Colaboradoras cubanas, bailarina y poeta, se despiden de Guatemala

Colaboradoras cubanas, bailarina y poeta, se despiden de Guatemala

La primera, licenciada en Optometría y Óptica, prestó sus servicios en el hospital oftalmológico José Martí del oriental departamento de Jalapa, en lo que fue su tercera misión, luego de otras dos en Venezuela. En declaraciones a Prensa Latina durante un emotivo homenaje-despedida en esta capital, tras interpretar ante sus colegas una coreografía suya al ritmo de la canción “Valientes” del dúo Buena Fe, confesó que se lleva experiencias muy lindas. Vi que muchos pacientes lograran 100 por ciento de visión, verlos abrazarme, decirme, doctora, sí se pudo, son unos ángeles, que Dios los bendiga, y yo llorando, describió. Esto es muy difícil, triste, pero mi capítulo lo cumplí y este país viaja conmigo, añadió la natural de la oriental provincia de Granma.

Dejo muchas amistades; con mi carisma, me las gané. Madres, padres, abuelitos, que realmente me decían nieta, eso fue complicado, pero nos vamos con el deber cumplido, subrayó. Sobre su baile, detalló que empezó desde los cinco años, su mamá le enseñó y representó a su terruño natal, a la isla caribeña, en un festival internacional en Alemania. Hasta mis 32 años, cuando tuve una niña, estuve bailando, pero todavía me queda un poquito, y es lo que lo estoy mostrando, remarcó.

Estudiaba en la universidad y participa en festivales, lo mismo dentro que fuera de mi provincia, aseveró Ladrón de Guevara, quien se reuniría en la mayor de las Antillas con sus tesoros Rachel y Racheline, una de 14 y otra de nueve años. Por su parte, Durán explicó que laboró en Alta Verapaz y antes cumplió misión en Venezuela, de 2011 a 2015; y en en Brasil, de 2016 al 2018, como médico endoscopista. En su primer año en la tierra del quetzal le tocó trasladarse hasta la aldea Cahabón, de difícil acceso, a donde viajaba a las cuatro de la mañana los lunes y permanecía hasta los viernes, cuando regresaba a Cobán, capital departamental. Aquello era complicado, la temperatura, la barrera idiomática (hablan el Q’eqchi’), pero aprendí lo básico para poder atender a la población, amplió la natural de Guantánamo.

Después me trasladaron a San Pedro Carcha, con gente muy amable, quienes lloraron en la despedida, todos los vecinos, hasta un niño llegó con una bolsita de platanitos maduros, porque eran buenos para la salud, solo por abrazarme, reveló. Nos quieren porque dicen que tratamos a las personas con el corazón. Realmente ha sido linda la experiencia, acotó la hija baracoesa. De su poesía, puntualizó que comenzó a escribir en la secundaria y lo hace cuando le viene a la mente un tema, una historia, incluso de la suya propia, de infinito amor. mar/znc