“Es oportuno que, en esta ocasión, agradezca sinceramente la asombrosa e histórica presencia de decenas de millones de personas en las ciudades y pueblos de Irán e Irak, especialmente en Teherán, Qom, Nayaf, Kerbala y Mashad”, ha indicado en un mensaje. El importante mensaje del ayatolá Moytabá Jamenei, con motivo del funeral y el sepelio del mártir Jameneí: En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso La paz sea contigo, ¡oh, sangre de Dios, e hijo de su vengador, y el solitario despojado [de su derecho]. La paz sea contigo y con tu abuelo, tu padre, tu madre, tu hermano y los infalibles de entre tus descendientes. La paz sea con el imam cuyo vivificador llamamiento a la insurrección prolongó un eco grandioso y resonante de la misión profética hasta las más remotas profundidades de la historia, y de cuyo efecto surgió la Revolución Islámica de Irán.
Una revolución de Huséin desde sus cimientos, que con la divisa y el ideario de Huséin se edificó y prosperó. El «Señor Mártir de Irán» creció igualmente con ese mismo ideario. Fue de Huséin, pensó como Huséin, actuó como Huséin, luchó y resistió como Huséin, vivió como Huséin y, ofrendó su sangre en la senda de la escuela de Huséin, alcanzando el martirio. Entre los seguidores y emuladores de Huséin hay quienes que, cuando su sangre es derramada injustamente en la senda de Huséin y por la escuela y el ideario de Huséin (la paz sea con él), la umma entra en movimiento y, en ese instante, se conecta con aquel tiempo —Ashura— y con aquel lugar —Karbala—.
Ahora, ese mismo fervor de Huséin ha despertado a nuestra nación y ha otorgado una nueva manifestación a la escuela del gran Jomeiní y del mártir Jameneí. Ese es el vivificador estruendo que suscita el eco del oprimido clamor de Huséin (la paz sea con él), su grito de « Min nāṣirin yanṣurunī» (¿Hay alguien que me auxilie?), en Irán y después en Irak y en otros países, y provoca un sismo [en los cimientos de] la falsedad. Aprovecho esta ocasión para expresar un sincero agradecimiento por la presencia multitudinaria, pasmosa, desbaratadora del enemigo e histórica de las decenas de millones de personas en las ciudades y pueblos de Irán e Irak, especialmente en Teherán, Qom, Nayaf, Karbala y Mashhad. Nuestra nación es la vindicadora de la sangre de Huséin.
Esta gran nación sacrificó durante años a sus hijos en la senda de Huséin y en la guerra contra los enemigos de Huséin y del ideario de Huséin. Y ahora también es la vindicadora de su sangre y de los seguidores y emuladores de Huséin de nuestro tiempo. Ahora me dirijo a nuestro Líder mártir y le digo: ¡Oh, tú, víctima oprimida! ¡Oh, tú, oprimido de frente erguida! ¡Oh, tú, siervo virtuoso de Dios! Ahora que con ojos arrasados en lágrimas y corazones rotos nos despedimos de tu cuerpo, pactamos contigo preservar tu escuela y recorrer con perseverancia esa vía recta que tú trazaste, sin amedrentarnos en este camino ante las dificultades y, como tú, apegarnos a las albricias y a las promesas divinas.
Pactamos vengar, tu sangre pura y la de todos los mártires de estas dos guerras, de los asesinos criminales y deshonrosos. Esta venganza es la exigencia de nuestra nación y debe llevarse a cabo de manera terminante. Estos criminales —cuyos nombres están plenamente identificados— se llevarán a la tumba el anhelo de una muerte tranquila en el lecho. Deben saber que este asunto no depende de la existencia de mi persona ni de la de otras autoridades.
Estemos nosotros o no, esto se cumplirá, y en breve personas libres a lo largo y ancho del mundo realizarán, cada una, una parte de esta misión divina. ¡Oh, padre mártir de la umma! Que sea dulce para ti el néctar del martirio que anhelaste durante toda tu vida. Que sea bendito vestir el ropaje del martirio con un cuerpo que porta las marcas de tu madre, la purísima Fátima, y de tus antepasados el imam Huséin y Abu al-Fadl al-Abás (la paz sea con ellos). Y ustedes, oprimidos compañeros suyos que fueron atacados por sorpresa por el enemigo y alcanzaron el martirio, ¡bienaventurados ustedes que ahora son huéspedes de aquel señor cuyas bondades y ternura quizá habían experimentado muchas veces!
Aquel señor que es puerta de la misericordia divina para todos, y en particular para las gentes de esta tierra, es ahora el anfitrión de ustedes, y su seguro amparo se ha convertido en la morada de ustedes. Y tú, ¡oh, nobilísimo señor! ¡Oh, magnánimo!, ¡oh, imam compasivo!, ¡oh, Aba al-Hasan al-Rida al-Murtada, sobre quien sean las más excelsas bendiciones de Dios! Ahora, el cuerpo desgarrado de un servidor tuyo y de la Inmaculada Familia, tras años de afán, esfuerzo y lucha sin descanso, reposa en esta tierra pura junto con los cuerpos de los mártires de su familia —cada uno de los cuales evoca a un mártir de la llanura de Karbala—, hasta el día en que, por orden divina, el sol que ilumina el universo, el noble imam Mahdi (que Dios Altísimo apresure Su noble manifestación), surja de detrás de las nubes de la ocultación y haga brillar sobre los hombres de la Tierra la luz de la misericordia divina; ese día, que esperamos llegue muy pronto, estrellas de entre los veraces, los mártires y los amigos de Dios lo acompañarán, y esperamos que nuestro Líder mártir sea uno de ellos y vuelva a ofrecer escenas resplandecientes y puras de lucha y de lealtad al pacto eterno, y tal vez esos compañeros le acompañen también ese día. ¡Oh, Señor compasivo! Te encomendamos a nuestro Líder, que todo lo suyo lo consagró a Tu senda, y a sus compañeros mártires, a Ti, a Tu bondad y a Tu providencia, para que, así como en su vida terrenal gozaron de Tu benevolencia, de ahora en adelante también la disfruten del mismo modo, y aun muchísimo más.
Por último, expresamos una vez más nuestras condolencias a nuestro maestro, el noble imam Mahdi (que Dios Altísimo apresure Su noble manifestación), y pedimos a ese magnánimo y misericordioso [maestro] que recuerde en sus súplicas al Señor Mártir de Irán, a sus compañeros mártires y a todos los mártires; y rogamos a Dios Altísimo — glorioso y excelso—: para todos los mártires el más elevado rango espiritual, y para sus deudos, paciencia y recompensa, y para la oprimida nación iraní, un triunfo y un auxilio definitivos y próximos, si Dios quiere. Seyed Moytaba Hoseini Jamenei 09/07/2026