Pau Cubarsí se inventó un disparo desde fuera del área cuando Mikel Merino estaba ya en el campo, cuando se arañaba la prórroga. Un disparo con intención, con toda la fuerza del tipo honrado que con sus 19 años había vivido un carrusel de emociones en el partido. Cubarsí apretó los dientes y miro a Lammens. Y el golpeo de su bota tenía concentrada todas sus ganas de seguir en un Mundial que está siendo su confirmación como magnífico central.
Ahí estaba Mikel Merino, el futbolista que siempre encuentra la prenda fetiche en las rebajas de verano de El Corte Inglés, un tipo con suerte, que corrió a buscar a su mujer en la grada con su bebé en brazos. Viajó a Los Ángeles Lola Liberal con su hijo Marco para poder estar cerca de papá que sufría porque se había perdido los dos primeros meses de vida de su hijo por estar en el Mundial, un lamento consentido, hablado en familia, asumido y sobrevivido con las llamadas con cámara. Pero a través del teléfono ni hueles a tu bebé, ni le puedes besar, ni lo puedes achuchar. A través del teléfono te queda la sensación de que todo es irreal.
Golpeó Cubarsí el balón con el alma de gente de pueblo, sencilla, de vida familiar, en la carpintería. Ese disparo tenía la identidad de cada uno de los 185 habitantes de Estanyol donde creció, la fuerza de La Masia azulgrana que le ha formado, de Hansi Flick que lo ha mimado y de un Luis de la Fuente que lo ama. Decía Cucurella que se tatuaría la cara de De la Fuente si gana España el Mundial. Y se merece el seleccionador no sé si un tatuaje pero si un monumento, porque mueve el banquillo como nadie.
Le sale genial al seleccionador darle al equipo la solución que necesita en cada momento. Sus partidos los concibe pensando en qué pasará cuando entre ese jugador fresco que pueda ser la clave. Es muy bueno el seleccionador pero yo me tatuaba la cara de Cubarsí. Y no me importaría que fuera su cara después de ver que De Ketelaere le ganaba en el salto en el gol del empate de Bélgica.
Ese momento en el que te quieres morir. Porque sí, sabía Cubarsí que el belga estuvo mejor que él. Se marchó al descanso cabizbajo el central azulgrana, repasando esa jugada, lamentándose por no haber saltado más, por no haberse anticipado. Un Mundial absolutamente increíble lleva Cubarsí, con una seguridad brutal.
Pero ese gol, ese diablo de gol, rompía el récord de Unai dejándolo en 650 minutos, que es impresionante, pero en el partido fue un azote de realidad: ya no eran imbatibles. Luis de la Fuente se encargó de darle a Cubarsí en la pausa el mensaje que necesita, el abrazo del que sabe necesita a la pareja de Laporte en el campo para intentar ganar este Mundial. Notó la confianza Cubarsí ‘el Niño’, de todos. Ese disparo desde fuera del área lo paró Lemmens pero llevaba tanta fuerza que en el rechace estaba Mikel Merino para que Cubarsí pudiera seguir vivo en el Mundial.