Buenos Aires — La caída del riesgo país a sus niveles más bajos desde el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) ya empezó a traducirse en anuncios bursátiles. Genneia e YPF Luz dieron a conocer en julio sus planes para cotizar en la bolsa estadounidense, lo que abre el interrogante de si otras empresas argentinas seguirán el mismo camino a medida que mejoren las condiciones de financiamiento. De concretarse, serían las primeras IPOs argentinas en Estados Unidos durante la presidencia de Javier Milei. El costo de financiarse en el mercado se ha hecho más accesible, explicó Ignacio Sniechowski, jefe de research de IEB.
A su juicio, si el rumbo político se mantiene el año próximo y Argentina recupera la categoría de mercado emergente, podrían alinearse las condiciones para una nueva ola de ofertas públicas. Una baja del riesgo país reduce el costo de financiarse en el mercado de capitales y mejora el atractivo de emitir acciones. Esto ocurre porque el riesgo soberano forma parte del cálculo del costo del capital propio: cuanto menor es ese riesgo, más competitiva se vuelve la emisión de papeles. Para Sniechowski, las ofertas públicas iniciales (IPO, por sus siglas en inglés) tienden a concentrarse en momentos en que las valuaciones bursátiles son elevadas.
Para medir esos ciclos, el analista observa cómo evolucionan las acciones de las empresas controlantes frente al S&P Merval en dólares contado con liquidación y ajustado por la inflación de Estados Unidos, una referencia que, según explicó, refleja cómo el mercado valora el costo del capital propio. Según explicó, ese índice funciona como una referencia de cómo el management y los accionistas perciben el costo del capital propio (“cost of equity”) al momento de decidir cómo financiar a sus compañías. “Cuando el costo de capital es relativamente bajo, es decir, cuando el mercado atraviesa un ciclo alcista, las controlantes son más propensas a financiarse vía equity: realizan emisiones de acciones y hay mayor actividad en IPOs”, señaló Sniechowski. En cambio, cuando las valuaciones son bajas, “el cost of equity se dispara” y las empresas tienden a recorrer el camino inverso: lanzar programas de recompra de acciones en lugar de emitir nuevo capital. De acuerdo con el especialista, detrás de esos ciclos alcistas suele haber una fuerte compresión del riesgo país, como ocurrió entre 2016 y 2018 y también en el ciclo actual.
Explicó que, en la metodología tradicional para calcular el costo de capital propio (Ke), el riesgo país es un componente directo, por lo que una caída de ese indicador abarata el financiamiento mediante emisiones de acciones. Sin embargo, Sniechowski advirtió que el ciclo actual mostró menos actividad en materia de IPOs y ampliaciones de capital que el registrado entre 2016 y 2018. Atribuyó parte de esa diferencia al desempeño del propio mercado accionario: tras alcanzar un máximo a comienzos de 2025, el S&P Merval atravesó un período de debilidad, repuntó luego de las elecciones legislativas y durante 2026 se mantuvo lateralizando en torno a los 2.000 puntos. Con la reciente compresión del riesgo país, profundizada tras la mejora en la calificación de la deuda soberana argentina, “el costo de financiarse en el mercado es más accesible”, sostuvo.
En ese contexto, mencionó que ya fueron anunciados los potenciales IPOs de Genneia e YPF Luz y agregó que, en caso de una eventual privatización de AySA, una parte del capital también podría colocarse en el mercado. Hacia adelante, el analista consideró que, si el ciclo político tiene continuidad el próximo año, podrían confluir dos factores favorables para nuevas salidas a Bolsa. Por un lado, una mayor compresión del riesgo país, acompañada por nuevas mejoras en la calificación soberana, reduciría aún más el costo del capital. Por otro, la posibilidad de que Argentina vuelva a ser reclasificada como mercado emergente incrementaría el interés de fondos internacionales por las acciones locales, favoreciendo tanto las IPOs como nuevas emisiones de capital.
Las primeras en moverse Desde la asunción de Javier Milei, el ingreso de nuevas empresas al mercado accionario argentino fue acotado. En marzo de 2024 comenzó a cotizar en BYMA Distribuidora de Gas del Centro (DGCE), mientras que en enero de 2025 se incorporó ECOGAS Inversiones (ECOG), la sociedad controlante de Distribuidora de Gas del Centro y Distribuidora de Gas Cuyana. A ellas se sumó, en marzo de ese mismo año, A3 Mercados, la empresa surgida de la integración entre MAE y Matba Rofex, aunque en este caso no se trató de una oferta pública inicial, sino del listado bursátil de la sociedad resultante de la fusión. En tanto, hasta mediados de 2026 no se concretó ninguna oferta pública inicial (IPO) de empresas argentinas en Wall Street durante la gestión Milei.
No obstante, Genneia e YPF Luz iniciaron los trámites para salir a cotizar en Estados Unidos y, de concretarse esas operaciones, serían las primeras IPOs argentinas en ese mercado bajo la actual administración. Una tendencia que excede a la Argentina La menor cantidad de ofertas públicas iniciales no es un fenómeno exclusivo del mercado argentino. Gonzalo Pascual Merlo, CEO de BYMA, sostuvo que en los últimos años el financiamiento privado ganó terreno frente al mercado de capitales a nivel global, en un contexto en el que las empresas de mayor crecimiento privilegian la velocidad para obtener recursos. Según explicó, las compañías con modelos de negocios en expansión suelen contar con menos información financiera consolidada para presentar ante el mercado, por lo que encuentran mayores facilidades para captar capital mediante rondas privadas, aun cuando ese financiamiento implique condiciones más exigentes. “Ese financiamiento es mucho más rápido, que es lo que hoy demandan los negocios.
La velocidad pasó a ser un factor clave y el capital privado logra responder mejor a esa necesidad”, señaló. Como consecuencia de esa dinámica, las empresas permanecen más tiempo bajo financiamiento privado y llegan al mercado bursátil cuando ya alcanzaron una escala significativamente mayor. “Eso explica por qué hoy los IPOs en Estados Unidos son cada vez más grandes. Ya casi no se ven colocaciones de US$300 millones; las empresas llegan a Bolsa después de varias rondas privadas y con valuaciones mucho más elevadas”, indicó. Pascual Merlo agregó que ese cambio también concentró la actividad de IPOs en unos pocos mercados.
En particular, señaló que Estados Unidos se consolidó como el principal destino para las ofertas públicas iniciales, seguido por Hong Kong e India, mientras que el resto de las bolsas muestra un ritmo considerablemente menor. Como ejemplo, mencionó el caso de Nubank, que eligió cotizar en Nueva York en lugar de hacerlo en Brasil. Impacto en la economía real Martín Rapetti, director ejecutivo de Equilibra, consignó, en una entrevista con Cenital, que una baja del riesgo país mejora las condiciones de acceso al financiamiento para el sector privado. El economista recordó que en Argentina se dio una situación atípica, en la que algunas de las empresas de mayor calidad crediticia lograban financiarse a tasas inferiores a las del soberano.
Sin embargo, sostuvo que, en términos generales, una compresión del riesgo país favorece el acceso al crédito del sistema productivo. Rapetti consideró que un riesgo país bajo es una condición necesaria —aunque no suficiente— para sostener un proceso de crecimiento económico. “No hay una economía moderna que crezca sostenidamente durante 10 o 15 años con un riesgo país alto”, afirmó. Mejor tasa en el mercado local “Nosotros tenemos todavía controles de cambio y eso hace que la tasa externa y la interna no arbitren todo lo que deberían”, explicó Gabriel Caamaño, director de la consultora Outlier. “Por eso, hoy tenés una situación en la que a las empresas y al propio Gobierno les convenga financiarse acá y no afuera, porque acá consiguen mejor tasa, aunque la mayor oferta de liquidez esté afuera”, agregó. Caamaño señaló que, en términos generales, una baja del riesgo país reduce el costo de financiamiento de las empresas.
Según explicó, cuando disminuye la tasa a la que pueden financiarse, también baja el costo de llevar adelante proyectos de inversión, por lo que iniciativas que antes no resultaban rentables pasan a ser económicamente viables. No obstante, consideró que ese efecto todavía no se observa plenamente en Argentina porque las empresas encuentran actualmente mejores condiciones para financiarse en el mercado local que mediante colocaciones en el exterior. A su juicio, ese escenario podría cambiar una vez que se eliminen los controles cambiarios y las tasas locales e internacionales arbitren con mayor libertad. En ese contexto, sostuvo que las empresas podrían acceder a financiamiento externo en mejores condiciones, lo que ampliaría la disponibilidad de recursos para inversiones.