El presidente del certamen, Sergio Benvenuto Solás, explicó durante el panel teórico «Factoría del Cine Pobre, retos y resultados del camino recorrido» que la iniciativa defiende crear alternativas para una zona donde es más difícil acceder a fondos de cooperación, concentrados en La Habana. Benvenuto Solás anunció que este año se decidió no realizar la Factoría para fortalecerla y potenciar su crecimiento en la próxima edición, y subrayó la necesidad de crear un fondo común que involucre a las estructuras culturales de las cinco provincias orientales. El documentalista santiaguero Osmanys Sánchez Arañó, ganador en la primera edición de la Factoría con el proyecto «Llave de paso», afirmó que este espacio trasciende como un hecho cultural al visibilizar una zona del país que, a su juicio, ha estado bajo la hegemonía narrativa de la capital. «Las cinco provincias orientales son contadas generalmente por cineastas que no provienen de aquí, y el cineasta independiente de la zona no encuentra un espacio hasta que llega a la Factoría», puntualizó Sánchez Arañó, quien destacó la inclusión del proyecto, abierto a todos los creadores sin límites de género, sexo ni edad. La realizadora Ivette Ávila, quien no proviene de escuelas de cine, comentó que son pocos los fondos a los que se puede optar en Cuba y que las instituciones cuentan con presupuestos cada vez más reducidos para subvencionar, por lo que calificó la situación como crítica.
Ávila subrayó la importancia del acompañamiento de un productor para asegurar que el proceso creativo alcance su máxima expresión, y resaltó el valor de la Factoría como espacio de apoyo para los realizadores independientes. La productora Iraida Tamayo recordó que, tras experiencias anteriores, se propuso que existiera una estructura que preparara a los realizadores con antelación para la presentación de proyectos, por lo que plantearon realizar más talleres que los capaciten para ese momento final. Tamayo consideró fundamental que la Factoría, como centro que legitima y representa a los realizadores del oriente, facilite el proceso creativo y otorgue poder de descentralización al sector audiovisual de esa región. La socióloga Yoli Duarte señaló que la cooperación es uno de los espacios que se desaprovecha, por la insuficiente formación para conocer los fondos internacionales y cómo presentarse a ellos, y abogó por la coexistencia de mecanismos institucionales e independientes en la misma cadena de creación.
Duarte añadió que la Factoría origina una responsabilidad social que contribuye al desarrollo de las provincias orientales. El presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), Alexis Triana, presente en el intercambio, aseguró que aquello que no se asiente sobre una capacidad de gestión «morirá tarde o temprano» y llamó a la comunidad cinematográfica a buscar aportaciones más allá del presupuesto estatal. Triana informó que el país ya cuenta con una comisión fílmica estructurada por regiones y adelantó que próximamente convocarán el Fondo de Fomento del Cine Cubano con nuevas sorpresas, al tiempo que reconoció la obligación del Icaic con el cine independiente. En el público, la musicóloga Yetsi Rangel destacó que los festivales son esenciales porque tienen estructuras creadas desde lo local para promover la creación, y consideró a Gibara un trampolín que potencia valores locales como la gastronomía y el propio territorio.
El panel, moderado por la especialista Yolaida Duharte, contó con la participación de creadores, productores y directivos del sector cultural cubano, en el marco del vigésimo aniversario del Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara. ool/dpg