El gran capitán de la Roja Rodrigo Hernández fue el último campeón del mundo en la fiesta de Cibeles para celebrar el Mundial y sus compañeros no quisieron perder la oportunidad de hacer particular vendetta haciéndole el pasillo para recibirlo con cariñosas collejas. La historia viene de la concentración mundialista en Chattanooga. En un entrenamiento, Rodri se negó a pasar por el pasillo de sus compañeros para recibir collejas (una tradición en los equipos de fútbol) y muchos le acusaron de ser un poco agrio por no querer participar. En la celebración en Madrid antes 200.000 personas (dos millones salieron a la calle), Rodrigo no pudo negarse y los jugadores aprovecharon para darle las collejas que quedaron pendientes en Chattanooga.
Los futbolistas lo han dado todo en la fiesta por la segunda estrella, primero en la rúa que hizo el recorrido por las calles de Madrid y después en Cibeles, epicentro de las celebraciones mundialistas de la Roja.