Por Ivan Kesic Desde los escombros de la guerra impuesta en la década de 1980 hasta la construcción de más de 20 millones de viviendas —el 90 % de ellas edificadas tras la Revolución Islámica—, la visión estratégica del Imam Jameneí guio la transformación de Irán, que pasó de ser un país dependiente de los monopolios extranjeros de la construcción a convertirse en una potencia mundial en materiales de construcción e ingeniería nacional. Antes de la Revolución Islámica de 1979, los sectores de la vivienda y la construcción en Irán estaban dominados por corporaciones extranjeras, en particular por empresas estadounidenses como Starrett Housing, que controlaban los mayores megaproyectos residenciales del país e importaban más del 80 % de los materiales de construcción desde Estados Unidos a precios inflados. La Revolución puso fin a ese dominio, pero la posterior guerra impuesta y las paralizantes sanciones obligaron al nuevo liderazgo a afrontar una realidad ineludible: la supervivencia de Irán dependía de alcanzar la autosuficiencia. Desde los años de la Defensa Sagrada y a lo largo de décadas de sanciones ilegales y asfixiantes, el Imam Jameneí consideró de manera constante que la vivienda no era simplemente un sector económico, sino una prioridad estratégica nacional, capaz de generar empleo, dinamizar 143 industrias conexas, producir divisas mediante las exportaciones y proporcionar dignidad y estabilidad a las familias iraníes.
Su visión, expresada en innumerables discursos y directrices oficiales, transformó la construcción de un símbolo de dependencia extranjera en una prueba de la resiliencia iraní. Esta es la historia de esa transformación: cómo la vivienda se convirtió en uno de los pilares de la economía de resistencia, en un motor de la industria nacional y en una piedra angular de la justicia social en la República Islámica. Visita del Imam Jameneí a una escuela nómada en 1988 Del monopolio extranjero a la autosuficiencia nacional Durante las décadas previas a la Revolución Islámica de 1979 y a la caída de la dictadura Pahlavi, respaldada por Occidente, la industria de la construcción iraní era un terreno dominado por corporaciones extranjeras. La empresa estadounidense Starrett Housing Corporation, conocida por haber construido el Empire State Building y la Torre Trump en Nueva York, recibió el control exclusivo de los mayores megaproyectos residenciales de Irán en la década de 1970, entre ellos los complejos Ekbatan, Zomorod y Alborz, en Teherán.
El régimen Pahlavi concedió generosamente a Starrett terrenos nacionalizados de manera gratuita, permitiendo que la empresa obtuviera enormes beneficios mediante la venta de apartamentos, destinados principalmente a las clases media y alta iraníes. El acuerdo era profundamente desigual: los contratos exigían que más del 80 % de los materiales de construcción fueran importados desde Estados Unidos, a menudo a precios varias veces superiores a los de las alternativas nacionales. Pese a disfrutar de un control casi absoluto, disponer de terrenos gratuitos y contar con ventas garantizadas, Starrett incumplió los plazos de entrega y dejó inconclusos varios proyectos. El complejo residencial de Ekbatan, en el oeste de Teherán, nunca fue terminado conforme a lo previsto.
La Revolución Islámica puso fin de manera inmediata al predominio de Starrett en el sector de la vivienda iraní. Con el triunfo de la revolución popular llegaron la expulsión de las empresas extranjeras consideradas explotadoras y la imposición de severas sanciones estadounidenses, que hicieron imposible la continuidad de sus operaciones. El período posterior a la Revolución dejó al descubierto la profunda fragilidad del régimen derrocado, cuya estructura de poder se había sustentado por completo en la dependencia del exterior, sacrificando la autosuficiencia y la autonomía nacional. De repente, sin la asistencia estadounidense, Irán se encontró con dificultades incluso para completar sus propios proyectos de vivienda.
Consciente de la urgencia de alcanzar la autosuficiencia, el nuevo liderazgo orientó sus esfuerzos hacia la producción nacional, el uso de materiales locales y la priorización de viviendas destinadas a los sectores más desfavorecidos. Tras la guerra impuesta de la década de 1980, el Gobierno puso en marcha amplias iniciativas para reconstruir y expandir el sector de la vivienda: programas de créditos accesibles para facilitar el acceso a la propiedad, control estatal de los precios de los materiales básicos de construcción, distribución masiva de terrenos a bajo costo y promoción de cooperativas de vivienda para fortalecer la participación de los ciudadanos. Lo que en otro tiempo había sido un espacio dominado por monopolios extranjeros se transformó en un movimiento nacional por la autosuficiencia, en el que la población pasó a desempeñar un papel central. Las empresas iraníes concluyeron los megaproyectos que anteriormente estaban en manos extranjeras, entre ellos los complejos Ekbatan, Lavizan, Omid, Apadana y Atisaz, en Teherán, al tiempo que impulsaron una nueva ola de ambiciosos proyectos en otras provincias y ciudades del país.
Visita del Imam Jamenei al Santuario de Abdolazim, en Rey, en 1994 La vivienda como locomotora de la economía El Imam Jamenei expuso de manera constante la lógica económica de la construcción de viviendas. “La vivienda es uno de los sectores generadores de empleo del país”, afirmó. “La propia construcción de viviendas pone en funcionamiento numerosas industrias; es decir, crea empleo y genera producción”. Cada 100 metros cuadrados de construcción residencial generan dos empleos y medio, tanto directos como indirectos, para obreros, ingenieros, técnicos, yeseros, pintores, soldadores y profesionales de los servicios de ingeniería. La construcción de viviendas impulsa de forma directa o indirecta la actividad de 143 sectores, entre ellos las fábricas de cemento, acero, baldosas, piedra y yeso, además de otras industrias vinculadas al sector. “Cuando se dinamiza el sector de la vivienda, además de las industrias que intervienen directamente en la construcción de una casa, también se activan todas las actividades asociadas a la vida que surge tras su edificación, poniendo en marcha la industria. La vivienda es la locomotora que arrastra consigo al conjunto del sector industrial”, sostuvo. “La vivienda también encaja plenamente en el marco de la economía de resistencia.
El Santo Profeta explicó que la economía de resistencia es introvertida y extrovertida. Introvertida significa que para construir viviendas no necesitamos depender del exterior, ya sea en materiales, recursos humanos o leyes y regulaciones urbanísticas. Y es extrovertida porque, si logramos exportar nuestros servicios técnicos y de ingeniería, podremos generar divisas para el país”, recalcó. El Imam Jamenei en la presa de Karje, 1997 La transformación de la industria de la construcción en Irán Las cifras reflejan una transformación extraordinaria.
Antes de la Revolución Islámica, Irán producía apenas cinco millones de toneladas de cemento y 500 000 toneladas de acero al año, lo que lo hacía fuertemente dependiente de las importaciones. En la actualidad, Irán se ha convertido en una potencia industrial, con una producción anual de 65 millones de toneladas de cemento y 31 millones de toneladas de acero, lo que lo sitúa en el sexto y décimo lugar del mundo, respectivamente. El país no solo satisface plenamente sus necesidades internas, sino que también se ha convertido en un importante exportador de estos materiales estratégicos. Hoy, el 100 % de los insumos requeridos por la industria de la construcción se producen dentro del país, y la capacidad productiva de los principales materiales supera en más del doble la demanda nacional.
Irán también se ha consolidado como el tercer mayor productor mundial de piedra ornamental y de construcción, solo por detrás de China e India. Paralelamente, los materiales y los métodos constructivos experimentaron una transformación igualmente profunda. Antes de la Revolución de 1979, menos de una cuarta parte de las viviendas se construían con materiales duraderos, como acero y hormigón, mientras que cerca de dos tercios se levantaban con materiales frágiles, como adobe, madera y paja. Pese a las dificultades derivadas de la guerra impuesta, en los primeros años posteriores a la Revolución la proporción de viviendas construidas con materiales resistentes se duplicó, mientras que el uso de materiales no duraderos se redujo a la mitad.
Entre 1990 y 2010, el porcentaje de edificaciones de mampostería no reforzada cayó del 90 % al 23 %, mientras que las estructuras de acero y hormigón aumentaron del 3 % al 74 %. Según el censo de 2011, Irán contaba con 20 millones de unidades habitacionales, de las cuales un impresionante 90 % habían sido construidas después de la Revolución Islámica, frente al escaso 10 % edificado durante el régimen derrocado. La población urbana pasó del 48 % al 77 %, una proporción 20 puntos porcentuales superior al promedio mundial, impulsada por el desarrollo de infraestructuras, la industrialización y el crecimiento demográfico. Asimismo, el número de ciudades oficialmente reconocidas aumentó de apenas 373 antes de la Revolución a más de 1300 en la actualidad.
Grúas de construcción en Teherán El papel decisivo del Imam Jamenei en la formulación de políticas y la visión estratégica El papel del Imam Jamenei en esta transformación no fue meramente de respaldo, sino decisivo y de participación directa. En una de sus reuniones con el ministro y los altos funcionarios del Ministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano, subrayó la necesidad de elaborar cuanto antes una política integral para las grandes áreas metropolitanas con el fin de resolver el problema de la vivienda y frenar de manera decidida el crecimiento desmedido de las grandes ciudades. Asimismo, enfatizó que la cuestión de la vivienda, dada su estrecha relación con los asuntos económicos, se había convertido en un factor determinante para las condiciones de vida de la población, así como para su bienestar espiritual, social y moral, por lo que debía abordarse mediante una planificación seria y adecuada. En 2010 anunció las políticas generales del Estado en materia de vivienda, que desde entonces sirven como guía para los poderes Ejecutivo, Legislativo y los organismos de supervisión.
Estas políticas contemplaban la gestión del suelo para facilitar el acceso a la vivienda y promover el desarrollo de ciudades y pueblos dentro del marco de las capacidades territoriales y de las políticas de desarrollo urbano, así como la rehabilitación de los tejidos urbanos y rurales deteriorados mediante métodos eficientes. Asimismo, establecían la obligación del Gobierno de planificar la provisión de viviendas para los sectores de bajos ingresos y las personas necesitadas, desarrollar un programa integral para mejorar la vivienda rural y crear o reformar el sistema tributario, junto con el establecimiento de un banco nacional de datos sobre suelo y vivienda. Entre otras disposiciones figuraban el apoyo a la construcción masiva e industrializada de viviendas, la aplicación obligatoria de normas técnicas y reglamentos nacionales de construcción, el respeto a los valores culturales en la arquitectura residencial y el fortalecimiento de la investigación y del conocimiento científico en el ámbito de la vivienda. En sus discursos, el Imam Jameneí insistió reiteradamente en que el progreso alcanzado por el país en el sector de la vivienda debía continuar y que los enemigos se oponían a ese avance. “Hoy, una de las herramientas de presión propagandística contra la República Islámica es precisamente este asunto: el tema de los misiles, el de los drones y el de las capacidades militares que nuestros jóvenes han desarrollado dentro del país sin la ayuda de nadie.
Ellos no quieren que esto continúe; quieren detenerlo”, afirmó. Del mismo modo, sostuvo de manera constante que el Gobierno de la República Islámica no tiene derecho a dejar al país indefenso ni a descuidar las necesidades de vivienda de su población. Construcción de edificios de apartamentos de acero en Irán Vivienda, familia y estabilidad social Un tema recurrente en las declaraciones del Imam Jamenei es la estrecha relación entre la vivienda y la formación de la familia. Señaló que el elevado costo de la vivienda se había convertido en uno de los principales obstáculos que impedían a los jóvenes iraníes contraer matrimonio y formar un hogar independiente.
Si bien reconocía la existencia de factores culturales, sostuvo en repetidas ocasiones que las presiones económicas —especialmente las relacionadas con la vivienda— estaban retrasando el matrimonio y reduciendo la tasa de natalidad. Por ello, instó a los responsables políticos a considerar la política de vivienda no solo como una cuestión de planificación urbana, sino también como una política demográfica y cultural. A su juicio, facilitar el acceso a la vivienda favorecería los matrimonios a edades más tempranas, fortalecería la institución familiar y contribuiría indirectamente al crecimiento de la población. Asimismo, subrayó que una vivienda proporciona mucho más que un techo: ofrece seguridad psicológica, estabilidad familiar y confianza en el futuro. “El hecho de que hoy discutan tanto sobre los misiles y asuntos similares se debe precisamente a estos avances”, señaló en una ocasión. “Siempre que hemos confiado en nuestros jóvenes y les hemos brindado oportunidades, aunque fueran mínimas —porque los jóvenes suelen ser capaces de lograr grandes cosas con recursos limitados—, hemos avanzado”, apuntó.
Construcción de complejos residenciales en Chitgar Desafíos actuales y perspectivas de futuro A pesar de estos logros, persisten importantes desafíos. El sector de la vivienda sigue enfrentando problemas como el elevado costo de los inmuebles, los retrasos en la ejecución de los proyectos y la necesidad de mantener un ritmo sostenido de construcción masiva. En los últimos años, el Imam Jameneí ha instado al Gobierno a reforzar la “disciplina del mercado” y a aliviar la preocupación de la población ante el aumento descontrolado de los precios de los bienes. El Movimiento Nacional de la Vivienda, puesto en marcha durante el Gobierno del presidente Ebrahim Raisi, tiene como objetivo construir un millón de viviendas al año, mediante una amplia asignación de terrenos y la provisión de mecanismos de apoyo.
El Imam Jameneí ha insistido en que la cuestión de la vivienda debe recibir una atención prioritaria, señalando que existen propuestas capaces de resolver parcialmente este problema y que las autoridades deben darles seguimiento hasta obtener resultados concretos. Asimismo, ha destacado la importancia del desarrollo de la vivienda rural, al afirmar que “las aldeas de la República Islámica de Irán se convertirán en talleres de producción”. En el ámbito rural, desde el triunfo de la Revolución (1979) hasta el año 1402 del calendario persa (2023), solo se habían entregado 800 000 parcelas de tierra a los habitantes de las aldeas. Sin embargo, en un solo año se incorporaron al sistema rural más de un millón de parcelas con contratos de arrendamiento de 99 años, un logro sin precedentes.
El plan para adjudicar anualmente un millón de parcelas rurales, con una superficie mínima de 500 metros cuadrados cada una, busca fomentar los negocios familiares y el desarrollo económico de las zonas rurales. Aunque el sector de la construcción ha registrado avances notables, el ritmo de producción de viviendas debe mantenerse para responder al crecimiento demográfico y al proceso de urbanización. Las “escuelas de cuarta generación”, dotadas de talleres avanzados, y las “centrales solares portátiles inteligentes” que actualmente se desarrollan forman parte del amplio ecosistema de innovación tecnológica que Irán ha cultivado a lo largo de cuatro décadas. El mismo espíritu de autosuficiencia que impulsó el desarrollo de misiles y drones ha sido el motor de la transformación del sector de la vivienda y la construcción, una prueba irrefutable de que una nación puede edificar su futuro apoyándose en sus propios recursos.
El Líder de la Revolución Islámica ha fortalecido el poder de la República Islámica, garantizando que Irán pueda construir viviendas para su pueblo, generar empleo para sus jóvenes y sostenerse sobre sus propios medios. Texto recogido de un artículo publicado en Press TV