China convierte su poder industrial en turismo: miles de viajeros llegan para conocer sus fábricas del futuro

China convierte su poder industrial en turismo: miles de viajeros llegan para conocer sus fábricas del futuro

Durante décadas, viajar a China significaba recorrer la Gran Muralla , visitar los Guerreros de Terracota o conocer los templos de Pekín. Esas atracciones siguen siendo fundamentales, pero el país está sumando un tipo de turismo muy diferente: recorridos por fábricas de vehículos eléctricos, empresas de inteligencia artificial, laboratorios de robótica y servicios urbanos autónomos. Shenzhen se ha convertido en el centro de este fenómeno. En la ciudad existen excursiones que permiten recibir comida mediante drones, viajar en un robotaxi, visitar tiendas con gafas inteligentes y observar robots humanoides en funcionamiento.

Algunos recorridos de unas pocas horas parten de los 90 dólares, mientras que las versiones privadas y más completas superan ampliamente los 200 dólares. De Silicon Valley a las fábricas chinas El turismo tecnológico no está dirigido únicamente a viajeros curiosos. También existen programas para empresarios, inversores y académicos, con visitas organizadas a fabricantes de coches eléctricos, startups y centros de investigación. Algunos paquetes pueden alcanzar los 9.000 dólares e incluyen reuniones con ejecutivos, demostraciones privadas y acceso a instalaciones que normalmente permanecen cerradas al público. © Magnific Las fábricas de automóviles se encuentran entre los destinos más solicitados.

Xiaomi comenzó a organizar recorridos por su planta de vehículos eléctricos y recibió decenas de miles de solicitudes para un número limitado de plazas. NIO también abrió sus instalaciones a visitantes y recibió más de 130.000 personas durante 2024, convirtiendo la línea de producción en una experiencia de marca. Para las empresas, estas visitas cumplen varias funciones. Permiten mostrar el nivel de automatización de sus plantas, generar confianza en sus productos y convertir a los visitantes en potenciales compradores o promotores.

Ver robots soldando carrocerías o vehículos desplazándose sin conductor puede resultar mucho más persuasivo que leer un informe corporativo. El resultado de una estrategia industrial de una década Este nuevo atractivo no apareció de manera improvisada. China lleva años destinando recursos a la fabricación avanzada, la robótica , los vehículos eléctricos, las baterías y las tecnologías digitales. El programa Made in China 2025, presentado en 2015, buscaba reducir la dependencia de tecnología extranjera y transformar al país en un productor de bienes industriales de mayor complejidad.

Una década después, la siguiente etapa de su política industrial vuelve a priorizar la inteligencia artificial, la informática avanzada y la fabricación inteligente y sostenible. Los tours tecnológicos muestran precisamente los resultados más visibles de esas inversiones: plantas automatizadas, drones comerciales, taxis autónomos y robots destinados a fábricas o servicios. El acceso al país también se ha simplificado. China mantiene hasta finales de 2026 una política que permite a ciudadanos de decenas de países, entre ellos España, Francia, Alemania, Argentina y Brasil, ingresar sin visa para estancias de hasta 30 días por turismo, negocios o visitas. © Magnific Las fábricas también funcionan como poder blando Aunque muchos recorridos son iniciativas privadas, su crecimiento beneficia la imagen internacional de China.

La fábrica se convierte en un instrumento de poder blando: en lugar de explicar mediante discursos que el país está avanzando tecnológicamente, permite que visitantes extranjeros lo vean, lo graben y lo compartan en redes sociales. Eso no significa que estas visitas ofrezcan una imagen completa de su industria. Los recorridos están cuidadosamente organizados y muestran las plantas más modernas, los productos más llamativos y las demostraciones que cada compañía quiere enseñar. Normalmente dejan fuera asuntos como las condiciones laborales, los costos ambientales , las fábricas menos avanzadas o los proyectos que todavía no funcionan correctamente.

Aun con esas limitaciones, el fenómeno refleja un cambio importante. China ya no atrae solamente por su historia milenaria: también lo hace por la posibilidad de observar tecnologías aplicadas a gran escala. Su nuevo escaparate turístico no está construido con piedra, sino con robots, baterías, algoritmos y cadenas de montaje. Fuente: Xataka.