Los ataques, que culminaron con la destrucción total de la estructura en la madrugada del viernes, representan el desmantelamiento sistemático por parte de Estados Unidos de una infraestructura económica y logística vital que constituye la auténtica columna vertebral no solo de Irán, sino de toda la región. La torre, alcanzada por tres misiles, era una instalación exclusivamente civil destinada a garantizar la seguridad marítima y coordinar las operaciones de búsqueda y rescate de pescadores. Su única función consistía en controlar el tráfico marítimo y guiar la navegación de las embarcaciones. Sin embargo, Estados Unidos afirmó, basándose en una narrativa fabricada, que la torre «formaba parte de la red de vigilancia marítima del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica».
Los hechos, no obstante, hablan por sí solos: se trataba de una instalación completamente civil que fue atacada deliberadamente. La Organización de Puertos y Navegación Marítima de Irán confirmó que la torre de control de Chabahar estaba destinada exclusivamente al control del tráfico marítimo, la orientación de los buques y la garantía de la seguridad de la navegación. Los recientes ataques no se limitaron a Chabahar, sino que también alcanzaron infraestructuras civiles en las provincias de Hormozgán, Bushehr, Sistán y Baluchistán, Juzestán y Lorestán. Chabahar, el único puerto oceánico de Irán, se ha transformado en los últimos años en uno de los proyectos de desarrollo marítimo más importantes de la región.
Situado en la intersección del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur y de la ruta de tránsito que conecta India, Afganistán y Asia Central, el puerto ha dejado de ser un simple centro comercial para convertirse en un símbolo del cambio del orden económico regional. El puerto representa la convergencia de los intereses de los países en desarrollo que buscan desafiar las estructuras hegemónicas y unilaterales del orden económico mundial. La presencia y las inversiones de países como India, Rusia y China en Chabahar reflejan el surgimiento del puerto como un punto neurálgico para la integración económica entre las potencias emergentes. La torre de control destruida constituía el cerebro y los ojos del puerto, además de un centro de comunicaciones e intercambio de información que permitía el funcionamiento coordinado de toda la instalación portuaria.
Su destrucción supone un golpe directo a la eficiencia operativa de un puerto por el que transitan diariamente decenas de buques mercantes y que desempeña un papel esencial para garantizar la seguridad alimentaria y el comercio de la región. A pesar de las sanciones y las presiones externas, Irán ha consolidado en los últimos años su posición como un actor central en las ecuaciones económicas y de seguridad de la región. Las inversiones realizadas en Chabahar, que superan los 480 millones de dólares, reflejan la determinación de Teherán de convertir el puerto en el principal centro económico regional. Estas inversiones incluyen un aumento del 50 % de la capacidad de almacenamiento de mercancías estratégicas, la construcción de nuevos silos mecanizados y almacenes cubiertos, así como la conexión ferroviaria de Chabahar con Zahedán y con la red ferroviaria nacional iraní.
Como puerta meridional del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC, por sus siglas en inglés) —una red multimodal de transporte de 7200 kilómetros que conecta India, a través de Irán y del mar Caspio, con Rusia y Europa—, Chabahar desempeña un papel fundamental en la reconfiguración de las dinámicas del comercio mundial. El corredor tiene el potencial de reducir considerablemente los tiempos y los costos del transporte, ofreciendo una alternativa a las rutas tradicionales dominadas por Occidente y sentando las bases de un nuevo orden económico en el Sur Global. El éxito de Chabahar para atraer inversiones internacionales, pese a las sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos, demuestra la determinación de los países del Sur Global de impulsar sus intereses comunes sin prestar atención a las injerencias de Washington. Ataques de EEUU dejan 38 muertos y destruyen infraestructura civil en Irán | HISPANTV Los recientes ataques de EE.UU. contra varias provincias iraníes hasta el viernes han provocado la destrucción de la infraestructura civil y han dejado al menos 38 muertos.
India, que ha firmado un acuerdo por diez años para operar la terminal Shahid Beheshti, considera a Chabahar como la “puerta de oro” hacia Asia Central, el Cáucaso y Europa. Rusia, por su parte, también estudia participar en el desarrollo de Chabahar con el propósito de conectar el Corredor Norte-Sur con este puerto. En los últimos años, Irán ha dado pasos significativos hacia su integración en el Sur Global mediante su adhesión a la Organización de Cooperación de Shanghái y al grupo BRICS. En la reciente cumbre de los BRICS, Irán propuso la creación de una “Zona Financiera Libre de los BRICS” destinada a facilitar la liquidación del comercio en monedas nacionales, reflejando así su determinación de reducir la dependencia del dólar y de impulsar una arquitectura financiera independiente del sistema hegemónico.
Asimismo, Teherán propuso la creación de un “Consorcio de Transporte de los BRICS” para invertir en infraestructuras en las zonas francas de Chabahar y Anzali, con el objetivo de situar a Irán en el centro de las redes de transporte del Sur Global. Uno de los aspectos menos conocidos, pero más decisivos, del papel de Irán en la región es que Chabahar se ha convertido en la principal arteria de comunicación de un Afganistán devastado, al proporcionarle su única vía viable de acceso al comercio internacional y hacer posible la supervivencia de millones de personas que dependen de esta ruta comercial. Además, Irán lleva más de cuatro décadas acogiendo a millones de refugiados afganos, pese a soportar al mismo tiempo el régimen de sanciones más severo de su historia. Cada año destina más de 10 000 millones de dólares para atender las necesidades de esta inmensa población, mientras el apoyo internacional sigue siendo prácticamente inexistente.
La presencia de millones de afganos en Irán, incluso durante los más intensos bombardeos y ataques aéreos estadounidenses e israelíes, constituye una prueba evidente de la profundidad de los vínculos humanos y económicos que han convertido a Irán en uno de los pilares esenciales para la supervivencia de la región. Estos afganos no son simplemente refugiados que huyen de la guerra y la pobreza; representan también la columna vertebral de la economía de subsistencia de millones de familias en Afganistán. Los ingresos que obtienen en Irán garantizan el sustento cotidiano de millones de sus familiares al otro lado de la frontera. Este ciclo de vida refleja una interdependencia que, tras décadas de guerra y destrucción en Afganistán, se ha convertido en una necesidad vital.
Afganistán, que tras dos décadas de ocupación y bombardeos por parte de Estados Unidos y sus aliados continúa enfrentándose a la pobreza y la devastación, depende en gran medida de Irán como socio fundamental en materia de comercio y tránsito. Como uno de los principales socios comerciales de Afganistán, Irán abastece aproximadamente el 25 % del mercado de importaciones del país. Cualquier interrupción de la ruta de Chabahar no solo pondría en peligro el suministro de bienes esenciales, sino también los medios de vida de millones de personas. Sin embargo, el papel de Irán va mucho más allá del de un socio comercial y anfitrión de refugiados.
La República Islámica actúa como uno de los principales pilares de la estabilidad regional y, mediante su política de buena vecindad y su cooperación con los países de la zona, desempeña el papel de arquitecto de la cooperación en Asia Occidental. Los analistas sostienen que un Irán estable beneficia no solo a Teherán, sino también a Pakistán, China y al conjunto del Sur Global. Lo que realmente inquieta a Washington, afirman, no son únicamente las capacidades militares de Irán, sino su capacidad para transformar las ecuaciones económicas de la región y consolidar un orden independiente de Occidente. Chabahar constituye el símbolo de ese nuevo orden.
Según los análisis de diversos centros de estudios occidentales, proyectos como Chabahar y el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur poseen el potencial de transformar por completo la arquitectura geopolítica y económica de la región. Al reducir la dependencia de las rutas controladas por Occidente, estos proyectos permiten a los países del Sur Global desarrollar el comercio y la cooperación económica de forma directa, con menores costos y sin intermediarios. Precisamente eso es lo que, según el análisis, teme el sistema hegemónico: que la independencia económica de las naciones en desarrollo erosione los fundamentos de la dominación occidental. La destrucción de la torre de control de Chabahar constituye, en este contexto, un intento de interrumpir la red de cooperación que los países del Sur Global han venido construyendo con gran esfuerzo.
Sin embargo, Washington no comprende que los ataques militares contra infraestructuras económicas, lejos de debilitar a Irán, no hacen sino reforzar la determinación de los países de la región de avanzar hacia una mayor convergencia independiente de Occidente. Las dos décadas de ocupación de Afganistán por parte de Estados Unidos y sus aliados constituyen un ejemplo elocuente de la política destructiva de Washington en la región. Mediante los bombardeos, la ocupación y una retirada posterior calificada de irresponsable, Estados Unidos dejó tras de sí un país devastado. Ahora, Washington mantiene esa misma política al intentar destruir las últimas vías de esperanza que aún permanecen abiertas para la región.
La diferencia, sin embargo, radica en que Irán dispone de una considerable independencia política, económica y militar que, por la gracia divina, constituye una fuente de enormes beneficios para toda la región. Gracias a su papel estratégico en los ámbitos de la energía, el transporte, el tránsito internacional, la acogida de refugiados y la cooperación económica regional, Irán actúa como uno de los pilares fundamentales de la supervivencia y el bienestar de la región. Sin una presencia efectiva de Irán, los sistemas vitales de Asia Occidental y Asia Meridional afrontarían graves perturbaciones, una realidad que, incluso los adversarios de Teherán se ven obligados a reconocer. Texto recogido de un artículo publicado en Press TV