El partido por el tercer y cuarto puesto se le llama comúnmente como 'el partido que nadie quiere jugar', pues se trata de dos equipos ya eliminados, en este caso Inglaterra y Francia, pero en este caso había una excepción: Kylian Mbappé. El francés fue de los pocos titulares habituales que salió desde el inicio y el motivo no fue otro que tratar de superar a Leo Messi en goles, puesto que persigue su récord y es una oportunidad para ganar la Bota de Oro. Los primeros 45 minutos dejaron claro que lo que sucediera con el partido no tenía ninguna influencia en el futbolista del Real Madrid. Más egoísta que nunca, buscando siempre el regate y disparo, la obsesión estaba clara.
El tanto tenía que ser suyo y de nadie más. Iba tan poco con Mbappé el partido, importando poco que fuera la despedida de Deschamps, que a pesar del bochornoso primer tiempo de Francia, a Kylian le daba igual. Se pudo comprobar en las repeticiones de los tantos de Konsa y el segundo de Saka, en las que se enfocó al francés y este estaba directamente de risas ante un resultado de 0-4 al descanso. Incluso en su camino a vestuarios estaba también entre risas con sus compañeros.