La prueba de Selectividad de China es la más antigua del mundo, pero entre 1966 y 1977 cambió por completo

La prueba de Selectividad de China es la más antigua del mundo, pero entre 1966 y 1977 cambió por completo

El examen más importante que hace cualquier persona en su vida, con toda probabilidad, es el de la selectividad. Es el que va a determinar nuestro futuro si queremos cursar una formación más especializada y encontrar nuestro lugar dentro del mundo como miembros productivos de la sociedad -sin que eso signifique sea el único, es la vía óptima, pero no la exclusiva ni mucho menos. Lo que está claro es que todos los países con un sistema educativo solidificado y establecido tienen una prueba que sirve de rito de paso de la educación a la preparación para el mundo laboral, pero si tenemos que buscar la prueba más antigua y exigente del mundo, la encontramos en China. Cada junio, más de 10 millones de jóvenes se encierran durante dos o tres días para hacer un examen en concreto: el gaokao.

De su nota depende la universidad a la que entrarán, y de esa universidad depende, en gran medida, su futuro laboral, social y hasta matrimonial. Una sola oportunidad al año. Sin margen de error. Pero lo llamativo en sí no es tanto su antigüedad o su nivel de importancia, sino cómo ha resistido tantos años y se ha adaptado sin perder su esencia: el examen que tanto élites como ciudadanos de a pie de todos sus periodos debían superar para tener ese futuro.

La selectividad más milenaria, el keju En realidad el gaokao no es la única versión que existe de esta prueba. Todo comienza en el año 600 d.C, con la introducción del keju, el examen imperial chino, nació formalmente en la dinastía Sui. Esta prueba estaba destinada a filtrar a los funcionarios de la corte imperial independientemente de su procedencia o estatus social; todos debían someterse por igual a sus preguntas, y ser de familia noble no garantizaba superarlo más que si se era un campesino que se había formado en su tiempo libre para acceder, tal y como explica la investigación publicada en Language Testing in Asia (Springer), y que añade que se perfeccionó en la dinastia Tang. Sin embargo, con la llegada del comunismo, el keju sufrió una importante transformación.

En 1952, tres años después de la fundación de la República Popular se empezó a modificar; primero en su nombre (de keju, pasó a llamarse gaokao), y en en julio de 1966, con el estallido de la Revolución Cultural, Mao lo abolió por completo: durante once años, el ingreso a la universidad dejó de depender de exámenes y pasó a depender de comités políticos y recomendaciones ideológicas. El sistema que había sobrevivido dinastías, invasiones y la caída del imperio fue apagado de un plumazo por decreto. Pese a ello, muchos ciudadanos e instituciones seguían arraigadas a esa filosofía de meritocracia que propugnaba el keju original y su primera evolución en gaokao. No podían hacer nada por variar los nuevos criterios de selección, pero no los abandonaron del todo.

Un retorno y refuerzo en 1977 En 1977, bajo el impulso de Deng Xiaoping, se decidió restaurar el gaokao en todas las escuelas y universidades del país, y si alguien pensaba que la antigua prueba estaba muerta, la realidad fue otra bien distinta. Pese a haber estado abolido durante 11 años, se presentaron 5'7 millones de aspirantes para ocupar apenas 273.000 plazas, según cifras de la agencia estatal Xinhua; una tasa de admisión de menos del 5%. Para cubrir la demanda de aspirantes a examinarse, se cuenta que el papel reservado para imprimir las obras completas de Mao terminó usándose para imprimir aquellos exámenes. Además de estudiantes, en esa primera convocatoria del "gaokao reformado" se presentaron campesinos y obreros (igual que hace siglos), que llevaban una década esperando poder optar a una oportunidad de mejorar su vida.

A día de hoy el gaokao sigue funcionando como prueba de más alto nivel académico en China. Un estudio publicado en el Journal of Public Economics demostró, con datos de salarios reales, que quedar justo por encima del corte de admisión a una universidad de élite no solo cambia la trayectoria académica de un joven chino, sino que le sube el sueldo en su primer empleo. El gaokao no es solo la prueba de que China lleva milenio y medio determinando a su élite con un examen único. Es también la prueba de que ese sistema, pese a su aparente inercia milenaria, es frágil como cualquier construcción política, pero demuestra que el pueblo chino también puede demostrar un grado de individualismo y superación por uno mismo mayor que el que asociamos en la actualidad a su sistema de gobierno o filosofía de vida.

Es la opuesta a la occidental: se dice que ellos viven para trabajar mientras que nosotros trabajamos para vivir, pero paradójicamente esta prueba lanza el mensaje opuesto. Imagen de portada: Campus de la universidad de Tsinghua, HoweyYuan - vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)