En el panel sobre recomposición hegemónica, del evento Manos fuera de Asia, con sede en Colombo, los ponentes analizaron cómo se redirigen las quejas legítimas, cómo se separa la indignación popular de la política de clases y cómo el debilitamiento o la fragmentación de las fuerzas de izquierda generan espacios para la presión externa, precisó el medio alternativo Breakthrough news. La académica bangladesí Farheen Alamgir, de la Escuela de Negocios Monash (Australia), apuntó que sucesos en la dinámica portuario de su país plantean interrogantes sobre la soberanía, la política del QUAD y las vías indirectas de influencia estadounidense. Alamgir explicó que la militarización trasciende la violencia directa, pues, opinó, arraiga valores, instituciones e intereses militares en ámbitos como el desarrollo, la privatización, los regímenes laborales y las prácticas estatales. Nur Ahmed Bakul, del Partido de los Trabajadores de Bangladesh, se refirió a los sucesos de julio y agosto de 2024 que condujeron al derrocamiento del gobierno en su país. «Si bien el movimiento se alimentó de una frustración generalizada ante las dificultades económicas, la polarización política, los fallos en la gestión pública y el malestar de sectores de la juventud, esas reivindicaciones legítimas fueron posteriormente moldeadas por fuerzas vinculadas al imperialismo estadounidense, la derecha religiosa, presuntas organizaciones no gubernamentales y partes de la comunidad intelectual, significó.
Precisó que, en el panorama actual, la lucha de Bangladesh trasciende el mero cambio de gobierno, pues abarca el legado histórico y constitucional de la Guerra de Liberación de 1971, el laicismo, la soberanía nacional y el espacio político disponible para las fuerzas progresistas y democráticas de izquierda. Por su parte, Balram Prasad Banskota, del Partido Comunista de Nepal, situó la experiencia nepalí en el marco de una dinámica regional más amplia. Argumentó que el imperialismo ya no depende únicamente de la intervención militar directa o de la represión abierta; ahora opera mediante la fragmentación de partidos, sindicatos, movimientos campesinos, organizaciones juveniles y la opinión pública. El dirigente nepalí advirtió del uso del descontento social por el desempleo, la migración, la vivienda, la corrupción y la inseguridad económica, para desvincularlos del análisis de clase y transformarlos en un conflicto generacional o en una demanda de «caras nuevas» de corte tecnocrático.
Frente a ello, abogó por renovar la formación ideológica, fortalecer el liderazgo juvenil y femenino, fomentar la democracia interna, desarrollar estrategias digitales y adoptar formas de organización capaces de vincular el malestar inmediato con la economía política. nmr/lrd