El método persa para combatir el calor no era enfriar más: era construir casas que no se calentaran

El método persa para combatir el calor no era enfriar más: era construir casas que no se calentaran

Durante décadas, el aire acondicionado fue la gran respuesta al calor. Si una casa se calentaba, se instalaba una máquina más potente. Si la ciudad se volvía insoportable, se sumaban más equipos, más consumo eléctrico y más dependencia de una solución que enfría interiores, pero también tensiona redes y aumenta emisiones. El problema ya no es menor.

La Agencia Internacional de la Energía calcula que el uso de aires acondicionados y ventiladores representa casi el 20% de toda la electricidad usada en edificios y cerca del 10% del consumo eléctrico global. Además, advierte que, sin políticas de eficiencia, la demanda energética para refrigeración podría más que triplicarse hacia 2050. Frente a ese panorama, una idea antigua vuelve a sonar moderna: quizá el primer paso no sea enfriar más, sino construir mejor. Y pocas ciudades lo entendieron tan bien como Yazd, en Irán. © Maravillas del Mundo Youtube.

El método persa no atacaba el calor: lo evitaba Yazd se encuentra en medio de la meseta iraní, en un entorno desértico donde sobrevivir siempre exigió usar los recursos con inteligencia. La UNESCO describe la ciudad como un testimonio vivo del uso de recursos limitados para la vida en el desierto , con agua transportada mediante qanats y una arquitectura de tierra que conservó viviendas tradicionales, patios, bazares y sistemas históricos. La clave estaba en que el edificio no era una caja indiferente al clima. Era parte del sistema de refrigeración.

Los muros gruesos de tierra retrasaban la entrada del calor. Los patios interiores generaban microclimas protegidos del sol. Los espacios semienterrados aprovechaban la temperatura más estable del subsuelo. Y los qanats llevaban agua subterránea que también ayudaba a refrescar el ambiente.

En ese conjunto aparecía el elemento más reconocible: el bâdgir, o captador de viento. A simple vista parece una torre decorativa sobre el techo. En realidad, funciona como un sistema de ventilación pasiva. Puede capturar corrientes de aire y dirigirlas al interior, pero también favorecer la salida del aire caliente por efecto chimenea.

La UNESCO resume esa inteligencia climática al señalar que en Yazd los captadores de viento, los patios y los muros gruesos de tierra crean un microclima agradable . También destaca que la ciudad es un ejemplo de adaptación de la vida a un entorno hostil durante varios milenios. La tecnología moderna está redescubriendo una idea muy vieja Lo más interesante es que el bâdgir no era una pieza aislada. Funcionaba dentro de una ciudad pensada para dar sombra, canalizar aire, conservar agua y reducir la exposición directa al sol.

La arquitectura no intentaba corregir el clima después de construir: lo incorporaba desde el inicio. La refrigeración moderna tomó el camino contrario durante buena parte del siglo XX. Muchos edificios empezaron a depender de fachadas de vidrio, hormigón, grandes superficies expuestas y máquinas capaces de compensar todo eso. Funcionó mientras la energía parecía barata y el calor no era una emergencia globa l.

Hoy esa lógica empieza a mostrar sus límites. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente advierte que la demanda de refrigeración podría más que triplicarse hacia 2050 si todo sigue como hasta ahora, empujada por el crecimiento de la población, el aumento de ingresos y eventos de calor extremo más frecuentes. Por eso las soluciones pasivas vuelven a ganar fuerza. No se trata de copiar literalmente una casa persa en cualquier ciudad, sino de recuperar su principio: sombra antes que máquina, ventilación antes que compresor, masa térmica antes que consumo permanente.

Hay ejemplos modernos que van en esa dirección. El Centro de Visitantes del Parque Nacional Zion, en Estados Unidos, utiliza ventilación natural, protecciones solares y torres de enfriamiento evaporativo. El Departamento de Energía de EEUU explica que esas torres enfrían el aire con agua evaporada y que el edificio fue diseñado con cargas eléctricas mínimas y sin aire acondicionado convencional. La lección no es que haya que renunciar al aire acondicionado.

En olas de calor extremas, hospitales, hogares con adultos mayores o viviendas mal aisladas, puede ser una herramienta necesaria. Pero sí demuestra algo incómodo: durante años intentamos resolver el calor agregando máquinas a edificios que muchas veces fueron pensados como si el clima no importara. Los persas siguieron el camino opuesto. Antes de preguntarse cómo enfriar una casa, pensaron cómo construir una que necesitara enfriarse lo menos posible.

Y en plena crisis de calor, esa vieja idea empieza a parecer menos antigua que muchas de nuestras soluciones modernas. Fuente: Xataka.