El mercado de vehículos de ocasión en España vive un auge sin precedentes debido a las barreras económicas para acceder a un coche nuevo. Compañías como Flexicar o Autohero están siendo las grandes beneficiadas, o como es el caso que hoy nos trae hasta aquí, Autofesa, a quien una serie de malas prácticas ha hecho protagonista. El último y dramático caso destapado en la Comunidad de Madrid demuestra cómo las lagunas en las revisiones preentrega de los grandes concesionarios pueden terminar en un siniestro de consecuencias potencialmente fatales. Coche averiado La adquisición de un coche de segunda mano exige una exhaustiva verificación técnica que, desafortunadamente, muchos compradores noveles omiten por exceso de confianza en marcas consolidadas.
Según ha desvelado una investigación del portal de referencia Consumidor Global, una joven de 25 años y su pareja acudieron a las instalaciones de Autofesa en Madrid, un operador histórico del mercado de ocasión fundado en 1968. Las compradoras salieron del establecimiento al volante de un Citroën C4 financiado por un importe de 7.450 euros, en una transacción que, a toro pasado, estuvo marcada por flagrantes anomalías. El personal de ventas no solo disuadió a las jóvenes de realizar la obligatoria prueba de conducción dinámica, sino que entregó el utilitario sin verificar los niveles mínimos de seguridad: el coche carecía por completo de líquido refrigerante y de líquido de frenos. La entrega del automóvil fue el prólogo de un calvario documentado en las hojas de reclamaciones oficiales presentadas ante Consumo.
Apenas veinticuatro horas después de la compra, se activaron los testigos de subinflado de neumáticos. Quince días más tarde, el coche sufrió una pérdida masiva de potencia acompañada de fallos en el embrague. Para las fechas navideñas, el taller del concesionario ya había tenido que sustituir de urgencia amortiguadores, copelas, bobinas de encendido, bujías, el brazo de suspensión derecho y el sensor de nivel de aceite. La degradación del motor alcanzó su cénit en junio de 2026, cuando una pérdida severa de lubricante empapó el motor de arranque y provocó que el vehículo fuera rechazado en una inspección pre-ITV, requiriendo la asistencia de la grúa tras quedar el coche completamente inmovilizado.
Fallos mecánicos A pesar de que el servicio técnico del compraventa arregló los problemas mecánicos, amparados por la garantía legal, las deficiencias estructurales del vehículo terminaron por provocar una situación catastrófica en carretera. Durante uno de los trayectos, un fallo en la caja de cambios bloqueó por completo la transmisión del Citroën C4 en plena marcha. La conductora perdió de forma instantánea el control de la dirección y la trayectoria del automóvil, lo que provocó que terminara impactando de forma violenta contra el tronco de un árbol. El verdadero impacto de este escándalo se reveló semanas después del accidente debido a una carambola burocrática del propio fabricante: - La propietaria recibió una carta oficial de la marca del coche para proceder a la sustitución de un airbag defectuoso correspondiente a la serie de su modelo. - Al acudir a verificar el componente, los mecánicos descubrieron que el coche no disponía del airbag delantero del conductor.
El volante estaba completamente vacío por dentro, una circunstancia que el concesionario ocultó o fue incapaz de detectar en sus supuestas revisiones previas a la venta. - El peritaje independiente determinó que si el bloqueo de la caja de cambios hubiera provocado un choque frontal en lugar de trasero, el impacto de la conductora contra el volante desarmado habría resultado mortal. La afectada ha formalizado una demanda para exigir la resolución inmediata del contrato de compraventa, la devolución íntegra de los 7.450 euros y la cancelación absoluta de la financiación por un delito de riesgo manifiesto contra la integridad física.