Uno llega a China pensando que se va a encontrar únicamente con edificios gigantes y carreteras interminables. Sí, todo eso está aquí, pero hay algo que me llamó mucho más la atención. Mientras recorría las carreteras, no podía dejar de mirar por la ventana. A un lado aparecían enormes puentes, túneles, edificios modernos y obras de ingeniería impresionantes; al otro, montañas cubiertas de árboles, parques impecables y áreas verdes que parecen formar parte de cada proyecto. - De su interés: Comunicadores nicaragüenses participan en capacitaciones en la República Popular China Eso fue lo que más me impactó: aquí el desarrollo y la naturaleza parecen caminar juntos.
Es impresionante ver kilómetros de carreteras rodeadas de árboles perfectamente cuidados, jardines, flores y espacios verdes que reciben el mismo cuidado que cualquier gran construcción. La limpieza también es algo que salta a la vista. Todo transmite una sensación de orden, planificación y respeto por el entorno. China: donde la modernidad convive con la naturaleza China es, sin duda, una potencia mundial.
Sus ciudades impresionan por su tamaño, sus edificios parecen sacados del futuro y su infraestructura demuestra una enorme capacidad para construir pensando en el largo plazo. Pero, más allá del cemento y el acero, me llevo otra imagen: la de un país que lucha a diario por integrar el crecimiento con el cuidado de sus espacios naturales. También me llamó la atención la disciplina de su gente, el respeto por las normas y la sensación de seguridad que se vive al recorrer sus calles. Son pequeños detalles que, al final del día, terminan marcando una gran diferencia.
Cada viaje deja una enseñanza, y China me está dejando una muy clara: el desarrollo no solo se mide por lo alto que se construye, sino también por la importancia que se le da a lo que permanece vivo. Al recorrer este inmenso país entendí por qué hoy es una de las naciones que más llama la atención del mundo. Y sí, hay mucho de lo que podemos aprender.