Fútbol y show

Fútbol y show

El precio de las entradas del Mundial de EEUU ha sido altísimo, pero todos los campos se han llenado. Ha sido, indiscutiblemente, un éxito de público. Todo el mundo sabía que los tickets eran muy caros antes de ir a EEUU, México y Canadá. Pero hay dos cuestiones que la FIFA no avisó ni debatió con el tiempo necesario y en los foros adecuados.

Primero ha colado los cuatro tiempos, al estilo del deporte norteamericano. Pero lo ha hecho por la puerta pequeña, a escondidas, bajo la fórmula de la pausa de hidratación, sin dar la cara. Lo más normal es plantearlo, hablarlo, debatirlo. ¿Se va a quedar? ¿Se hace para presionar y que se quede? La lucha entre la UEFA y la FIFA tiene aquí también un nuevo capítulo.

Con la sensación de que el organismo mundial tiende hacia el show y el europeo a defender los valores originarios. Las pausas son malas para los aficionados, para el propio juego, pero buenas para los entrenadores que tienen oportunidad de corregir lo que hasta ahora era incorregible, porque a voces desde la banda no se arregla nada. Valía la pena ponerlo sobre la mesa, ser valiente y defenderlo o simplemente correcto colocándolo como una prueba para aprobar o no más adelante. No.

Se ha hecho con lo de las pausas para ver si colaba. ¿Hay informes de expertos sobre si son necesarias? ¿Si rompen el ritmo? ¿Si mejoran físicamente el esfuerzo de los jugadores o lo perjudican? Esa sensación de que se intenta colar normas nuevas genera desconfianza. Lo de los 30 minutos de descanso acerca más el deporte al público norteamericano, acostumbrado prácticamente a pasar el día cuando hay un acontecimiento deportivo. No es lo habitual en Europa.

La FIFA quiere más show para contentar a EEUU. Se entiende que en cada país donde se organice el Mundial haya pruebas con cuestiones más próximos a los públicos locales. Pero se ha de ir de cara. Las pautas y los 30 minutos benefician a la publicidad.

A lo mejor hay gente que está de acuerdo, pero no se ha puesto a discusión entre la gente de fútbol. Se ha colado por la puerta de atrás. Ya en la final del Mundial de clubs la pausa del descanso fue de 24 minutos. El show le está comiendo tiempo al juego.

Los tiempos muertos son una cuestión que se puede debatir, pero no colar. Y la pausa de 30 minutos en la gran final del acontecimiento más importante de la historia del fútbol no puede ser impuesta a dedo por mero servilismo. Las pausas son silbadas y, al final, se acabará silbando el show del medio tiempo. Esto da la sensación de que es un cortijo