El tráiler de Dune 3 esconde a un personaje que Villeneuve lleva cuatro años evitando enseñar, y es lo más perturbador que ha dado la saga

El tráiler de Dune 3 esconde a un personaje que Villeneuve lleva cuatro años evitando enseñar, y es lo más perturbador que ha dado la saga

Hay un plano en el nuevo tráiler de Dune: Parte 3 que dura poco más de un segundo: un sarcófago que flota, con su contenido envuelto en un vapor anaranjado, escoltado por misteriosas figuras. Ese plano lleva ahí, en alguna versión, desde marzo. Ayer volvió a aparecer, esta vez en un tráiler más largo, presentado por Villeneuve y Chalamet en un evento IMAX simultáneo en media docena de ciudades. Y sigue sin enseñarnos gran cosa.

Ese sarcófago, según todos los indicios, es Edric, el Navegante de la Cofradía Espacial, y si Denis Villeneuve ha conseguido esconder a un personaje central de Mesías de Dune durante casi un lustro sin que nadie se lo tome como una promesa incumplida, es porque sabe exactamente lo que está haciendo. ¿Qué tiene Edric que merece cuatro años de ocultamiento deliberado? La respuesta supone escarbar en el lore de los libros de Frank Herbert de la saga Dune: es un ser humano que ha absorbido tanta especia durante tantas décadas que ha dejado de parecerse a un ser humano. No hay giro narrativo que lo redima ni metáfora que lo suavice, tampoco es un monstruo temible. No es un alienígena llegado de otro punto de la galaxia, ni una criatura fabricada en un laboratorio tleilaxu: es, sencillamente, lo que le pasa a un cuerpo humano cuando se le somete durante décadas a la droga más valiosa del universo.

Es, directamente, lo que la adicción hace cuando se le da tiempo y presupuesto ilimitados. Un pez encerrado en su propio mar En las novelas de Frank Herbert, un Navegante de la Cofradía en su última fase es una figura alargada, de pies palmeados y manos membranosas y desproporcionadas, que Herbert describe como "un pez en un mar extraño". Vive encerrado en un tanque de gas naranja del que jamás sale, ni en el libro ni, hasta la fecha, en ninguna imagen promocional de la trilogía de Villeneuve. La causa es sencilla y a la vez perturbadora: décadas de exposición a dosis masivas de melange, la misma sustancia que Paul necesita para ver el futuro, han reorganizado su cuerpo hasta dejarlo irreconocible.

No es una mutación heroica ni una transformación mística con final feliz. Es el precio, hecho carne, de plegar el espacio con la mente y permitir el comercio y el transporte por el universo. ¿No es genial Dune? El navegante está porque su propia presciencia, aunque limitada, hace algo muy concreto: nubla la visión de cualquier otro ser prescente que tenga cerca Lo inquietante no es solo su aspecto. Es que la Cofradía entera funciona así, y lleva funcionando así generaciones enteras sin que nadie, ni el Emperador, ni las Bene Gesserit, ni los propios Navegantes, se plantee seriamente si merece la pena.

El monopolio de la Cofradía sobre el transporte interestelar depende, precisamente, de que casi nadie en el Imperio llegue a ver a un Navegante en persona: cuanto menos se sabe de lo que hay dentro de esos tanques, más fácil resulta aceptar el precio que cobran por cada viaje. Es un negocio que se sostiene, en parte, sobre la discreción con la que esconde su propio horror, algo que convierte a Edric en mucho más que un cameo curioso, es la prueba física de hasta dónde llega esa decisión empresarial. Por qué la Cofradía necesita un monstruo Edric no está en la conspiración contra Paul porque sepa pelear ni porque tenga ejércitos a su disposición. Está porque su propia presciencia, aunque limitada, hace algo muy concreto: nubla la visión de cualquier otro ser prescente que tenga cerca.

En el universo que construyó Herbert, un oráculo no puede ver con claridad las acciones de otro oráculo, es una de esas reglas que parecen menores dentro de la mitología Dune pero que sostienen este universo narrativo. La idea no es exclusiva de Dune: la tradición griega también dejó constancia de videntes que pagaban su don con la propia vista, como Tiresias, o el propio Odín en la mitología nórdica, que sacrificó un ojo a cambio de ese don, como si el precio de ver más allá fuera siempre dejar de ver algo del mundo inmediato. Herbert, que se documentó a fondo sobre ecología, religión comparada y misticismo antes de escribir la saga, parece estar jugando con esa misma idea: cuanto más ves del futuro, menos capaz eres de ver a quien tienes delante. Por eso Irulan, Mohiam y Scytale necesitan a Edric junto a ellos en cada reunión de la conspiración.

No es un guardaespaldas. Es, literalmente, un punto ciego con forma de pez humano, y basta con que esté en la sala para que Paul deje de intuir lo que se está tramando dentro de ella. Es una idea de una crueldad casi elegante: el arma más poderosa contra el hombre que puede ver el futuro es otro hombre que, sin quererlo, tapa una parte de ese futuro con su sola presencia. Y es, para la conspiración, la baza perfecta: nadie sospecha de alguien que apenas puede sostenerse fuera de un tanque de gas.

Cuatro años construyendo el misterio antes de tener que resolverlo Cuando se estrenó Dune en 2021, Denis Villeneuve decidió ocultar deliberadamente a los Navegantes de la Cofradía Espacial para preservar el carácter místico del viaje interestelar, una decisión que, según explicó entonces, se mantendría durante las dos primeras películas. Esa ausencia cobra ahora una nueva dimensión con Dune: Parte 3, ya que la adaptación de Mesías de Dune obliga a introducir por fin a Edric, un personaje clave cuya revelación lleva cuatro años construyéndose. El misterioso sarcófago que aparece en el tráiler yo creo que se trata de un recipiente en el que se esconde el ghola Hayt, interpretado por Jason Momoa, pero medio internet da por hecho que se trata de uno de los misteriosos navegantes, así que voy a dejarme llevar por las corrientes de la senda dorada y aceptar su propuesta porque, en realidad, que sea un navegante o no es lo de menos, lo importante es que Villeneuve está guardándose este importante elemento de la mitología de la saga Dune en la manga. El nuevo tráiler no despeja las dudas y no sería la primera vez que una adaptación de Dune interpreta visualmente a Edric de forma distinta a lo descrito por los libros.

Desde la extravagante criatura de la versión de David Lynch hasta las versiones televisivas de comienzos de los 2000, cada adaptación ha ofrecido una visión diferente del Navegante. Precisamente por eso, me parece que la apuesta de Villeneuve de no mostrarlo hasta el último momento es la más arriesgada: cuanto mayor es la expectación, mayor será también el riesgo de decepcionar cuando finalmente decida enseñarlo. Pero yo confío en Villeneuve: hasta ahora ha hecho un trabajo maravilloso. Puede que cuando Dune: Parte 3 llegue a los cines el 18 de diciembre, Edric siga sin aparecer del todo.

Puede que Villeneuve encuentre una manera de mantenerlo en las sombras incluso dentro de su propia película, como ha hecho durante cuatro años con los tráilers. En 3DJuegos | Una de las grandes series de ciencia ficción del momento ha conseguido replicar la magia de los mejores finales de Perdidos En 3DJuegos | Hay 2 versiones de Superman 2 y el motivo está lleno de rencor y despidos