Las entradas para la final del Mundial en New York-New Jersey ya están a 8.000 euros y subiendo. Los argentinos podrían pedir que con la entrada les regalasen un desfibrilador. Porque lo de esta Copa del Mundo es de locos. Normal que la albiceleste se quedase en el césped cantando y bailando con su afición todo el repertorio de canciones empezando con las de los ingleses como protagonistas.
Era todo para bajar pulsaciones, para relajar el cuerpo, para seguir viviendo. Argentina va a resurrección por partido, se deja el alma, todos se dejan la vida por ver a Leo Messi disfrutar. Nunca había celebrado Leo como ahora, hasta cantando su canción, porque en todas es protagonista, en todas piden ‘la segunda para Leo’. El ritual cuando acaba los partidos es el mismo que cuando Argentina marca un gol: correr a estrujar más que abrazar a Leo.
Como si necesitase la albiceleste esa fuerza sobrenatural de su líder. Le envuelven, le elevan, le dicen que le quieren, casi le besan la boca como acto fraternal de amor infinito. Es de una intensidad sin igual como necesita esta selección darle las gracias continuamente a Lionel. Para todos los argentinos, la victoria contra Inglaterra en las semifinales del Mundial casi iguala a aquella de Maradona por la épica del partido.
Pudo convertirse Gordon en el héroe del partido. Nunca olvidará el día que pudo dejar de ser un futbolista para convertirse en un superhéroe. Fuerza, agilidad, voluntad, valentía y una lealtad inquebrantable son los valores del héroe del comic que se ha reencarnado en el extremo inglés, atrevido y osado, voluntarioso cuando el partido se complica, elegante y seguro. Si marcas en un Argentina-Inglaterra normalmente pasas a la historia...salvo que delante tengas a Leo Messi.
Sólo tres minutos añadió el árbitro estadounidense Ismael Elfath a la primera mitad, queriendo evitar mayor sufrimiento y que tuviera que mostrar alguna cartulina más. No le venía de nuevo el juego subterráneo y canchero, fue el árbitro del Uruguay-España. Bronca, codos que bailan, entradas a destiempo, bufidos en la oreja, todo muy ilustrativo de un partido. Pero le puso 9 minutos a la segunda parte, queriendo alargar el partido porque se estaba divirtiendo.
Porque si marca Argentina en el 85 es que queda tiempo para que vuelva a marcar. No hubo respeto al himno cuando sonó en la atronadora megafonía el ‘God save the Queen’ y los argentinos cantaban “el que no salta es un inglés” y pitaban con fuerza al aparecer David Beckham en esa pantalla gigantesca que se convierte en el centro de todo. No importa lo que pasa en el terreno de juego sino lo que retransmite la pantalla de 328 metros con una definición que se distinguen hasta los pelos de la nariz. Después de pagar 4.500 dólares por una entrada que menos que salir ahí comiendo pizza.
El que salió grande al final fue Messi.