Improvisar no es algo que se recomiende en ninguna situación, no solo porque haya una serie de procedimientos ya establecidos para evitar incertidumbre, sino porque suele ser una receta para el desastre. Pero cuando es un desastre lo que se cierne sobre algo calculado al milímetro, a veces no te queda otra que tirar el plan original a la papelera y usar el plan B. Eso fue lo que hizo la NASA en una de sus misiones más dramáticas y que, contra todo pronóstico, no concluyó en tragedia. La misión del Apolo 13 llevaba camino de ser el mayor desastre de la historia aeroespacial de la agencia desde el incendio del Apolo 1, con una serie de agravantes: era una misión real y la nave estaba en el espacio.
Seguir los procedimientos, aunque hubiera sido lo lógico, habría llevado a un desenlace probablemente terrible. Y es curioso como en ese caso concreto la improvisación, en forma de romper una buena cantidad de normativas técnicas y de protocolo fue lo que permitió a los tres astronautas regresar a salvo a la Tierra. La misión más accidentada de la NASA, y la más improvisada Por mucha gente es conocido el milagro del Apolo 13, en parte gracias a películas como la que protagonizaron Tom Hanks como Jim Lovell o Ed Harris como Gene Kranz, el comandante de la misión que se jugó el todo por el todo a la hora de traerlos de vuelta. El propio Lovell en el libro que publicó sobre toda la experiencia, y el verdadero Kranz, dijeron que la misión fue un "fracaso triunfal".
Pero no sólo por el hecho de que los tres astronautas regresaran con vida. Lo de fracaso triunfal es más bien porque, para que se lograra se rompieran casi todos los protocolos de seguridad, y en Houston se saltaron, de forma deliberada y documentada, los propios procedimientos de la NASA. Estadísticamente, era imposible que aquello funcionase. Escribieron en tres días una secuencia de reencendido del módulo de mando que normalmente exigía tres meses de pruebas.
Invirtieron el orden estándar de puesta en marcha de los sistemas eléctricos. Construyeron con cinta adhesiva, plástico y tapas de manuales de vuelo un adaptador de emergencia para el filtro de dióxido de carbono. Y realizaron maniobras de navegación manual, sin ordenador de a bordo, usando el horizonte terrestre. Nada de eso estaba en los manuales.
Sorprende porque este tipo de comportamiento tiene nombre propio: "rule breaking" o "desviación constructiva". Es la violación voluntaria de una norma interna, no por interés personal sino con el objetivo de proteger a la organización o a sus miembros. El Journal of Organizational Behavior señala que este tipo de infracciones encontró un matiz incómodo para el relato heroico habitual: incluso cuando la intención es proteger a la organización (o en este caso, a los tres astronautas en peligro de morir varados en el espacio), este tipo de infracciones suele correlacionar con peores evaluaciones de desempeño por parte de superiores y compañeros, precisamente porque implica saltarse el sistema que se supone que garantiza la seguridad. Pero hay que rendirse a la evidencia.
De haber seguido todos los procedimientos establecidos -empezando por el retorno directo a la Tierra en vez de optar por una trayectoria de retorno libre aprovechando la orbita lunar, y de haber procedido a la reactivación del módulo de mando como indicaba el manual, además de muchas otras proezas no regladas, la historia habría sido bien distinta, además de mucho más trágica. De todos modos, otra cosa que señala el "rule breaking" es que no se premió a quienes rompieron esas reglas, solo que por las circunstancias no se sancionó a nadie. Lo que sí hizo la NASA al menos fue rediseñar los tanques de oxígeno que ocasionaron el casi desastre, y añadieron -a partir del Apolo 14- un tercer tanque aislado y una batería adicional, precisamente para que ninguna misión posterior tuviera que depender otra vez de la improvisación para sobrevivir. Imagen de portada: Xataka En 3DJuegos | La mayoría de los estudios indies luchan por hacerse un hueco.
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