A todos nos gusta el píxel art. Vemos esos cuadraditos de colores y nos fascinan. El estilazo que han llegado a alcanzar pixel artists como Miky Arias o Nerkin provocan que se nos desencaje la mandíbula al ver sus trabajos en Farlands o en Blasphemous. Pero el videojuego no vive solo de píxel art.
Es cierto que le tenemos muchísimo cariño, ya que es un estilo que comprendemos como propio de nuestro medio, pero no es el único. Tras los cielos azules y pixelados de Super Nintendo y Mega Drive, llegaron los oscuros polígonos rotos y que se hacían trizas bailando en nuestra pantalla de PSX. Cuando en ese instante se dio el salto de un estilo a otro, los gráficos de la primera PlayStation se tacharon de híper realistas, de maravillosos, de fabulosos. ¿Lo recordáis? Sin embargo, hoy en día están totalmente denostados.
Nos cuesta horrores regresar a ellos, a diferencia de lo poquito que nos cuesta jugarnos a un nuevo JPRG de Super NES con su esplendor pixelado. Pues bien, esta percepción es un error y vengo a convencerte de por qué. Y también a Alberto Pastor, redactor jefe de esta casa, que no me deja hablar de los juegos que recuperan esta estética, que me dice que no os gustan. El auge de los juegos Low Poly "El hecho de hacer low-poly en Discopup surge por la necesidad (...).
Al coger la estética low-poly y la aplicamos a Animal Crossing, se da el paradigma de que pilla un punto de terror. El juego te da mala espina y la estética te lleva a momentos raros, a un tono híbrido entre curiosidad, miedo risa…". Esto me lo contó el equipo de desarrollo Discopup, Parry Mechanics, un videojuego que mezcla una estética PS1 con modelados y uso de la cámara más del gusto de PS2. Esto es justo lo que se logra cuando se aplica este estilo visual: un mal rollo único que te sacude como ningún otro, una sensación muy Twin Peaks.
Da tan mala espina esta estética, y a la vez es tan artificial, que hace que esta mezcla sea perfecta y única. Lynch lo aprobaría Discopup es un título fascinante. Va de una foca que quiere entrar en una discoteca solo para perros. Para lograrlo, tiene que engañar a un portero de que es un perro.
Eso lo lleva a una búsqueda alocada contra el tiempo por todo el barrio. El tono del juego está entre Silent Hill, The Secret of Monkey Island y la propia Twin Peaks. Da tan mala espina esta estética, y a la vez es tan artificial, que hace que esta mezcla sea perfecta y única. Lynch lo aprobaría.
Paradójicamente, ambos estilos gráficos, el píxel art y el low poly nacieron de una combinación entre limitaciones y necesidades expresivas, pero ambas te llevan a sitios muy diferentes como jugador cuando las disfrutas. Valerie Dusk y Valerie Dawn, autoras de Apolysys me contaron: "crecí jugando con la PS1, y mis primeros recuerdos como jugadora son con la estética de la primera PlayStation. Creo que esas texturas 'crujientes' y los modelados de baja carga poligonal le permiten a la mente del jugador rellenar con su imaginación lo que no ve, lo que es muy útil cuando quieres crear cosas surrealistas. No está ahí todo para que lo mires, lo que crea un efecto inquietante". ¿Y a qué género le va esto que ni pintado?
No solo al terror, también al Soulslike. Podéis probar ya la demo de Prison of Husks. Este es el primer Soulslike que pruebo con este estilo gráfico. Lo interesante es que se viste con una apariencia que recuerda más a los prototipos originales de ICO para PlayStation que a Dark Souls, lo cual es curioso ya que, sin ICO, Hidetaka Miyazaki jamás habría encontrado el tono ideal para sus aventuras.
Anímate a jugar a Prison of Husks, un ICO hecho Souls Prison of Husks tiene texturas y aspecto de PSX, pero una cámara más de PlayStation 2. La indefinición ayuda a que sus muñecas protagonistas orbiten entre lo humano y lo monstruoso, y los modelados tan cuadrados favorecen mucho que el escenario tenga más aspecto de máquina, de caja que manipular moviendo manivelas y resortes. El juego es bastante malévolo escondiendo en la suciedad de su imagen muñecas hostiles que nos atacan en las segunda fase del boss, y el toque PlayStation le da una pátina de nostalgia rara que hasta que te sientas raro por tenerla; en plan "¿cómo puedo tener nostalgia por estos gráficos?". Pero luego recuerdas Vagrant Story y, en efecto, sientes nostalgia.
En realidad, lo que impide que este estilo gráfico se haga más popular es su principal valor. Se puede decir que sus gráficos son feos, porque necesitan ser feos y extraños para llevarte emocionalmente a dónde te quieren llevar. Son como ver una paloma muerta. Da asco, pero también te quedas mirándola como un tonto y pensando qué pudo haberla matado.
Esto es lo que más me gusta de esta estética. Cuando alguien recurre a estos gráficos es como que cualquier cosa puede suceder Hace pocas semanas pude jugar a Dread Delusion. Este es el Skyrim low-poly. Se aprovecha de ese aspecto de PlayStation 1 para hacer algo muy divertido: ser cutre también en sus mecánicas.
Es un videojuego increíble porque es sumamente artificial. Te mira un guarda y corre tras de ti como un pollo sin cabeza, sin fantásticas animaciones ni una IA de locos. Corre a por ti con toda la honestidad como lo haría en PSX, y eso te permite engañarlo, solo que a propósito, ya que de eso va el juego. Eso es lo que aporta la capa de lo feo.
Tiene que serlo para meterte en un sueño imposible, para que aceptes que aquí rigen las reglas propias de un videojuego de antes. Y a mí esto es lo que más me gusta de esta estética. Cuando alguien recurre a estos gráficos es como que cualquier cosa puede suceder. Una foca puede entrar en una discoteca para perros, previo paso por el cielo con beef incluido de San Pedro.
Puedo jugar a un Souls protagonizado por muñecas psicóticas en un demake de ICO o jugar a un Skyrim en el que los bugs sí son parte esencial de la experiencia, no casualidades de la vida. La estética lowpoly entre PS1 y PS2 no es la única que está regresando. Mina the Hollower nos ha demostrado que la de Game Boy merece muchísimo la pena, y hay títulos muy interesantes que regresan a los amarillos y verdes de la portátil original. Videojuegos como Fugaz regresan a los píxeles mínimos de Atari o Tormenture reexamina el mítico Adventure de una forma única.
A mí esto es lo que más me fascina. Son estilos artísticos que nacieron a partir de las limitaciones, pero no dejan nunca de romperlas para ofrecernos experiencias muy nuevas y frescas. Este es el camino que más interesante me parece de la industria a día de hoy. Estéticas baratas y sostenibles, con voz y potentes.
Ojalá más gente se acerque a ellas y dejen de hacer falta máquinas que, a día de hoy, nadie puede pagar o equipos de desarrollo que se arriesgan tanto que si no venden cien millones de copias de sus juegos se van a la calle. Ahora llenad la sección de comentarios pidiendo más juegos de estos para que Alberto Pastor me deje hablar más de ellos. Ya no por mí. Por la industria y por los niños, que nadie piensa nunca en los niños.
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