España está a un partido de conquistar el mundo. Solo hay un problema. Enfrente estará Leo Messi y su Argentina. No es un rival cualquiera.
No es una estrella más. Se trata del futbolista que marcó a toda una generación, el mejor jugador de la historia para millones de aficionados, también españoles y especialmente para los culés, y el ídolo con el que crecieron muchos de los internacionales de Luis de la Fuente. El hombre al que durante casi dos décadas se quiso ver ganar siempre. Hasta hoy en Nueva York (21.00h/La1 y DAZN).
Porque el fútbol tiene una manera caprichosa de escribir sus historias. La primera final mundialista de esta España coincide con el último gran baile de Messi. O eso dicen, porque de Leo te lo puedes esperar todo, incluse que llegue al Mundial de España. El destino ha querido que, para tocar el cielo, la Roja tenga que derrotar precisamente al futbolista que más ha inspirado a buena parte de sus protagonistas.
Lamine Yamal, Pau Cubarsí, Dani Olmo, Pedri, Gavi, Cucurella, Eric Garcia, Álex Baena, el propio Rodri lo dijo en rueda de prensa… y tantos otros crecieron viendo a Messi convertir lo extraordinario en normalidad. Algunos, incluso compartieron vestuario con él siendo apenas unos adolescentes. Otros conservan fotografías de aquellos días en la Ciutat Esportiva, cuando conocer a Messi era un sueño y no podían imaginar que algún día se jugarían una Copa del Mundo frente a él en MetLife Stadium. El argentino era el espejo.
El referente. El jugador al que todos querían parecerse. Pero el tiempo pasa también para las leyendas. Messi busca añadir un último capítulo a una carrera irrepetible.
La nueva generación española, en cambio, quiere empezar a escribir la suya. Un equipo que ha llegado sin complejos, que ha enamorado al mundo por su fútbol y que tiene la oportunidad de conquistar el segundo Mundial de la historia del fútbol español. Por eso esta final es distinta. Porque enfrenta a dos generaciones.
La que dominó el fútbol durante los últimos cinco años años y la que aspira a gobernarlo durante la próxima década. El mejor futbolista de todos los tiempos frente a un grupo de jóvenes que crecieron admirándolo y que ahora deberán olvidarse de cualquier sentimiento cuando el balón eche a rodar. Es por eso que esta no será solo la final de un Mundial. Quizá sea, de verdad, la final de nuestras vidas.