Hoy en día, sería comprensible confundir las acciones de la prestigiosa International Business Machines Corp. (IBM) con acciones de bajo valor. Eche un vistazo: Apenas ha transcurrido la mitad del año y ya hemos visto titulares que anuncian la mayor caída diaria de IBM desde el año 2000 en febrero, su mayor repunte diario desde 1968 en mayo, un nuevo máximo histórico en junio y, precisamente hace un par de días, su mayor desplome diario desde 1968. Si el mercado de valores le parece un gigantesco casino que se ha desvinculado por completo de conceptos como los ingresos, las ganancias y la economía básica, no está solo. El juego desenfrenado ha reemplazado a la inversión racional.
Los reguladores parecen más interesados en encontrar nuevas formas para que el público apueste en acciones que en proteger la esencia misma del capitalismo. En la actualidad hay más fondos cotizados en bolsa (ETF) que acciones individuales. Un número cada vez mayor de ellos recurre a un apalancamiento generoso para amplificar las posibles ganancias (lo cual funciona bien cuando el mercado está al alza, pero puede provocar pérdidas catastróficas cuando cae). Un ingenioso ingeniero financiero llegó incluso a presentar ante la Comisión de Valores y Bolsa (SEC, por sus siglas en inglés) la solicitud para crear el primer ETF que “pretende proporcionar una revalorización del capital a través de la exposición a una cartera de instrumentos derivados conocidos como “contratos de eventos” en una variedad de eventos deportivos”.
Efectivamente, te permitiría apostar en eventos deportivos comprando una participación de un ETF en una bolsa de valores. Los ETF parecen anticuados en comparación con las alternativas más sofisticadas que se ofrecen a los inversionistas en los últimos años. Ver más: Acciones de empresas de software se desploman tras los débiles resultados de IBM Entre ellas se incluyen las llamadas “opciones de día cero“, que vencen el mismo día. Estos derivados se han vuelto tan populares que , según Bloomberg News, los contratos vinculados al índice de referencia S&P 500 superaron a todos los demás en el cuarto trimestre de 2024, tan solo dos años después de su lanzamiento.
Luego está el intento de crear un token digital, o “moneda”, que represente acciones de una empresa pública pero que no otorgue al propietario derechos como el de votar por los directores, la remuneración u otras decisiones. Los mercados de predicción desean participar en este sector, proponiendo contratos tan sencillos como apostar a si el precio de una acción subirá o bajará. Hay quienes afirman que todo esto se trata de “democratizar” las finanzas, brindando a un mayor número de personas acceso a oportunidades de generar dinero que antes estaban reservadas para las grandes instituciones y los ricos. Además sostienen que las diversas formas de especular contribuyen a la “determinación de precios”, lo que hace que el precio actual de las acciones de cualquier compañía sea un reflejo más fiel de su valor.
La más reciente caída de las acciones de IBM se produjo después de que la empresa, con sede en Armonk, Nueva York, informara de unas ventas preliminares del segundo trimestre inferiores a las previstas, atribuyendo la situación a que los clientes están desviando su gasto hacia chips y servidores en medio de la escasez provocada por la IA. Es comprensible, pero supongo que a los inversionistas ya no les importan los US$2.000 millones que IBM recibió en mayo del gobierno para construir una fábrica de chips para computación cuántica, lo que hizo que las acciones se dispararan hasta un 13% en un solo día. Es imposible saber si la reacción del mercado bursátil ante los malos resultados de IBM habría sido diferente si no contáramos con todas estas nuevas y diversas formas de especular. Sin embargo, también es difícil negar que están exacerbando la volatilidad de una manera similar a la que se observa en los mercados emergentes o las llamadas “pink sheets” (acciones que se negocian en el mercado extrabursátil).
Y eso no da buena imagen de lo que se supone que es la esencia del capitalismo. Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios. Lea más en Bloomberg.com