Si escuchas a un aldeano quejarse de tu olor, tu fantasía del héroe medieval se acaba de inmediato. Puedes haber sobrevivido a decenas de ataques, llevar una espada increíble o formar parte de una conversación que determinará el futuro de Bohemia, pero en Kingdom Come: Deliverance todo eso pasa a un segundo plano si Henry aparece cubierto de barro, sangre y sudor. Los personajes se dan cuenta, su carisma se resiente y una visita a los baños termina siendo tan necesaria como reparar la armadura. Así, lo que parece una broma pasa a ser una pieza esencial del mundo creado por Warhorse.
La suciedad no funciona únicamente como una capa visual que desaparece al cambiar de escenario. Henry puede lavarse utilizando una pila de agua, pero necesita pasar por una casa de baños para asearse por completo, limpiar su ropa y curar determinadas heridas. Presentarse con un aspecto cuidado facilita algunas conversaciones, mientras que aparecer hecho un desastre puede provocar rechazo o, incluso, servir para intimidar. De esta forma, Warhorse convierte una necesidad cotidiana en una decisión jugable: antes de hablar con una persona importante, quizá convenga guardar la espada y buscar un baño.
La gracia, por tanto, está en que esta obsesión por la limpieza tiene más fundamento histórico del que solemos imaginar. La Edad Media también tenía casas de baños El propio códice de Kingdom Come: Deliverance explica que los baños públicos comenzaron a extenderse por Europa central alrededor del siglo XII. Según cuenta la entrada dedicada a los baños y sus trabajadores, muchas poblaciones tenían varios establecimientos en los que era posible acceder a agua caliente y baños de vapor. El códice llega a señalar que Praga, por ejemplo, contó con decenas de casas de baños durante la segunda mitad del siglo XIV.
Warhorse utiliza esta información para presentar sus establecimientos como lugares habituales con dos ventajas: estar situados cerca de las ciudades y tener disponibilidad para cualquiera que pudiera pagar sus servicios. Es una imagen bastante alejada del tópico que ha acompañado a la Edad Media durante décadas. Cuando pensamos en una ciudad medieval, imaginamos calles cubiertas de desperdicios, habitantes llenos de piojos y nobles que escondían su olor con perfumes. Había suciedad, enfermedades y problemas graves de saneamiento, pero esto no significaba que a la población le diera igual su higiene.
De hecho, la preocupación por lavarse, cuidar la ropa o evitar los malos olores existía. Las condiciones estaban muy lejos de las actuales, aunque las personas de la época tampoco aceptaban alegremente vivir cubiertas de mugre. En una pieza titulada Scrub-a-Dub in a Medieval Tub, el portal JSTOR Daily reúne varios ejemplos que ayudan a entender esta cultura del baño. Sus fuentes muestran establecimientos con tinas de agua caliente, espacios de vapor y servicios que podían incluir masajes, afeitados, tratamientos sencillos y hasta comida.
Además, también aparecen representaciones de bañistas relajándose, bebiendo o charlando. Una casa de baños podía ser un lugar para limpiarse y, al mismo tiempo, un espacio de reunión, ocio y cuidados corporales. El jugador de Kingdom Come: Deliverance puede encontrar algo parecido, ya que bañarse forma parte de un servicio más amplio y los bañistas desempeñan diferentes tareas. La relación entre estos establecimientos y la vida social también explica su fama más atrevida.
Algunos baños ofrecían servicios sexuales o se ganaron una reputación relacionada con la prostitución, aunque reducirlos a burdeles sería caer en el engaño. Sus trabajadores podían lavar, afeitar, atender heridas y realizar procedimientos que hoy pondríamos en manos de profesionales sanitarios. Así, Kingdom Come recoge esa mezcla sin demasiada timidez, dado que Henry puede acudir para limpiar la ropa, recuperar salud, recibir un baño y contratar compañía. El juego comprime varias funciones históricas dentro de un menú muy claro, y lo hace porque necesita que el jugador entienda de forma rápida qué puede obtener a cambio de unas monedas.
Limpiarse también era una cuestión de imagen La higiene de Henry resulta especialmente importante porque la ropa comunicaba quién era y cómo debía ser tratado. Una vestimenta costosa perdía parte de su efecto si llegaba cubierta de barro y sangre, y en el juego el carisma depende tanto de las prendas elegidas como de su estado. Así, una buena chaqueta no arregla por sí sola una entrada desastrosa. Warhorse exagera la rapidez con la que se acumula suciedad para que el sistema tenga presencia constante, pero la idea de fondo resulta fácil de comprender: antes de hablar con un noble o un comerciante, conviene presentar un aspecto acorde a la situación.
Esta preocupación no se limitaba al cuerpo de cada persona. Carole Rawcliffe señaló a través de Urban Bodies cómo las ciudades inglesas de finales de la Edad Media intentaban afrontar problemas relacionados con la salud colectiva. Según señaló Rawcliffe, las autoridades y los habitantes aplicaron medidas para proteger el abastecimiento de agua, controlar la calidad de los alimentos, gestionar residuos y mejorar la atención a los enfermos. Aquellas respuestas eran insuficientes desde una perspectiva moderna y variaban mucho entre lugares, pero revelan que la suciedad y la contaminación se consideraban problemas que debían vigilarse.
Mientras que Kingdom Come: Deliverance II y la primera entrega transcurren en la Bohemia de comienzos del siglo XV, Rawcliffe trabaja principalmente con ciudades inglesas. Así, sus conclusiones no permiten trasladar cada ordenanza o costumbre directamente al escenario del juego, pero sí sirven para cuestionar una idea mucho más general: las sociedades medievales carecían de cualquier preocupación por la salud pública. Existían normas, multas y trabajos destinados a mantener transitables determinados espacios, proteger fuentes de agua o apartar actividades molestas. Los resultados podían ser irregulares y las calles seguían teniendo problemas serios, pero había una voluntad reconocible de mejorar el entorno.
Ahí se encuentra uno de los grandes aciertos de Warhorse. El estudio podría haber llenado sus pueblos de barro, animales y personajes mugrientos para reforzar la estampa medieval que todos reconocemos. Sin embargo, permite que Harry se ensucie y obliga al jugador a solucionar el problema, ya que los baños, la ropa limpia y el aspecto personal forman parte de la rutina al ayudar a construir la sociedad que rodea al protagonista. En ese escenario, la higiene deja de ser un detalle decorativo y entra en las conversaciones, la economía, la medicina y la posición social.
De hecho, hasta el olor termina contando una pequeña historia sobre quiénes somos. Esta idea no convierte a Kingdom Come en una reconstrucción perfecta ni demuestra que las ciudades medievales fueran lugares especialmente limpios. El juego simplifica procesos, reúne servicios y acelera la aparición de manchas para mantener activo su sistema. Su mérito, en cambio, está en recuperar una parte de la vida cotidiana que casi siempre desaparece de los mundos de fantasía: Henry necesita comer, dormir, curar sus heridas y, de vez en cuando, dejar de oler como alguien que lleva una semana revolcándose con su caballo.
Puede parecer una preocupación poco heroica, pero precisamente esos momentos hacen que Bohemia resulte mucho más creíble. En 3DJuegos | El nuevo RPG del padre de The Witcher 3 no es perfecto, y tras jugarlo 4 horas tengo claro que no necesita serlo En 3DJuegos | Con un 94% de reseñas positivas en Steam, jamás imaginé que esta aventura RPG sobre vampiros fuera a gustarme tanto