Henry Ford: "Es mejor que 20.000 personas estén satisfechas y bien alimentadas que que se creen unos pocos millonarios"

Henry Ford: "Es mejor que 20.000 personas estén satisfechas y bien alimentadas que que se creen unos pocos millonarios"

El 11 de enero de 1914 los quioscos se levantaban con un inesperado artículo del New York Times. La noticia, que dejó a medio mundo atónito, describía cómo Henry Ford había decidido regalar 10.000.000 de dólares a sus empleados. Para que os hagáis una idea, en base a la inflación eso supondría regalar unos 335 millones. La revolución industrial que dio paso a la cadena de producción de automóviles, consiguiendo con ello que se produjese un Ford Model T cada 90 minutos, provocó que el fundador de la marca se hiciese de oro con el cambio de productividad de sus fábricas y, a diferencia de lo que ocurre hoy en día, decidió repartirlo con una frase que pasó a la historia.

Había que hacer algo más que trabajar bien "Creo que es mejor para la nación y mucho mejor para la humanidad que entre 20.000 y 30.000 personas estén satisfechas y bien alimentadas que crear unos pocos millonarios". Duplicando los sueldos de los trabajadores cualificados y recortando los turnos lo suficiente para partir el día en tres secciones que conseguirían que la fábrica no se detuviese jamás, las rotaciones se convirtieron en el pan de cada día y Ford buscaba darles aún más excusas para quedarse con él y trabajar a destajo. "Si quieres esperar algo de un hombre hoy en día, tienes que pagarle bien. Si quieres sacar lo mejor de él, tienes que hacer que realmente merezca la pena para él. Tienes que darle algo por lo que valga la pena vivir".

La clave de todo ello pasaba por no darles el dinero directamente, sino regalar esos 10 millones de dólares en forma de participaciones de la empresa. De esa forma, los trabajadores serían los primeros interesados en que la fábrica funcionase lo mejor posible porque sacarían aún más rédito de ello y, de rebote, Ford se aseguraba tener otra tuerca más con la que apretarlos. Lejos de esa bondad desmedida que podría parecer desde fuera, lo cierto es que Henry Ford era un pieza de cuidado. Además de su cuestionable participación con el Tercer Reich o el diario que poseía y propagaba información falsa sobre los judíos, también instauró sistemas como el Departamento de Sociología de Ford.

Condicionando el salario a la conducta privada de sus obreros, el departamento tenía una serie de detectives que investigaban qué hacían los hombres al salir de la fábrica. Si bebían en exceso, si eran ludópatas, si su casa estaba lo suficientemente limpia, si ahorraban… Es decir, que aunque es fácil acordarse sólo de lo bueno, hay que destacar que su supuesta generosidad venía acompañada de un proceso de invasión de la privacidad más que considerable.