Por: Mina Mosallanejad La agresión militar de Estados Unidos contra el sur de Irán continúa sin tregua, mientras el número de muertos asciende a 38 y el de heridos supera los 400, según el Ministerio de Salud iraní. La mayoría de las víctimas han sido civiles, entre ellas mujeres y niños, lo que pone de manifiesto el carácter indiscriminado de los ataques estadounidenses, que constituyen una flagrante violación del Memorando de Entendimiento cuyo objetivo principal era la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz. En uno de los ataques con misiles más mortíferos de esta semana, Estados Unidos bombardeó un remoto puesto de guardabosques en Seyed Yozar, en el condado de Hayiabad, al sur de la provincia de Hormozgán, donde murieron tres miembros de la familia de un guardabosques ambiental iraní. Las autoridades iraníes calificaron el ataque como otro “crimen de guerra” perpetrado en el marco de una agresión ilegal y no provocada que ha devastado áreas protegidas, escuelas, hospitales y otras infraestructuras civiles en las regiones meridionales del país.
La tragedia se produjo antes del amanecer del martes, cuando un ataque estadounidense alcanzó la estación de guardabosques de Seyed Yozar y un almacén de forraje contiguo en el condado de Hayiabad, en la provincia de Hormozgán. El ataque acabó con la vida de tres integrantes de la familia del veterano guardabosques Yavad Hasanzade, entre ellos una mujer. El guardabosques no se encontraba en su domicilio en el momento del bombardeo, ya que estaba cumpliendo funciones oficiales. Según Habib Masihi Taziani, director general del Departamento de Medio Ambiente de la provincia de Hormozgán, las víctimas fueron la nuera de Hasanzade y sus dos hijos. “Los familiares del guardabosques Hasanzade fueron martirizados en el ataque estadounidense contra la estación de guardabosques de Seyed Yozar”, confirmó Masihi Taziani pocas horas después del bombardeo del martes. “Entre las víctimas se encontraban su nuera y sus dos hijos pequeños, que perdieron la vida en esta agresión bárbara, abriendo un nuevo capítulo en la conducta criminal de Estados Unidos”.
Tres familiares de un guardabosques iraní mueren en un ataque de EEUU | HISPANTV Tres familiares de un guardabosques iraní murieron en un ataque aéreo estadounidense contra un puesto de vigilancia ambiental en el norte de la provincia de Hormozgán. Hasanzade, quien ha servido durante 24 años como guardabosques ambiental, sobrevivió al ataque porque en el momento del bombardeo se encontraba desempeñando sus funciones oficiales fuera de su residencia. Masihi Taziani subrayó que las áreas ambientales protegidas y los guardabosques gozan de protección conforme al derecho internacional y, por tanto, no deben ser objeto de ataques. “El derecho internacional reconoce la inmunidad de las áreas ambientales protegidas, de los guardabosques y de todas las instalaciones vinculadas a la conservación del medio ambiente”, afirmó. “El martirio de esta familia inocente constituye, sin duda, un crimen de guerra, y las instituciones internacionales deben responder ante este hecho”. El ataque ha conmocionado a la comunidad ambiental iraní, cuyos integrantes sostienen que las áreas naturales protegidas y quienes las salvaguardan se han convertido cada vez más en víctimas de la agresión militar.
La vicepresidenta de Irán y jefa del Departamento de Medio Ambiente, Shina Ansari, condenó el ataque en un comunicado publicado en las redes sociales. “Los crímenes de guerra de Estados Unidos han alcanzado ahora también a la familia de la comunidad ambiental de Irán”, escribió. “El martirio de tres miembros de la familia de nuestro colega, el guardabosques Yavad Hasanzade, en la estación de guardabosques del área protegida de Taram, en Hormozgán, constituye otro ejemplo más de los crímenes ambientales de Estados Unidos. El silencio de las organizaciones internacionales dedicadas a la protección del medio ambiente frente a esta flagrante violación de los principios humanitarios es inaceptable”. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmail Baqai, también condenó el atroz ataque y lo calificó como parte de un patrón más amplio de violencia deliberada contra la población civil. “La lista de los crímenes de Estados Unidos contra el pueblo iraní se hace cada día más larga”, declaró Baqai. “Cada día que pasa, Estados Unidos revela una nueva faceta de su hostilidad hacia Irán. En la madrugada del martes, las fuerzas militares terroristas estadounidenses atacaron una estación de guardabosques en la aldea de Seyed JYozar, en el condado de Hayiabad, causando la muerte de tres miembros de la familia del abnegado guardabosques Yavad Hasanzade”. “Este es solo el ejemplo más reciente de los horrendos crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos durante los últimos cuatro meses y medio, que comenzaron con el asesinato de dirigentes iraníes, mujeres, niños y otros civiles en Teherán, Minab, Lamerd y otras localidades”.
Añadió que “cada nuevo crimen fortalece la determinación de los iraníes de buscar justicia y llevar ante los tribunales tanto a los autores materiales como a quienes ordenaron estos crímenes”. El más reciente acto de terrorismo de Estado perpetrado por Estados Unidos se produce en medio de una nueva escalada en el sur de Irán, después de que Washington volviera a violar el Memorando de Entendimiento firmado el mes pasado por los presidentes de ambos países. La nueva oleada de ataques estadounidenses comenzó después de que Washington incumpliera la quinta disposición del acuerdo, que le obligaba a respetar los mecanismos de seguridad de Irán en el estrecho de Ormuz. El asesinato de la familia de Hasanzade también reaviva el recuerdo de dos importantes episodios de agresión militar estadounidense-israelí contra Irán: la guerra de 40 días, iniciada el 28 de febrero con ataques coordinados de Washington y Tel Aviv en distintos puntos del país, y la guerra de 12 días lanzada contra la República Islámica en junio de 2025.
Las autoridades afirman que ambas guerras también han dejado una huella ecológica cada vez más profunda en algunos de los hábitats protegidos más sensibles del país. Uno de los ejemplos más evidentes es la isla de Shidvar —conocida también localmente como Maro—, un pequeño santuario de vida silvestre deshabitado en el Golfo Pérsico, célebre por sus arrecifes de coral, sus playas de anidación y su extraordinaria biodiversidad. Tras el ataque estadounidense-israelí contra la refinería de petróleo de Lavan en abril, la contaminación por hidrocarburos se propagó rápidamente por las aguas circundantes hasta alcanzar la isla protegida, cubriendo con crudo extensos tramos de su litoral. Según las autoridades medioambientales, el vertido se produjo en plena temporada de anidación de la tortuga carey ( Eretmochelys imbricata ), especie catalogada en peligro crítico de extinción, lo que ha suscitado temores de que los hidrocarburos tóxicos hayan contaminado las playas de anidación, reducido la supervivencia de las crías y causado daños duraderos a uno de los ecosistemas marinos más importantes del norte del Golfo Pérsico.
Irán: Crímenes de EEUU refuerzan determinación de enjuiciar a responsables | HISPANTV Irán condenó ataque del ejército de Estados Unidos contra un puesto de vigilancia ambiental en el norte de Hormozgán, tachándolo de “crímenes de guerra”. Las autoridades también advirtieron de que las colonias de charranes marinos, las tortugas verdes, las formaciones coralinas y otras especies protegidas podrían haber sufrido pérdidas ecológicas irreversibles, a medida que la contaminación petrolera se extendía a lo largo de cerca del 70 % del litoral de la provincia de Hormozgán. También se han registrado bajas entre la fauna en otras zonas. En la isla de Jark, uno de los hábitats más importantes de Irán para el ciervo persa, las autoridades medioambientales confirmaron la muerte de al menos 25 ejemplares durante los ataques estadounidense-israelíes, al tiempo que advirtieron de que la cifra real probablemente sea mucho mayor, ya que amplias zonas de la isla siguen siendo inaccesibles.
Las autoridades informaron asimismo de graves lesiones provocadas por el estrés y de la muerte de aves y animales silvestres mantenidos en centros de rehabilitación, poniendo de relieve las consecuencias ecológicas más amplias de los bombardeos prolongados, más allá de las víctimas humanas directas. El Departamento de Medio Ambiente de Irán sostiene que estos incidentes forman parte de un patrón mucho más amplio de destrucción ambiental causado por la guerra. Las autoridades medioambientales identificaron los incendios forestales generalizados, la contaminación persistente, la contaminación de las cadenas alimentarias mediante la bioacumulación de sustancias tóxicas y la degradación a largo plazo de los ecosistemas entre las consecuencias ambientales más graves del conflicto. Una evaluación ambiental publicada por el organismo ilustra además la magnitud de los daños ocasionados durante los 40 días de agresión estadounidense-israelí.
Según el informe, más de 360 000 metros cúbicos de productos petrolíferos ardieron durante los ataques contra importantes instalaciones de almacenamiento de combustible en Teherán, liberando a la atmósfera cerca de un millón de toneladas de dióxido de carbono equivalente, además de aproximadamente 4000 toneladas de compuestos aromáticos y compuestos orgánicos volátiles. Las autoridades medioambientales también documentaron daños en áreas protegidas, reservas de vida silvestre, islas, humedales e infraestructuras ambientales en distintas regiones del país. Según la evaluación oficial, instalaciones industriales, productivas y de servicios en las provincias de Azerbaiyán Oriental, Alborz, Bushehr, Teherán, Jorasán Razaví, Juzestán, Markazí, Yazd, Guilán y Fars sufrieron impactos ambientales que oscilaron entre leves y graves. Asimismo, infraestructuras pertenecientes al Departamento de Medio Ambiente resultaron dañadas en 20 condados de diez provincias, y algunas instalaciones sufrieron una destrucción considerable, entre ellas el Museo de Historia Natural y Biodiversidad, ubicado en el parque Chamran de Karay.
Las áreas protegidas también figuraron entre los objetivos de los ataques. Zonas de conservación en las provincias de Hormozgán, Markazí, Sistán y Baluchistán, Fars, Kurdistán, Alborz y Teherán registraron distintos niveles de daños, mientras que, en total, 13 áreas protegidas del país resultaron afectadas, con un grado de destrucción que varió de leve a muy severo. Los daños se extendieron asimismo al litoral del Golfo Pérsico, a las islas de Qeshm, Larak, Hengam, Lavan y Shidvar (Maro), a hábitats protegidos en la provincia de Markazí, a ecosistemas costeros sensibles en Sistán y Baluchistán y a refugios de vida silvestre en Kurdistán y Teherán. De acuerdo con el Departamento de Medio Ambiente, solo la guerra de 12 días provocó daños en aproximadamente 8450 hectáreas de hábitats naturales, con pérdidas ambientales estimadas en cerca de 20 billones de tomanes, equivalentes a aproximadamente 111 millones de dólares.
Las autoridades medioambientales advierten de que esta destrucción amenaza la biodiversidad, debilita ecosistemas ya de por sí frágiles y podría requerir décadas para ser plenamente revertida. El ataque contra la estación de guardabosques de Seyed Yozar se ha convertido en un nuevo símbolo del creciente costo humanitario y ambiental de la guerra contra la nación iraní. A diferencia de las instalaciones militares, las estaciones de guardabosques funcionan como bases operativas para el personal encargado de proteger la fauna silvestre, los bosques y los ecosistemas más vulnerables. Las autoridades medioambientales sostienen que atacar este tipo de instalaciones no solo cobra vidas civiles, sino que además socava los esfuerzos de conservación y pone en peligro los hábitats naturales protegidos.
El asesinato a sangre fría de la familia de Hasanzade demuestra hasta qué punto la guerra ha alcanzado incluso a quienes han dedicado su vida a la protección de la naturaleza y del medio ambiente. Activistas medioambientales han pedido a los organismos internacionales que investiguen el ataque, calificándolo como otra flagrante violación del derecho internacional humanitario. Subrayan que la muerte de civiles inocentes —entre ellos mujeres y niños— dentro de una instalación ambiental protegida evidencia la continuidad de un patrón de ataques contra objetivos no militares. Mientras otra familia es sepultada, otro sitio protegido resulta dañado y otra comunidad civil queda sumida en el duelo, las autoridades iraníes advierten de que el silencio frente a este tipo de agresiones corre el riesgo de normalizar la repetición de crímenes de guerra contra la población civil y contra instituciones amparadas por el derecho internacional.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV