No le valía sólo con ganar, quería hacerlo sin que quedara duda alguna de su superioridad. Tenía tantas ganas que masacró a su rival, a su 'bestia negra' deportiva. Eran siete derrotas consecutivas, la más reciente días atrás en la hierba de Halle, en su Alemania natal. Demasiados malos momentos, que vengó a lo grande.
Alexander Zverev se ha soltado definitivamente. El respaldo del reciente título en Roland Garros le ha llevado a otra dimensión. A una confianza ciega en sus poderes. Hasta le corre la derecha sin cometer errores tonto con su mayor debilidad, que ha trabajado mucho.
Y está recogiendo los resultados. Nunca había pasado de octavos de final de Wimbledon. No podía ser sólo el césped, sobre el que ha sido tres veces finalistas, también era una barrera mental en el All England Club. No se sentía tan seguro como en pista dura y acababa naufragando.
Superó esa ronda al cuarto intento, no se ha parado ahí. Ya está en semifinales, la duodécima de su carrera en Grand Slam. Sascha Zverev, 29 años y nº 3, eliminó al estadounidense Taylor Fritz, 28 años y nº 7, por 6-4, 6-4 y 6-2 en 1h.55'. Imperial el de Hamburgo con su saque, que no entregó.
Volvió a ganar a un superado Fritz, que había sido una pesadilla desde Wimbledon 2024 ganando sus siete duelos. Recupera su fuerza Zverev, su sexto triunfo en dieciséis encuentros profesionales entre ellos. El teutón sí había sido mejor en Wimbledon 2018 y 2021, pagó caro no haber mantenido una ventaja de dos sets a favor en la edición de 2024. Entró en barrena frente al norteamericano.
Pero está madurando el mejor Zverev de siempre. Dejó de ser el eterno candidato a un Grand Slam, que ya tiene, puede volver a soñar con el número uno mundial. Ya tiene a tiro el nº 2, superará a Carlos Alcaraz si bate a la gran sorpresa del evento, el británico Arthur Fery, 23 años y nº 114, que arrasó al italiano Flavio Cobolli por 6-4, 7-6 (4) y 6-0.