarme matar para solucionarlo y hasta perdía los objetos que usaba durante los combates, aunque tuviera que forzar un reinicio. Pero si hay algo que se lleva la palma, y es algo que no entenderé nunca en juegos que son para una sola persona, es que no puedas pausar la partida. Tenía que salir al menú de la consola para ello, porque si abría el menú para consultar cualquier cosa corría el riesgo de que algún enemigo me pudiera machacar mientras tanto. Curiosamente, eso sucedía también si solicitaba la ayuda de un compañero, ya que en pantalla aparece la típica secuencia de animación que no resultaría un problema de presenciar mil veces (también por lo espectaculares que son) si no fuera porque la acción no para mientras tanto, aunque solo para los enemigos, lo que ha causado que me hayan golpeado o incluso matado sin poder evitarlo.
En resumidas cuentas, Echoes of Aincrad puede presumir de aspectos maravillosos como su argumento, sus personajes, los combates y el nivel gráfico en general. Por desgracia, la falta de variedad en sus escenarios, en los objetivos a cumplir y los graves fallos a nivel de pulido son detalles que resulta complicado ignorar. A pesar de ello, su mundo de fantasía tenía algo que causaba que siempre tuviera ganas de volver, porque puede que no sea uno de los mejores RPG del año, pero al menos sabe cómo mantenerte bien entretenido y eso al menos siempre es de agradecer para que no sientas que las decenas de horas se hagan tediosas. En VidaExtra | Los 34 mejores RPG para PC