Tadej Pogacar tiene un apetito voraz y hoy lo ha vuelto a demostrar. El rey del ciclismo regresaba este martes a la estación de esquí de Le Lioran en el desenlace de la décima etapa del Tour de Francia, de 166,6 kilómetros y 3.800 metros de desnivel, donde hace dos años su gran rival, Jonas Vingegaard, logró vencerle. El danés recordaba antes de que empezara la etapa en Aurillac que recordaba este triunfo con cariño, que fue un día especial y que tenía grandes recuerdos de aquella jornada. Pero todos saben que no se puede vivir de los recuerdos, que el pasado es pasado, y hoy Pogacar se ha encargado de recordarlo de nuevo, en una explosiva etapa de siete puertos de montaña y dos de ellos de primera categoría en la parte clave de la jornada, en la que Tadej ha vuelto a dar un golpe de autoridad sobre la mesa, logrando su tercera victoria en esta edición del Tour de Francia y 124 profesional.
Para el de Klanec ha sido un día más en la oficina. La etapa tuvo varios protagonistas destacados, como el corredor de Movistar Team Javi Romo, el más persistente de la escapada inicial, o el ecuatoriano Richard Carapaz, que ataca a 38 kilómetros de meta y que durante largos minutos soñó con la victoria, hasta que el UAE Team Emirates y su jefe de filas, Tadej Pogacar, decidió abrir el grifo del gas. La etapa empezaría a moverse seriamente en el primer puerto de primera (Puy Mary-Pas de Peyrol, 7,7 km al 5,9%), con el UAE marcando la pauta y el ritmo endiablado de ascensión, pero sería en el siguiente cuando el equipo de los Emiratos Árabes dinamitaría la carrera. Calculando el ataque de Pogacar, los equipos Decathlon, con su jefe de filas Paul Seixas, y Visma, con Jonas Vingegaard, trataron de desgastar, de acorralar, de poner en duda el control de UAE, pero sus movimientos fueron un espejismo, un tiro errático cuando en tus filas tienes al mejor corredor del mundo.
Y es que Pogacar decidió de verdad pasar a la acción a 15,5 kilómetros de meta, a 922 metros de coronar, después de que Adam Yates fuera el último de sus soldados a las órdenes de una causa. Por delante, Carapaz lo iba dando todo. Tenía 42 segundos de margen cuando Pogacar atacó. En un kilómetro el margen era ya de sólo 22 segundos y a falta de 190 metros de coronar cazó a Carapaz, que intentó seguirle, pero no pudo.
El campeón del mundo fue abriendo hueco sobre sus rivales a una velocidad endiablada, subiendo y bajando, coronando el último puerto del día (Col de Font de Cère, 3ª, 3,5 km al 5,5%) a un ritmo vertiginoso. Arriesgó en la bajada y acabó sacando a sus rivales más de 30 segundos. El más fuerte de ellos fue Evenepoel al final, con un Vingegaard que se dejó unos segundos y un Ayuso que resistió como un jabato entre los mejores, ya es 4º. Pogacar allana el camino hacia su quinto Tour de Francia que nadie discute, con un Vingegaard que está a 3’36” del esloveno, pero sintiendo ya el aliento de Evenepoel, Ayuso o Seixas muy próximo.
Dos mundos enfrentados.